aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Cómo se cocinó el Pacto por México

Carina García, Ariadna García, Horacio Jiménez Y Francisco Nieto| El Universal
04:05Domingo 04 de agosto de 2013
El gran acuerdo nacional uni a las tres principales fuerzas polticas del pas, para buscar el desa

COINCIDENCIAS. El gran acuerdo nacional unió a las tres principales fuerzas políticas del país, para buscar el desarrollo nacional. En la gráfica el día del anuncio de la alianza: Jesús Zambrano, líder del PRD; el presidente Enrique Peña Nieto; el dirigente panista Gustavo Madero, y la entonces presidenta del PRI, Cristina Díaz. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Tras 12 años de intentar acuerdos y alianzas, en octubre del año pasado el concepto se empezó a construir. Es fruto de la izquierda y resultado de su fracaso electoral de 2012

[email protected]

La historia reciente había evidenciado las consecuencias de mantenerse en conflicto entre gobierno y partidos. Los personajes de la política llevaban 12 años intentando pactos y alianzas. Fue hasta octubre del año pasado cuando el concepto del Pacto por México se empezó a construir.

Era el acuerdo multipartidista ideado durante años.

En la historia inmediata de la política mexicana se han firmado más de 20 acuerdos, algunos resultaron en reformas electorales, otros no sobrevivieron más allá de la ceremonia y la foto.

Pero este nuevo Pacto fue fruto de la izquierda y resultado del fracaso electoral. En plena derrota durante los comicios de julio de 2012, los perredistas de la corriente Nueva Izquierda (NI), mejor conocida como Los Chuchos se replantearon la necesidad de hacer algo para no ser avasallados por un gobierno, otra vez del PRI.

Y fue casualidad que un día de octubre del año pasado, Los Chuchos, el líder nacional del PRD, Jesús Zambrano Grijalva, y Jesús Ortega Martínez, se encontraran al ex gobernador de Oaxaca, José Murat Casab.

La plática estuvo salpicada de trivialidades y de análisis políticos de café. Después, los integrantes de la izquierda le plantearon la idea de que el entonces presidente electo, Enrique Peña Nieto, arrancara su mandato con un gran acuerdo entre todas las fuerzas políticas.

“Luego, luego le entusiasmó la idea (a Murat Casab) y sin que nadie se lo pidiera, él solito llevó el tema del Pacto al PRI”, narraron.

Los marginados

Murat Casab, polémico personaje con tantos amigos como enemigos en el PRI, puso su casa en la calle de Arrayanes, en Bosques de Las Lomas, para celebrar el primer encuentro. A la cita sólo acudieron Ortega y Zambrano y, como representante de Peña Nieto, entonces presidente electo —quien dio luz verde a las pláticas— Luis Videgaray Caso, quien era y es uno de sus hombres más cercanos.

No hubo en ese encuentro ninguna propuesta concreta ni documentos de por medio.

Fue un “sondeo” en el que unos a otros midieron la seriedad del de enfrente. Entonces vieron posibilidades de avanzar y acordaron invitar al PAN.

Pero el PRD ya lo había platicado —aunque no se lo dijo al PRI— con el líder panista Gustavo Madero Muñoz, y el ex precandidato presidencial albiazul, Santiago Creel Miranda.

Entonces, por fin, se reunieron las tres partes: representantes de Peña Nieto, perredistas y el PAN.

El PRI, para ese entonces bajo la dirigencia de Pedro Joaquín Coldwell, permanecía al margen de cualquier plática.

De hecho, estuvo prácticamente ausente casi hasta la firma del acuerdo, aunque el entonces secretario de Gobernación en ciernes, Miguel Ángel Osorio Chong, ya se había involucrado y asumió, junto con Videgaray Caso, la postura del gobierno y de su partido.

Otros se mantuvieron al margen

Otros personajes no fueron relegados, sino que se mantuvieron al margen por voluntad propia, pues incluso antes de que Murat Casab y Videgaray Caso conocieran “el gran secreto” de la izquierda, el ex candidato presidencial derrotado, Andrés Manuel López Obrador, conoció la propuesta.

Sucedió a principios de agosto, en la sede de la Fundación Equipo, Equidad y Progreso en San Miguel Chapultepec, oficinas del entonces jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, quien fue el anfitrión.

También acudieron Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Manuel Camacho Solís y Los Chuchos.

El tabasqueño conoció el detalle de la propuesta, pero inmediatamente renunció a ella. El argumento: sería reconocer a Peña Nieto como presidente y eso era intransitable.

Pero los planes siguieron sin importar la opinión del tabasqueño, quien, por otro lado, como los demás consultados, también fue discreto y guardó el secreto, aunque mantuvo su rechazo a las negociaciones.

La ex candidata presidencial del PAN, Josefina Vázquez Mota, también fue consultada, pero no participó en esa reunión ni en el diseño posterior del acuerdo que, por otro lado, corría en negociaciones separadas.

Pasaron semanas y el 13 de septiembre, en un encuentro realizado en un restaurante de Polanco, Madero Muñoz y seis gobernadores panistas avalaron a Peña Nieto como presidente electo.

Lo que para ellos fue sólo un reconocimiento a su mandado, fue un aval del PAN en pleno a las negociaciones del Pacto, en ese momento secretas.

Ya para entonces una de las primeras reformas acordadas por PRD, PAN y el naciente gobierno federal, era la educativa, para acotar el poder de la maestra Elba Esther Gordillo.

Las desconfianzas

Ninguna de esas conversaciones, aún preparatorias, fue de amigos. De hecho surgieron las primeras desconfianzas, pues, como anfitrión, Murat Casab fungía como el convocante, el que conciliaba dónde y cuándo.

Pero los temas delicados que comenzaban a perfilarse exigían máximo compromiso y discreción, por eso fue la representación de Peña Nieto la que planteó hacer a un lado al ex mandatario oaxaqueño, quien en la actualidad ya no es invitado a ninguna reunión.

Fue cuando las pláticas tomaron forma y todos diseñaron una estructura de trabajo encabezada por un presidente en turno y un Consejo Rector, para que las dirigencias de los partidos políticos y no personajes ajenos, asumieran el control de las reuniones.

Los perredistas también tuvieron exigencias. Una fue tener pruebas de que la palabra empeñada era la de Peña Nieto y no la de sus cercanos.

Ahí fue cuando Los Chuchos cuestionaron si el presidente electo en verdad estaba enterado de las negociaciones y asumía los compromisos.

Pidieron encontrarse con él y así, con Peña Nieto en la mesa, fue como se habrían planteado los posibles alcances de temas medulares, como la reforma de telecomunicaciones.

Ya con el visto bueno de todos, las reuniones de trabajo eran de hasta cinco o seis horas, cruzadas por cenas, desayunos, comidas, cafés y encuentros informales.

Rebasados por el trabajo optaron por incorporar a quienes “arrastraran el lápiz”, los secretarios técnicos. Con el aval de Peña Nieto, Videgaray Caso nombró a Aurelio Nuño; el PRD a Carlos Navarrete, y el PAN a Juan Molinar Horcasitas.

Pero desde ese momento, ya con más involucrados, todos asumieron el compromiso: “Cero filtraciones. Quedamos en que nada existe, hasta que exista”, relata un pactista.

El acuerdo de secrecía fue un pacto de caballeros. “Teníamos el temor de que abortara por una filtración, porque ya en el pasado ha ocurrido”.

Eso hizo posible más de una veintena de reuniones informales, en tres de las cuales estuvo Enrique Peña Nieto, sin que trascendieran a la opinión pública.

Además de las reservas hacia afuera, en cada uno de los partidos hubo expresiones de desconfianza y corrientes internas que expresaron sus dudas sobre la conveniencia de pactar y la seriedad de los compromisos.

Por ejemplo, en un primer momento se había convenido firmar el Pacto el 29 de noviembre —antes de que Peña Nieto rindiera protesta como Presidente—; sin embargo, desacuerdos intrapartidistas en el PAN y el PRD obligaron a modificar la fecha.

Firmar antes, sin que tuviera la investidura presidencial, fue inaceptable para algunos, por lo que se pospuso para el 2 de diciembre, ya cuando Peña Nieto hubiera tomado protesta.

La operación política para socializar los términos del acuerdo en el interior de cada partido comenzó el viernes 23 de noviembre. Cada dirigente se reunió con sus principales corrientes.

Ese mismo día se les informó formalmente a los coordinadores parlamentarios de todas las bancadas el acuerdo: del PRI a Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa; por el PAN, a Ernesto Cordero y Luis Alberto Villarreal, y a los perredistas Miguel Barbosa y Silvano Aureoles.

Pero esos seis legisladores ya habían sido informados antes por terceras personas.

Fue hasta entonces que lo informó oficialmente el líder nacional panista, Gustavo Madero, al todavía presidente, Felipe Calderón.

Casi al mismo tiempo, en un hotel, Zambrano Grijalva cita para enterar del Pacto a René Juvenal Bejarano, líder de la corriente Izquierda Democrática Nacional (IDN) —opositora al Pacto— Marcelo Ebrard y Manuel Camacho Solís, quienes habían sido consultados al principio, pero se automarginaron de las pláticas.

El PRI informó a su cúpula el lunes 26 de noviembre en reunión de Consejo Político. A todos los asistentes se les quitaron los celulares para evitar filtraciones y ahí, Pedro Joaquín Coldwell, entonces dirigente nacional priísta, les habló de la posibilidad de alcanzar un “acuerdo nacional”.

Ese mismo día los tres principales partidos emitieron sendos comunicados para informar que estaban trabajando en un acuerdo nacional, con una agenda común, “sin renunciar a sus posiciones”. Nadie imaginó la trascendencia de esos acercamientos.

Vino el 2 de diciembre y en una ceremonia histórica, llena de parafernalia en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, presentó el acuerdo el ya presidente Peña Nieto ante la cúpula de los tres partidos, gobernadores, sociedad civil y empresarios.

Nació el Pacto por México, para muchos, comparable con el Pacto de la Moncloa, que marcó la transición española.

Los operadores

Para el diseño del Pacto, sus impulsores primero consideraron los consensos y dejaron fuera los temas que los dividen o que pudieran resultar intransitables. “Consideramos que 95 eran suficientes, los más importantes, pero había muchos más”.

No faltó quien propusiera seguir la lista interminable de acuerdos, pero hubo quien los ubicó de nuevo en la tierra: “Veamos si esto avanza en un año... después veremos”.

Además de Videgaray Caso y Nuño Mayer, Peña Nieto envió a Humberto Castillejos, quien hoy es el consejero jurídico de Los Pinos.

Su función es, aún hoy, para el caso de las reformas secundarias en ciernes —educativa y de competencia económica— ser un “filtro” entre lo posible y lo deseable.

Su tarea es verificar la viabilidad legal de las propuestas. Que lo acordado tenga sustento jurídico.

Por el PRD, Zambrano Grijalva designó como sus mariscales de campo, a los ex líderes Ortega, Pablo Gómez y Guadalupe Acosta Naranjo.

Por el PAN, Madero Muñoz eligió a Creel Miranda, Molinar Horcasitas y Marco Antonio Adame.

De manera natural se conformó así un régimen de órgano colegiado, con un ente asesor que descargara el trabajo y fijara criterios orientadores (el Consejo Rector), pero supeditado a los dirigentes de partido.

De los tres, PRD, PAN y PRI, fue éste último, quizá, el menos participativo y visible en el diseño el Pacto.

Tocó a Cristina Díaz, en diciembre dirigente interina del PRI, figurar en la firma y la foto, pues Joaquín Coldwell dejó el cargo el 30 de noviembre para asumir la Secretaría de Energía.

El nuevo dirigente tricolor, César Camacho Quiroz, llegó el 12 de diciembre y se ha hecho acompañar del director de la Fundación Colosio, Adrián Gallardo y de la responsable del área jurídica del PRI, Martha Tamayo.

Pero a diferencia del PRD y del PAN, el PRI tiene a sus operadores en el Congreso de la Unión, por lo que por las oficinas de los legisladores Raúl Cervantes y Héctor Gutiérrez de la Garza deben pasar todas las iniciativas y acuerdos.

El PRI es hoy un actor más del Pacto, no una figura relevante, pues está supeditado a las decisiones del gobierno federal y se coordina directamente con los principales actores del gabinete del Presidente.

Aliado encriptado

Si el Pacto ha tenido una herramienta tecnológica favorita, es el hushmail, servicio de correo electrónico codificado que garantiza privacidad.

A través de ese servicio con procesador de documentos en línea, cada secretario técnico del Consejo puede revisar documentos, hacer cambios, conocer qué modificaciones se le hicieron, quien las realizó y a qué hora. Incluso, se pueden discutir en línea las modificaciones, sin necesidad de reunirse físicamente.

Así se trabajaron, por ejemplo, las reformas al sector de las telecomunicaciones, y la constitucional en materia educativa, misma que requirió una reunión en la oficina del secretario de Educación, Emilio Chuayffet Chemor.

Todas las medidas de seguridad para evitar filtraciones. Ese blindaje es casi una obsesión.

Una estrategia para evitar protagonismos, es que nadie hable más de lo necesario o de las propuestas propias, mucho menos de lo que delinea la Presidencia de la República.

Tiempo para reir

Sobre el ambiente de las reuniones, los pactistas coinciden: “No eran sesiones mortuorias”, pero tampoco de “chacoteo” o para socializar.

Tampoco es que fueran sesiones de anécdotas o bromas. “No es como decía Porfirio Muñoz Ledo: bien vale echar a perder un acuerdo por un buen chiste”.

Una de las carcajadas generales la provocó Pablo Gómez, cuando prácticamente “regañó” a Nuño Mayer.

Era un domingo de marzo, casi a la medianoche, en un reservado de la Hacienda de Los Morales, donde los pactistas se vieron para afinar el sentido de la reforma en Telecomunicaciones. Gómez Álvarez discutía airado con el líder de los diputados priístas, Beltrones Rivera.

La escena era inconcebible en otros tiempos, pues el perredista encabezaba la airada defensa de la iniciativa firmada por el presidente Peña Nieto y enviada al Congreso, pues en realidad la paternidad era opositora y particularmente perredista.

Así que, cansado de discutir con Beltrones Rivera —quien insistía en defender más de 90 reservas al paquete de iniciativas, promovidas por los legisladores— pidió un relevo casi a gritos.

“¡Oye Nuño! ¡Defiende la propuesta de tu Presidente... porque yo soy del PRD!”, exigió el perredista. Estaban agotados, así que el reclamo irónico los hizo despertar... y reír a carcajadas. Así, Nuño Mayer entró como segundo al bat.

Los amagos contra el acuerdo

En el Pacto por México no ha sido todo miel sobre hojuelas.

Si hubo momentos de ruptura, uno de ellos fue cuando se negociaron los puntos 54 a 60 sobre la industria petrolera.

Cuando el gobierno planteó la posibilidad de modificar el artículo 27 Constitucional en materia de petróleo, el PRD amagó con abandonar el Pacto, pues lo vio intransitable.

Rechazó de tajo una eventual reforma a la Constitución y los representantes del gobierno y del PAN cedieron para dejar la reforma sólo en modernización de Pemex, sin tocar la Carta Magna. Sólo así firmó el PRD.

El Código Penal Único fue impensable para el PAN, pues implicaba extender al país las causales que hoy permiten la interrupción legal del embarazo en el Distrito Federal. El asunto no se incluyó.

Otro amago de fracturar el Pacto por México lo protagonizó Madero Muñoz cuando denunció en mayo, ya con el acuerdo en marcha, una presunta red de funcionarios federales de la Sedesol y locales que operaban en Veracruz para favorecer a los candidatos del PRI.

A estas alturas ya pasaron ocho meses y las elecciones en 14 estados del país han sido, hasta ahora, el único motivo para suspender las reuniones del Pacto por México.

Desde el 12 de junio, las pláticas formales están detenidas, aunque el Consejo Rector y legisladores trabajan en privado más reformas.



comentarios
0