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El pueblo cafetalero que se derrumba

Laura Castellanos / Enviada| El Universal
Jueves 28 de noviembre de 2013

Video. Tras perder más de 800 hectáreas de cafetales a causa del paso de Ingrid y Manuel, pide ser reubicada para evitar el riesgo de morir por un deslave

El pueblo cafetalero que se derrumba

SECUELAS. En las viviendas de Tilapa las grietas siguen apareciendo, afirman colonos. (Foto: RAMÓN ROMERO / EL UNIVERSAL )

Perdieron la mitad de tierras cultivables y sus casas están a punto de desmoronarse. Ahora buscan que el gobierno estatal los apoye para mudarse a otra zona y enfrentan divisiones por el reparto faccioso de las ayudas oficiales

politica@eluniversal.com.mx 

TILAPA, Gro.— La noche del 18 de agosto una tromba hostigó la casita de adobe de Balbina Martínez. La dejó sin luz. La indígena me’phaa tomó una vela, sacó el agua que se coló por los resquicios de puertas y ventanas y se retiró a dormir en total oscuridad.

Al amanecer, la viuda abrió la puerta y salió de su casa enclavada en un cerro de esta comunidad de la Alta Montaña de Guerrero. Caminó uno, dos pasos. Lo que descubrió la desplomó por dentro: un deslave de cerro de 15 metros de ancho y más de un kilómetro de deslizamiento desapareció al puerco que tenía en engorda, y arrasó su cafetal y los árboles frutales que cultivaba en la ladera de la montaña.

La mujer morena, de trato amable, generalmente sonríe. Pero ese mediodía, cuando narra la tragedia, llora con aflicción. “Para el amanecer me di cuenta que todo se fue y me sentí muy triste”. La voz se quiebra. “Porque yo acabo de limpiar el terreno, acabo de plantar; porque aquí en la huerta saco yo para el maíz, para la cooperación del pueblo”.

Su angustia la comparten 4 mil 800 habitantes del pueblo cafetalero que vive entre laderas escarpadas, afectadas por deslaves generados por fenómenos meteorológicos extremos, ocurridos entre agosto y septiembre, y por los temblores que han irrumpido en la región que se asienta en una franja sísmica.

La cafetalera de 51 años sufrió la pérdida total de sus plantíos cultivados en dos hectáreas de ladera. Sólo un árbol de guanábana sobrevive afuera de su casa.

Tilapa vivía del café y lo exportaba a Estados Unidos. Victorino Pantoja, el comisario de Bienes Ejidales, habla de 465 hectáreas perdidas, poco más de la tercera parte del total. Pero el cafetalero Benjamín Mayrán asegura que el infortunio dañó 70% de los cultivos del pueblo y denuncia una entrega desigual de los apoyos gubernamentales.

Lo cierto es que a Balbina le arrancaron sus medios de subsistencia. Ahora lava y plancha ajeno para mantener a su hija universitaria y a su hijo en el bachillerato, pero no le alcanza el dinero.

Se conduele entre lágrimas: “Me da mucha tristeza porque todo se acabó y no tengo ni siquiera para sacar para comer, y no sé si mi casa resiste todavía para seguir viviendo aquí”.

En Tilapa la sobrevivencia es incierta.

El reparto de ayudas

La mañana del domingo, afuera del edificio del Comisariado Municipal, se instaló una mesa para entregar cheques de 550 pesos a productores cafetaleros damnificados. Un gentío se arremolinó en su torno.

Mayrán observaba de lejos porque no estaba en la lista. El cafetalero dice que se excluyó a 35% de los afectados de la localidad que representa el segundo lugar de producción de café en la Montaña, después de Iliatenco.

El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan registra que Tilapa producía 900 toneladas de café que se exportaban a la compañía Nestlé, y señala que el pueblo de por sí ya vivía la crisis del mercado, porque en 2009 el kilo del grano se vendía a 17 pesos y actualmente lo pagan a 12.

Tras la tromba de agosto, Mayrán recibió mil 100 pesos de apoyo porque perdió 80% de sus dos hectáreas del grano. Pero aunque en septiembre, tras los ciclones Ingrid y Manuel, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) declaró en calidad de desastre a Malinaltepec, municipio al que pertenece Tilapa, el cafetalero no ha recibido otra ayuda.

Mayrán fue uno de los fundadores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Tilapa, pero rompió con el partido. Comenta que ahora la fracción ligada a Nueva Izquierda gobierna localmente, por lo que a él y a otros les niegan apoyo por razones políticas.

Esta comunidad herida por los caprichos de la naturaleza se rige por usos y costumbres, toma decisiones colectivas pero, dice Mayrán, “a quienes son críticos dentro de la asamblea los dejan a un lado”.

El damnificado intentó aglutinar a la gente excluida. Dice que de un millar de productores, 424 cafetaleros no han recibido nada. Agrega que no se ha realizado un censo por parte del gobierno federal o estatal porque no sólo perdieron cafetales, sino platanares y árboles frutales, por lo que urge a “que vengan a ver las huertas como quedaron”.

El comisario municipal, Humberto Ambrosio Santana, comenta que, de acuerdo con el padrón de productores —de mil 95 personas—, ese mismo domingo se estaban poniendo al corriente gracias al apoyo de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol). Asegura que la ayuda la habían recibido “ya la mayor parte, póngale 95%”.

Mayrán considera que otros apoyos se han distribuido de forma facciosa, como despensas y maíz. “Por ejemplo, si yo soy del PRD, de las despensas me dan a mí, le dan a mi hijo, a mi hija, y los demás, los verdaderos damnificados, han quedado fuera de esos beneficios”.

El cafetalero agrega que “se les dio tarjetas de enseres domésticos a la gente que está dentro del poder de la Comisaría Municipal, con un monto de 10 mil pesos, cuando esa gente no fue afectada”.

Y remata: “Viene la reconstrucción de viviendas y sólo se le está dando a 15 personas; de esas, unas sí lo merecen, otras no, pero el apoyo que se requiere es para la mayoría de la gente de Tilapa, que está en pésimas condiciones”.

Temen “tsunami de tierra”

Balbina quiere mostrar cómo aumentó el grosor del deslave en la parte baja del cerro, porque desde su casa no se aprecia la dimensión de la catástrofe. Nos hace descender por un sendero escarpado durante 20 minutos.

En las faldas de la montaña el deslizamiento parece tener 100 metros de grosor. Un cafetalero que se suma a la expedición dice que son 500 metros. No es posible observar el final del deslizamiento: una cascada de tierra y piedra con árboles arrancados, ya secos.

La indígena teme que a su vivienda y a la casa vecina, en la que viven uno de sus hijos con su esposa y seis niños, los arrastre otro tsunami de tierra.

Para probar su vulnerabilidad nos lleva de vuelta a su casa y quita las dos láminas que puso en la entrada, sobre el suelo. Con ellas cubre cuarteaduras leves que asoman en el pedacito de tierra al que se aferra su vivienda. Como no ha llovido en los últimos tres días, ahora las ve aquietadas, pero cuando cae agua la tierra se reblandece y las cuarteaduras crecen o brotan en otras partes de la superficie sobreviviente.

“Entonces agarro una rama y las aplano”, relata. Así intenta evitar que avancen hasta su casa y que se la arranquen para siempre.

Las dos láminas las recibió su hijo como ayuda. Ella se las pidió prestadas porque no le entregaron ninguna.

“Sí vino mucha lámina, pero no se le dio a la gente más afectada, se le dio a la familia y amigos de ellos [autoridades del comisariado]”, comenta.

A unos pasos de su casa está el kínder del pueblo. El patio fue tragado por otro deslave y se le colocó una alambrada improvisada para evitar que los niños se acerquen a las orillas trozadas.

El Comisario de Bienes Ejidales dice que las 16 escuelas de Tilapa presentan daños estructurales, pero que algunas de ellas, como las de nivel medio, siguen impartiendo clases sin que se haya evaluado su nivel de riesgo.

De igual manera, un deslizamiento de cerro cayó en la guardería-albergue infantil Francisco I. Madero, inaugurada el 4 de septiembre pasado en las laderas del Cerro del Tepeyac.

De las 16 escuelas, la ficha técnica del Centro Nacional de Desastres (Cenapred), fechada el 7 de octubre y que pide la reubicación parcial de Tilapa por considerarla población de “Alto Riesgo”, menciona que “aunque dicho deslizamiento no destruyó la guardería, el peso continúa gravitando sobre el inmueble. Ese mismo deslizamiento sepultó a tres viviendas (…) por lo que se recomienda evaluar la reubicación de la guardería”.

No obstante, aunque los niños ya no duermen ahí, la guardería continúa funcionando durante el día.

Con la esperanza en vilo

Tilapa ha recibido varios embates este año: un incendio que quemó parte de los cafetales en la primavera, la tromba de agosto, un temblor en septiembre, además de las afectaciones provocadas por Ingrid y Manuel, y la culminación de una batalla judicial contra la comunidad vecina, Tierra Colorada, por razones limítrofes.

A raíz de que el Cenapred colocara a Tilapa como comunidad en “Alto Riesgo”, y de que recomendara reubicar a una parte de sus pobladores, el Comisariado Municipal empezó a buscar alternativas. Pantoja propone que el gobierno estatal adquiera 2 mil 500 hectáreas en el municipio de San Luis Acatlán. Ahí serían reubicados quienes lo necesiten. Cultivarían maíz y otros plantíos propios de un clima más cálido.

Algunos habitantes ya se reunieron con autoridades estatales para plantearles la propuesta pero, dice Pantoja, desconfían de la voluntad del gobierno, pues no les ha cumplido compromisos de atención posteriores al incendio y a las negociaciones con Tierra Colorada.

La señora Balbina está ajena a los acuerdos que le abrirían otro horizonte a Tilapa. A ella ahora le apremia mantener a sus hijos que estudian.

La indígena muestra la oración que su hija universitaria —de 21 años de edad— escribió en una cartulina como aliciente del reto que le significa estudiar ingeniería informática. La oración se llama Ayúdame Señor. Y entre otras cosas, pide: “Si me quitas la fortuna, déjame la esperanza”.

“Mi niña la hizo porque quiere sacar muchos dieces y sacarnos de pobres”, explica Balbina sin sonreír. Y es que en su casa, la esperanza está en vilo.



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