Tributo al Dios de la abundancia
La Paz (DPA). El hombrecito bajo y contrahecho fuma con desdén en una de las tantas casas pobres de La Paz, mientras Victoria Choque, la lavandera de ropa ajena, lo cuida de reojo para que el cigarrillo no se le apague. Victoria sabe que si el cigarrillo se apaga antes de llegar a la mitad, el hombrecito no le hará el milagro de transformar la escasez en abundancia. Es que Ekeko, ese carismático dios aymara, es así, caprichoso, le gusta que lo mimen y que siempre le tengan a la mano hojas de coca para masticar y alcohol para beber. En Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, pedirle favores a Ekeko, el dios de la abundancia, es cuestión de cada día. Pero la práctica se intensifica cuando llega el 24 de enero y empieza Alasitas, la feria de las miniaturas, un evento artesanal inspirado en la deidad prehispánica que se ha convertido en referente cultural del pueblo paceño. Como la esperanza es lo último que se pierde, Victoria mima a su Ekeko de cerámica (también los hay de madera, yeso, cobre, piedra o lo que sea). Desde que lo tiene, hace cinco años, lo puso en tres sitios distintos de la casa antes de dejarlo en uno definitivo, como antes lo hicieron su madre, su abuela, y tal vez su bisabuela. Y de los fuertes hombros del dios cuelgan en miniatura las cosas que Victoria quiere que le den en abundancia: en su caso es práctica y sólo pide comida y dinero en efectivo, pero sus vecinas le han puesto a los suyos casas, computadoras, herramientas, electrodomésticos, muebles y hasta pequeños pasaportes que conduzcan a lares donde no se necesiten milagros para salir de la pobreza. Tunupa parece que se llamaba el dios del rayo en la cultura tiahanaku (724-1200 d. C.) que dio origen al Ekeko. Era de piedra y representaba a un hombre casi enano y jorobado pero de aspecto fortachón. El Kollasuyo inca lo adoptó y lo hizo dios de la prosperidad y la fecundidad. Aunque la historia es imprecisa, se dice que fue en 1781 cuando el gobernador de La Paz, Sebastián Segurola, dio inicio a la tradición acogida por el pueblo aymara y ahora por gran parte de los habitantes de la sede de gobierno de Bolivia. La figura ha evolucionado y Ekeko ha tomado nuevas formas. Se le ve con bigote ralo, y la joroba ha casi desaparecido. Su mirada ya no es adusta, sino pícara. Más aún, en los últimos "modelos" los rasgos son poco indígenas. Será que los aymaras han visto que a los blancos se les dan más fácil los milagros. Cuide a Ekeko, consiéntalo. Dele cigarrillo, coca y alcohol, y él estará ahí dispuesto a ayudar, dicen los cánones. Aunque tiene 26 años, Victoria es veterana en la tradición, pero hasta ahora el dios no se deja ver y ella sigue tan pobre como siempre, o quizá más. Su trabajo ocasional como lavandera y el de su esposo como vigilante de un edificio apenas le permiten a Victoria salvarse de estar entre esos 1.7 millones de bolivianos que "subsisten" con 16 dólares al mes, y que también le rinden tributo al Ekeko. Será por eso que en medio de la feria de las Alasitas, Ekeko ha sido desplazado de a poco por un dios más visible y contundente: el dinero. Los billetes en miniatura de confección preciosista circulan por toda la ciudad. Algunos son pesos bolivianos, pero la gran mayoría son dólares e incluso euros, porque también en el dios dinero hay jerarquías. "El Ekeko ha sido desplazado por los billetes. Ya casi nadie hace ni compra al dios de la abundancia", se queja el museólogo David Mendoza. La creencia popular es que el que tiene esos billetes en miniatura alguna vez puede tener billetes de verdad. Desde mañana y hasta el 4 de febrero 3 mil artesanos expondrán miniaturas en un parque especialmente acondicionado. Los paceños, y los que sin serlo sueñan a su lado, desfilarán para comprar en pequeñito aquellos objetos que quieren poseer. Los promotores que desean ver el ángulo cultural por encima del comercial están tratando de incentivar el retorno dentro de la feria de la vieja práctica indígena del trueque. Victoria todavía no sabe qué va a comprar esta vez, pero por supuesto irá. El Ekeko no le ha retribuido, pero ella le es fiel. Total, si los mortales políticos que tantas cosas le han prometido no le han cumplido, ¿por qué no darle a un dios bueno otra oportunidad?





