Historia Baloncesto les cambia la vida

PRECARIEDAD. Los niños de la Academia de Baloncesto Indígena de México usan tabiques como pesas en una cancha sin techo. (Foto: QUADRATÍN )
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SANTA MARÍA EL TULE, Oax.— A Melquiades, la violencia en la región triqui lo hizo huérfano. En 2007, dos años antes de incorporarse a la selección infantil de basquetbol, las balas de alguien que hasta la fecha se desconoce le arrebataron la vida a su padre. Había ido de compras a San Juan Copala para surtir la despensa. Les entregaron su cuerpo, ensangrentado, inerte, sólo para darle sepultura.
El dolor por la pérdida y la incertidumbre invadieron su hogar. Seguía en la escuela, sin un futuro claro. Dos años después, su madre le dio permiso para incorporarse a la Unidad Deportiva del Movimiento Unificador de Lucha Triqui. Y su vida comenzó un cambio que ya no tiene reversa.
Melquiades no piensa vengar a su padre. Su meta principal es “seguir jugando” el basquetbol, estudiar y terminar una carrera para ayudar a su madre.
Junto con sus hermanos Alexander y Bernardino, Melquiades forma parte de los talentos de la Academia de Baloncesto Indígena de México (ABIM). Es uno de los campeones mundiales a los que le toman fotos y le preguntan qué se siente haber ganado en Argentina.
Su historia dio un vuelco. Está feliz, con ilusiones. Se despierta a las cinco de la mañana, va la escuela, entrena, disfruta. Al igual que a Melquiades, el baloncesto le cambió la vida a unos 50 niños que fueron seleccionados en las 21 comunidades de la zona triqui donde tiene influencia la ABIM.
“En vez de pensar en problemas, en armas, piensan en estudiar”, dice Guillermo Merino Ramírez, uno de los 25 entrenadores que tienen a su cargo a los niños basquetbolistas.
Melquiades fue uno de los ocho niños que participó en el mundial de minibaloncesto en Córdoba, Argentina. “Es una oportunidad para ellos. Cuando se conoció el proyecto sabíamos que iba a cambiar sus vidas, esa fue la intención”, explica Merino, desde la escuela primaria Vicente Guerrero, en Santa María El Tule.
En esta escuela, los niños triquis, junto con otros alumnos de la comunidad reciben clases y entrenan. La cancha donde entrenan no tiene techo. Usan tabiques como pesas. Es el espacio donde han ido construyendo un futuro diferente, lejos de la violencia, constante en su región desde hace décadas.
De intendente a entrenador
La gente y los niños decían que estaba loco. Que en las condiciones de la región triqui no prosperaría. Pero Heriberto Pazos, el extinto líder del Movimiento Unificador de Lucha Triqui (MULT) le apostó al proyecto. De una escuela, pasó a 21 comunidades. Ahora es estatal.
La ABIM tuvo su antecedente en la Unidad Deportiva del MULT, primera forma de organización en 2009, cuando llegó Sergio Zúñiga, entrenador que ha hecho historia de la mano de los niños basquetbolistas.
Como consecuencia del conflicto en esa región de la Mixteca oaxaqueña, una secundaria cambió su sede. Ya no era seguro continuar en San Juan Copala por los constantes enfrentamientos. Se cambió la clave a Rastrojo, Copala, comunidad con influencia del MULT.
Necesitaban un maestro de educación física y la maestra Esther propuso a su cuñado. Sergio Zúñiga llegó con plaza de intendente, pero haría lo que sabía: entrenar a los niños triquis. Su interés fue más allá que la simple plaza. Él creía que se podía lograr un cambio radical a partir de los niños.
Habló con Rufino Merino, dirigente en la zona y éste lo llevó con Heriberto Pazos. Les explicó su proyecto para la secundaria. Heriberto Pazos, visionario, dijo que el proyecto se extendiera a las 21 comunidades.
“Pensaban que estaba loco, que no iba a funcionar, pero en tres meses tuvieron su primera competencia en Aguascalientes y quedaron en los primeros lugares”, cuenta Guillermo Merino Ramírez, hijo de Rufino, uno de los impulsores.
Participar en el torneo Yboa, una liga de Estados Unidos, fue un primer reto. La liga es para escuelas privadas, pero su director, Román Pérez, les abrió la puerta al torneo y los apoyó con hospedaje y comida. “Eran hoteles de cinco estrellas, no lo podíamos pagar”.
Román Pérez fue su primer auspiciador, al igual que el MULT, que cubría transporte e inscripciones. “Se hizo en la región una convocatoria que reunió a 800 niños de la región, la respuesta fue más de la esperada (...) Se hizo un filtro de 300 niños, luego de 150 y al final, 50 niños”, cuenta.
Algunos se salieron, no aguantaron el entrenamiento. Se buscó también a entrenadores, de los 50 aspirantes quedaron 25, todos jóvenes triquis.
Hoy atienden a 2 mil 500 niños de la Mixteca, el Valle y la Sierra Juárez, en Talea de Castro. Fue hasta junio de 2003 cuando la presidenta del DIF de Oaxaca, Mané Sánchez, apoyó el proyecto con becas alimenticias y educativas. Ahora tienen en su registro más de 20 campeonatos, finales con equipos como Chihuahua, Saltillo y Monterrey.
Todos los niños hablan triqui, además de reforzar su español y el inglés, “porque fueron a Estados Unidos y no entendían nada”. También hay 100 niñas que se incorporaron a pesar de las costumbres de la región.
En próximos días competirán en Campeche, y del 30 de octubre al 5 de noviembre, en la Copa del Caribe. “El reto es poner en alto el nombre de México”, dice Sergio Zúñiga, quien hizo realidad este sueño y sonríe cuando dice que “todo se puede, hay que creer y aquí creyeron, siguen creyendo”.





