Capitalismo europeo ‘versus’ capitalismo anglosajón
Como lo vaticinábamos la semana pasada, la respuesta europea a la crisis financiera de Wall Street no se hizo esperar. Nicolas Sarkozy, por su carácter inquieto y dinámico, por las ambiciones de potencia que siempre mantuvo Francia, y en su capacidad de presidente de turno de la Unión Europea, tomó la iniciativa proponiendo una cumbre para reflexionar sobre la manera de sanear el capitalismo. Esta iniciativa no llega en un vacío ideológico y político. Desde el siglo XVII, sin renunciar al comercio (el capitalismo no existía como tal), con Jean Baptiste Colbert, Francia basó su desarrollo agrícola e industrial sobre la intervención estatal. No le fue mal y permaneció durante casi dos siglos el gigante europeo. Después de la Segunda Guerra Mundial, el país, capitalista y pieza clave de Occidente, fundamentó su reconstrucción sobre una estricta planeación quinquenal y se izó al rango de segunda potencia de Europa y cuarto exportador mundial. Sectores apoyados por el Estado se volvieron líderes mundiales en tecnologías de punta. Pero hasta ahora, la opinión francesa era más bien minoritaria en Europa y estaba considerada como obsoleta y retrógrada. Con la crisis actual, varios factores convergen para darle un nuevo dinamismo. Pues no se trata solamente de Estados Unidos, sino también de sus mayores seguidores en Europa, el Reino Unido y sobre todo Irlanda, que después de ser el milagro europeo durante un lustro es ahora el primer país europeo en haber entrado en recesión. Las certidumbres ideológicas de los partidarios del capitalismo se tambalean. Los republicanos estadounidenses defienden una intervención masiva del gobierno mientras la jerarquía anglicana emitió una firme condena del manejo del sistema económico en el Reino Unido. En cambio, Francia goza del apoyo unívoco de Alemania, la primera economía del continente, que también defiende un capitalismo renano basado en la industria, no solamente sobre servicios financieros. Mientras las bolsas se derrumban, las acciones de compañías como Volkswagen suben vertiginosamente. Finalmente, el capitalismo custodiado de China parece más eficaz en términos de crecimiento que el capitalismo sin riendas de Estados Unidos. Al igual que con Airbus, Estados Unidos perdió su monopolio aeronáutico y, con el euro, su monopolio monetario; con la crisis de Wall Street está perdiendo su monopolio ideológico en cuanto al manejo de la economía. Aun los republicanos piden una intervención masiva del Estado. A corto plazo, se puede esperar en Europa una mayor armonización económica y social reclamada desde hace años por muchos países, pero que se sigue topando con el rechazo de Inglaterra e Irlanda. Por otro lado, Francia por ejemplo sería más creíble si pudiera limitar su déficit presupuestario, respetando las reglas europeas. Pero en este debate que está aquí para quedarse, Estados Unidos perdió su liderazgo, como lo recalcaba este jueves el ministro alemán de Hacienda.





