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El final violento y atroz de un dictador

Guadalupe Galván| El Universal
Lunes 19 de diciembre de 2011
DURANTE 42 AÑOS, MUAMMAR GADDAFI GOBERNÓ LIBIA CON MANO DE HIERRO. EL 20 DE OCTUBRE, UN PUEBLO CANSADO DE LA REPRESIÓN LO LINCHÓ

maria.galvan@eluniversal.com.mx

“Hemos esperado mucho este momento. Muammar Gaddafi fue asesinado”. Con estas palabras, el primer ministro del Consejo Nacional de Transición (CNT) libio anunció el fin del “líder de la revolución”.

Gaddafi, quien se cansó de repetir que el pueblo lo amaba, murió a manos de éste, golpeado, humillado y, finalmente, baleado. Todo, ante las cámaras de celulares de sus captores, que luego difundieron los videos que dieron la vuelta al mundo.

Terminaba así la historia de un dictador excéntrico que gobernó a Libia con mano de hierro durante 42 años. Ni su “guardia revolucionaria”, ni sus mercenarios, ni el petróleo, pudieron proteger al autoproclamado “rey de reyes” de la furia de un pueblo libio cansado de la represión.

El final de Gaddafi se comenzó a gestar el 17 de febrero, cuando miles de libios, inspirados por las revueltas árabes que había conseguido derrocar a los dirigentes de Túnez y Egipto, salieron a las calles, en el Día de la Ira. El dirigente libio respondió con balas. Murieron 24 personas. En los días subsecuentes, la cifra aumentó a cientos.

El objetivo inmediato de las protestas era exigir compensación y justicia por la masacre, en 1996, de unos mil 200 presos a manos de las fuerzas de seguridad gaddafistas, en uno de los actos clásicos de represión del régimen. Aquel reclamo encendió la mecha que terminó con la era Gaddafi, y con la vida de éste, a los 69 años.

Antes “mártir” que fugitivo

A los rebeldes los llamó “ratas”, y advirtió que los perseguiría. Luego, emitió la sentencia que selló su destino “Este es mi país. Vivo en los corazones de millones”. Aseguró que prefería “el martirio” a huir.

Pero el 17 de marzo, la decisión del Consejo de Seguridad de la OTAN de aprobar una zona de exclusión aérea para proteger a los civiles, sin intervención de tropas terrestres, dio nuevos bríos a los rebeldes.

Muchos jóvenes, en el bastión de Bengasi, en Misurata y en otras ciudades, no pensaban unirse a lo que ya era una guerra civil. Pero el baño de sangre que ordenó Gaddafi los convenció. El 27 de junio, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra Gaddafi y su hijo y delfín, Saif, por crímenes contra la humanidad. Cuando, en agosto, Trípoli cayó en manos de los insurgentes, Gaddafi y sus hijos se convirtieron en fugitivos.

Sirte, el origen y el destino

Pero no era muy difícil deducir donde se escondía quien fuera llamado “perro loco de Occidente” por el ex presidente estadounidense Ronald Reagan: Sirte, la ciudad natal del dirigente libio.

El 20 de octubre un convoy salió de Sirte. Las fuerzas de la OTAN lo detectaron y atacaron. Gaddafi y uno de sus ocho hijos, Mutassim, lograron salir con vida y se refugiaron en una alcantarilla, donde rebeldes los hallaron. “Cuando lo vi gateando, pensé: ‘¿Cómo el rey de reyes podía estar ahí, como una rata?’”, narró uno de los jóvenes que entraron al escondite.

Cuando, varias horas después, Jibril informó de la muerte de Gaddafi, aseguró que el coronel estaba en buen estado y armado cuando fue capturado. “Fue sacado de un desagüe... Cuando empezamos a trasladarlo fue alcanzado por una bala en su brazo y cuando lo subieron a una camioneta no tenía otras heridas (….) Cuando el vehículo empezó a moverse, hubo un intercambio de disparos entre las fuerzas revolucionarias y las de Gaddafi, quien recibió un impacto de una bala en la cabeza”, que lo mató.

Sin embargo, empezaron a circular en internet videos de los captores de Gaddafi, que desmentían la versión del CNT y revelaban un linchamiento. En las grabaciones, un Gaddafi muy distinto al que tras el ataque a su casa, en 1986, ordenó mantener los escombros y colocar una estatua con la forma de un puño, desafiando a Occidente, suplica por su vida. Pero los rebeldes no oyeron otra cosa que su deseo de venganza.

Lo golpearon, le apuntaron con un arma, lo arrastraron y, de acuerdo con algunos videos, incluso lo sodomizaron. Sin alegatos, ni juicio, nada. Después, se escuchan disparos. Y Gaddafi aparece, muerto, asesinado brutalmente.

Trípoli, Bengasi, Misurata, estallaron en júbilo. El “carnicero” era historia y comenzaba una nueva era en Libia. Y por si alguien lo dudaba, los cuerpos de Gaddafi y su hijo fueron exhibidos al público cuatro días.

Naciones Unidas (ONU) y organismos internacionales exigieron al CNT investigar los hechos. Luego, Estados Unidos se uniría al reclamo, aunque no faltó quien justificara la forma en que murió Gaddafi diciendo que “quien a hierro mata, a hierro muere”.

El lugar donde reposa el cuerpo de Gaddafi es un misterio. Igual que el nombre de quien acabó con su vida. “Nadie mató a Gaddafi”, dicen los rebeldes. Nadie, o quizá, todos.



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