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"La Tuta ofrece 1 mdp por mi cabeza"

Laura Castellanos Enviada| El Universal
04:20Lunes 26 de mayo de 2014

Video. Conocido como el "Plátanos" se atrevió a cruzar la barricada que impedía el paso de las autodefensas a Lázaro Cárdenas y retó a La Tuta y Papá Pitufo, ahora todos quieren encontrarlo

La noche del 1 de mayo la poblacin de Caleta estuvo en vigilia en el retn carretero, ante la alert

ALARMA. La noche del 1 de mayo la población de Caleta estuvo en vigilia en el retén carretero, ante la alerta de que iba a recibir un ataque de "templarios". (Foto: LUIS CORTÉS / EL UNIVERSAL )

A Gabriel C., autodefensa, lo busca el líder de "Los Templarios", quien puso precio a su cabeza. Me quieren matar, dice desde la clandestinidad

politica@eluniversal.com.mx

CALETA DE CAMPOS, LÁZARO CÁRDENAS, Mich.— A las dos de la mañana del día 18 de marzo, un mensajero llegó al retén carretero de la autodefensa de Caleta, el pueblo costero en el que se frenó la avanzada que se dirigía al puerto de Lázaro Cárdenas, considerado el bastión financiero del cártel de Los Caballeros Templarios.

El hombre venía de la barricada carretera que les bloqueaba el paso a Lázaro, ubicada en Chuquiapan, a 20 kilómetros de Caleta, donde esa noche descendió de la sierra un convoy con una docena de camionetas de templarios.

El recadero, que en realidad era un conductor de paso, le externó el mensaje al líder de la autodefensa de Caleta, Gabriel C, Plátanos, según narró él mismo en una entrevista con EL UNIVERSAL realizada el 19 de marzo:

—Que Servando Gómez Martínez, La Tuta, le manda decir a Plátanos que se presente sin armas para hablar con él en la barricada de Chuquiapan —le dijo el mensajero a Gabriel.

Plátanos, un treintañero hijo de una familia ganadera y de productores agrícolas de Caleta, de rasgos hispanos y carácter bronco y atrabancado, le respondió a través de otro conductor que iba en dirección opuesta.

—Gabriel C, Plátanos, le manda decir a La Tuta que si quiere hablar conmigo venga desarmado al retén de Caleta —le dijo al enviado.

Plátanos no recibió respuesta. Pero detalla que le hicieron saber que el capo le fijó precio a su cabeza: “un millón de pesos”.

El 24 de febrero, Gabriel y un frente de autodefensas tomaron la pequeña bahía turística de Caleta, considerada estratégica por el cártel porque ahí poseía una enorme bodega de provisiones alimentarias que abastecía su corredor serrano hacia Arteaga, el municipio aledaño, tierra y búnker de La Tuta.

Dos meses después, el 27 de abril, la autodefensa, con la Policía Federal (PF) al mando, cruzó la barricada de Chuquiapan en su avanzada hacia Lázaro, y en la refriega hubo cinco muertos ahí apostados, por lo que el bloque liderado por Estanislao Beltrán, alias Papá Pitufo, en el Consejo General de Autodefensas de Michoacán, expulsó a Plátanos y desconoció a su grupo.

Papá Pitufo salió en defensa de la barricada de Chuquiapan, dijo que no era templaria y que estaba desarmada, responsabilizó a Plátanos de la “masacre”, y el primero de mayo declaró a la conductora de televisión Adela Micha que la autodefensa de Caleta era “del cártel Nueva Generación”, grupo delictivo asentado principalmente en Jalisco.

Sin que culmine la investigación judicial, Alfredo Castillo, comisionado de Seguridad para Michoacán, señaló el 10 de mayo, en entrevista radiofónica con Noticias MVS, sobre las muertes de Chuquiapan: “Ya ha sido reconocido como el autor material una persona de apodo El Plátano”.

Gabriel se esfumó de Caleta. En entrevista dada desde la clandestinidad negó las acusaciones en su contra y dijo que ahora lo están “cazando” porque tocó intereses poderosos del puerto: “A mí no me quieren agarrar, me quieren matar”, advierte.

Liberar Caleta

La noche del 13 de febrero, unas 50 camionetas con autodefensas de Ostula, Coahuayana, Chuinicuila, Coalcomán y Aquila tomaron el refugio templario costero de este municipio, el pueblo de La Placita.

Plátanos no dudó en colocarse de forma temeraria al frente de la caravana: “A mí me gusta ir en la punta”, expresó mientras conducía su camioneta con velocidad.

Gabriel formaba parte de la marejada insurrecta que dos días después arrancó de La Placita y provocó una estampida de templarios en la costa.

Entonces me dijo que si bien su familia era de Caleta, a él se le desterró de su pueblo cuatro años antes, porque militares lo uniformaron y encapucharon para que les ayudara a identificar templarios.

Pagó el costo: “Días después, esos mismos templarios, con los soldados, me llegaron cuando estaba ordeñando vacas”.

Huyó a Colima y con un amigo abrió una pescadería. Cuando las autodefensas se alzaron a principios de 2014 en la región michoacana colindante a Colima, contó que decidió unírseles con el fin de encauzarlas a Caleta. “Era la única forma en la que yo podía regresar y liberar a mi pueblo”, expresó.

Se sumó a los alzados a pesar de que el 3 de enero tuvo una cirugía en el cuello para salvar su médula espinal de ser comprimida por las vértebras, algo que lo hubiera dejado en estado de coma, por lo que debía pasar un año en recuperación.

No obstante, relató, a 15 días de su operación se integró a la autodefensa de Aquila, a pesar de la oposición de su familia.

Participó en la toma del pueblo nahua de Ostula y se integró a esa marejada insurrecta que en nueve días se adueñó de 260 kilómetros hasta detenerse en Caleta.

Por su cirugía no podía correr en las acciones ni girar el cuello con facilidad. Con el frente tomó Caleta. La despensa de la bodega templaria se distribuyó en el pueblo y las propiedades despojadas por el cártel se regresaron a sus dueños, entre ellas nueve hectáreas de la comunidad, narró Plátanos.

Además, encontraron los cadáveres de dos jóvenes desaparecidos, de entre una treintena de casos de desaparición forzada que, según él, ahí se registraron.

En agradecimiento, su pueblo los financió. “Nosotros no tenemos dinero, todos andamos voluntariamente, todo el pueblo me ha donado muchísimos animales pa’ comer o me dan gasolina”, dijo.

Su objetivo, sin embargo, no se detuvo en Caleta. “Mi meta es llegar a Lázaro Cárdenas y no voy a parar hasta hacerlo”, enunció. Pero la barricada de Chuquiapan se interpuso en su camino.

Vivir a raya

Plátanos instaló un retén en la carretera que atraviesa Caleta.

De este modo las autodefensas de la costa, mayoritariamente indígenas, le arrebataron al cártel el control de las dos terceras partes de la carretera costera michoacana que va de Colima hacia Guerrero.

Pusieron barricadas en el camino y controlaron el tráfico de personas y vehículos, destruyeron la red de telecomunicación templaria y erigieron la propia.

La distancia geográfica con el centro neurálgico del Consejo, Apatzingán, mantuvo a esta red de autodefensas alejada de la prensa y de los líderes mediáticos de la zona de Tierra Caliente, pues ir de Apatzingán hasta Caleta toma unas 10 horas en auto.

El filtro de vigilancia encabezado por Plátanos funcionó dos meses y se convirtió en el punto de disputa de la costa.

En un mes, aseguró el michoacano, enfrentaron dos intentos de desarme por parte de efectivos de la Secretaría de Marina, y uno más en la comunidad vecina de Huahua, a cargo de militares.

De igual forma dijo que una madrugada llegaron militares al retén, algunos encapuchados, indicando que venían por él y por otros dirigentes de la autodefensa por órdenes “de Tepalcatepec”, el pueblo del doctor Manuel Mireles, fundador del Consejo de Autodefensas, para que los acompañaran a hacer una detención.

Plátanos se comunicó de inmediato con Manuel Mireles: “Me dijo que eso era mentira”, recuerda. “Lo que querían era llevarnos”.

Presunto culpable

Gabriel asegura que Mireles fue quien autorizó la avanzada a Lázaro, y que inicialmente se planeó para el viernes 25 de abril, pero se canceló.

Explica que el doctor fue el sábado 26 a Caleta y comió con él y otros miembros de la autodefensa para organizar la acción para el día siguiente. “Tengo testigos”, afirma.

El domingo 27, Plátanos afirma que le llamó por teléfono a Mireles, a las 11 horas, y que éste le formuló: “Si juntas más de 100 personas está autorizado el avance, yo lo autorizo”. Juntó alrededor de 170.

Mireles, por su parte, lo niega: “Yo jamás di la orden”.

Gabriel comenta que ese domingo más tarde llegó a Caleta el comandante de apellido Valerio, responsable de la PF en Lázaro Cárdenas, y le preguntó a Plátanos si ya tenía luz verde. Amplía: “Valerio habló con sus superiores y también me autorizó el avance”.

Otros testimonios refieren que Valerio acudió con un Ministerio Público federal, que a cada uno le tomaron una foto y le registraron su arma, revisaron sus antecedentes penales y se les facilitó parque.

El autodefensa Aníbal Barajas se extrañó de que el comandante Valerio dejara que la autodefensa fuera por delante del convoy: “Se me hizo muy raro que nos dieron el banderazo de salida y nunca nos rebasaron por la carretera”.

Una veintena de camionetas partieron hacia Chuquiapan alrededor de las 15:30 horas, Plátanos iba al frente. “Al llegar a Chuquiapan nos cerraron el paso y nos abrieron fuego desde el cerro y desde abajo”, detalló. “Yo iba manejando y no alcancé a disparar ningún tiro”.

Alberto Gutiérrez, el Comandante 5, coordinador militar del Consejo, en entrevista telefónica validó la tesis de Plátanos: que Mireles autorizó la acción. “La orden de avanzada la dio el doctor sin avisarnos a nosotros”, aseguró.

Y contrario a lo que externa Papá Pitufo, afirma que la de Chuquiapan sí era una barricada templaria, con gente civil como carne de cañón.

También comenta que sí hubo un enfrentamiento: “Los que estaban [en la barricada], que eran dos o tres que sí eran templarios, le dispararon a la primer camioneta de Caleta, y ésta repelió la agresión, ¡tatatata! (...) Por eso murió gente inocente”.

De idéntica manera rechazó las acusaciones que vinculan a Gabriel con la delincuencia organizada. “Aquí andaba un rumor, un mitote de que Plátanos estaba asesorado por el cártel Nueva Generación, pero era puro pinche chisme”.

Gabriel reviró por su lado la acusación de Papá Pitufo en su contra y manifestó que en el operativo realizado con la PF en Chuquiapan recogieron evidencias y testimonios que involucran al líder del Consejo con Los Caballeros Templarios. “El Papá Pitufo quiere Lázaro y las minas”, aseguró.

Puerto sin desembarque

En la reunión que el Consejo de Autodefensas celebró con Alfredo Castillo el primero de mayo, Papá Pitufo introdujo a familiares de los muertos de la barricada de Chuquiapan para que dieran su testimonio de los hechos y en ese instante se les facilitó hacer su declaración ministerial.

Semeí Verdía, líder nahua de la autodefensa de Ostula, fue el único líder que en esa reunión salió en defensa de Plátanos.

El viernes 15 de mayo, a Semeí lo llamaron del Ministerio Público para que declarara sobre acusaciones en su contra por dos supuestos asesinatos ocurridos en 2010.

Vía telefónica señala: “El gobierno busca pa’ jodernos la vida”. Y apunta: “Plátanos tiene derecho a defenderse”. A propósito de los hechos de Chuquiapan, no se ha visto al comandante Valerio por la costa.

Gabriel es ahora prófugo de la justicia. “Lázaro es intocable” sostiene. “Me pusieron un cuatro y ahora me quieren chingar”.

Al cierre de esta edición no había sido tomada alguna declaración ministerial a los integrantes de la autodefensa de Caleta.



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