Se rompe la historia de Jessica Lynch
Jessica Lynch, la más famosa soldado de la guerra en Irak, permanece en un cuarto privado al final de un pasillo en uno de los pisos superiores del Centro Médico del Ejército Walter Reed, su puerta vigilada por un policía militar. Para sanar las fracturas, una lesión lumbar y otras heridas sufridas en su difícil experiencia, la soldado raso de primera clase de 20 años se somete a una sesión diaria de terapia física. Pero lo hace sola, a la hora de la comida, cuando no se admiten otros pacientes. Su padre, Greg Lynch, vistiendo una camiseta limpia todos los días con un moño amarillo prendido a su pecho, casi nunca se aleja de su lado, excepto para dormir en las noches. Lynch ha pasado en el hospital 67 días ya. Su estado físico sigue siendo grave. Pero al parecer también sufre heridas que no se pueden ver, y la historia de su captura y rescate sigue sin haber sido contada totalmente. Su familia señala que ella no recuerda nada de su captura. Fuentes militares estadounidenses indican por su parte que no puede o no quiere hablar mucho sobre las cosas que le pasaron entre la mañana en que su unidad del Ejército fue emboscada y el momento en que recuperó cabalmente la conciencia más tarde en el Hospital General Saddam Hussein en Nasiriya, Irak. Como el mundo lo recuerda, Lynch y su unidad de mantenimiento del Ejército fueron emboscadas en el sur de Irak la mañana del 23 de marzo. Once de sus compañeros soldados resultaron muertos; otros cinco fueron capturados y luego puestos en libertad. Lynch fue tomada prisionera y recluida en forma separada durante nueve días antes de ser rescatada de su cama en el hospital en una dramática acción nocturna realizada por una unidad encubierta del equipo de Operaciones Especiales de Estados Unidos, la Task Force 20. Los reportes de prensa iniciales, incluidos los de The Washington Post , que citaban funcionarios anónimos estadounidenses con acceso a informes de inteligencia, describían que Lynch había vaciado su M-16 en contra de los soldados iraquíes. Los reportes de inteligencia de intercepciones e informantes iraquíes señalaban que Lynch peleó ferozmente, fue apuñalada y recibió múltiples disparos, y que había matado a varios de sus agresores. "Estaba luchando a morir", dijo uno de los funcionarios. "No quería que la atraparan viva". Se convirtió en la historia más representativa de la guerra, levantando la moral en casa y entre los soldados estadounidenses. Era irresistible y cinematográfica: la soldado de mantenimiento de Virginia Occidental convertida en una guerrera que no estaba dispuesta a rendirse. Hollywood prometió hacer una película y los medios estaban hambrientos de héroes. Sin embargo, la historia de Lynch es mucho más compleja y diferente de lo que refieren esos informes iniciales. Gran parte de la historia sigue envuelta en el misterio, en gran medida debido a la confidencialidad que ha manejado el Ejército, pero también debido a las preocupaciones por la privacidad de Lynch y a lo poco que ella misma recuerda. La cobertura inicial del Post generó críticas debido a que muchas de las fuentes pidieron permanecer en el anonimato y a que los relatos fueron refutados por otros oficiales del Ejército. En un esfuerzo por documentar a profundidad lo que sucedió realmente a Lynch, el Post entrevistó a decenas de personas, incluso conocidos de la familia Lynch en Virginia Occidental, doctores iraquíes, enfermeras y testigos civiles en Nasiriya, así como a funcionarios de inteligencia estadounidenses y oficiales del Ejército en Washington, tres de los cuales están al tanto de la investigación realizada por el Ejército sobre este caso. El resultado es una segunda historia más completa, aunque no definitiva. Aunque este relato revela muchos más datos sobre la experiencia que tuvo Lynch, la mayoría de los funcionarios estadounidenses insistieron en que sus nombres no fueran dados a conocer. De acuerdo con oficiales militares enterados de la investigación del Ejército, Lynch trató de disparar su arma, pero ésta se trabó. No mató a ningún iraquí. Tampoco recibió disparo alguno ni fue apuñalada, agregaron. La unidad de Lynch, la Compañía de Mantenimiento 507, sufrió una emboscada en las afueras de Nasiriya, después de dar varias vueltas equivocadas. Investigadores del Ejército creen que eso sucedió en parte porque los superiores nunca informaron a la unidad que la tercera división de Infantería, a la que el convoy estaba siguiendo, había recibido órdenes de cambiar de ruta. Hubo momentos en que la compañía 507 se retrasó 12 horas de la columna principal y fuera de contacto vía radio. Lynch viajaba en un vehículo Humvee que chocó contra un camión estadounidense que se había partido en dos. Según fuentes militares, sufrió heridas de gravedad, incluyendo fracturas múltiples y compresión de la médula espinal, lo que la dejó inconsciente. En el choque, los otros cuatro pasajeros del Humvee murieron o sufrieron heridas de gravedad. Dos funcionarios estadounidenses con acceso a la investigación del Ejército dijeron que Lynch fue maltratada por sus captores. Fuentes de inteligencia han dicho que, tras recibir el reporte de que Lynch se encontraba en el Hospital General Saddam Hussein en Nasiriya, la CIA, temiendo una trampa, envió a un agente al hospital con una cámara escondida para confirmar que efectivamente se encontraba ahí. La operación de rescate de la soldado, aunque justificada debido a la incertidumbre a la que se enfrentaron las fuerzas estadounidenses al momento de entrar al hospital, a final de cuentas demostró ser innecesaria. Los soldados iraquíes habían abandonado el hospital casi un día antes, dejando a Lynch en manos de doctores y enfermeras que dijeron estar ansiosos de entregarla a los estadounidenses. Ni el Pentágono ni la Casa Blanca desmintieron la versión inicial de su captura, lo que ayudó a fomentar el mito que rodea a Lynch y atizar las acusaciones de que la administración Bush fabricó partes de su historia. Únicamente Lynch podría saber todo lo que le sucedió; y es probable que ni siquiera ella pueda contar toda la historia. "Los médicos están bastante seguros", declaró Kiki Bryan, vocero del Ejército, "de que no sabe qué le sucedió".





