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La amante de Chávez (II)

José Vales/Corresponsal (Segunda y última parte)| El Universal
Domingo 20 de abril de 2003

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Herma Marksman asegura que un día decidió tomar distancia de Hugo Chávez a quien sólo veía ya en televisión. Si lo tuviera en frente le diría: "Este pueblo creyó en tí, me has defradudado"

Entre planes, discusión de documentos y actos políticos, Herma y Hugo se hacían tiempo para la vida sentimental. Ella lo recuerda como "un hombre cariñoso, caballero y de una excelente relación con mis hijos, principalmente con Menkys". Las presiones de la familia de ella, "por salir con un hombre casado que no definía su situación" o las distancias cuando fue trasladado a la base de Elorza en 1985, desataban crisis pasajeras en la pareja, subsanadas con la labia del ya Mayor Chávez o las estrofas de qué tal te va sin mí , de Raphael, el cantante español que hubiese dado todo el oro del mundo para que un solo militar en esta tierra entone algunas de sus canciones por la "Gracia de Dios": Francisco Franco Bahamonde.

"Un día llegó a mi apartamento y me lo encuentro sentado en la puerta, con un ramo de flores en la mano y un pequeño bolso. Habíamos tenido una pelea por los chismes de la mujer de otro militar. Cuando le pregunté qué hacía ahí me dijo: `Vine para que hablemos. No puedo permitir que dudes del amor que siento por ti`".

En esos tiempos de distancias profesionales, la correspondencia aumentaba al igual que los encuentros furtivos en el Táchira, o en San Juan de los Morros, para amarse y para mantener fluida la comunicación con el resto de los integrantes del Movimiento que ya contaban con planes de alzamiento. Según las tesis de Samuel López Rivas, "el próximo gobierno, que será de Carlos Andrés Pérez, deberá soportar una crisis gravísima. Debemos esperar a que muestre el máximo nivel de debilitamiento. La situación no es la misma que en su anterior período (1974-1979)".

Los bolivarianos sentían que habían perdido una oportunidad el 27 de febrero de 1988, durante el "Caracazo". Aquel día Chávez estaba afectado por una fiebre virósica y al cuidado del "amor de su vida", según las cartas. "Me voy a Fuerte Tiuna a llevarle un recado de Hugo a Francisco Arias. El sale y me dice vamos a dar una vuelta en el carro. Dábamos vuelta por la ciudad y me dice ?Chama (así me apodaba), hemos perdido una gran ocasión por no estar organizados`, cuando regresaba a mi casa vi a un soldado cargando un pote de aceite. Ahí me di cuenta que la situación no daba para más. Los soldados también eran pueblo".



?La hora de la verdad?

Desde entonces el número de miembros del MBR200 iba en aumento. Los dos líderes auténticos eran Hugo Chávez y Francisco Arias. Aquel momento del que hablaba López Rivas llegó recién a fines de 1991, casi tres años después del "Caracazo".

Se discutía la fecha con el grupo de los capitanes que integraban los hoy alcaldes de Bolívar, Antonio Rojas Suárez y de Táchira, Ronald Blanco la Cruz. Se había fijado para el 16 de diciembre. Eran días difíciles aquellos de finales del 91. El grupo venía de una delación ante las autoridades que terminó con el traslado de 19 oficiales y un interrogatorio a Chávez de más de 20 horas por parte de los generales Peñaloza y Héctor Aspurua. Fue el entonces ministro de Defensa Fernando Ochoa Antich quien desistió de aplicar una sanción al hombre que el 4F le juraría "A usted, mi general, no pensábamos matarlo".

La suspensión de la fecha del golpe, fue decidida a pesar de la posición de los capitanes. "A Francisco le respondían más oficiales que a Chávez y por eso no había quórum para hacerla en ese momento y en su ausencia. El 15 llegaron a mi casa Ronald y Rojas Suárez. ¿Para qué sirve todo esto si ni siquiera hay comunicación? Es bueno que le digas a Chávez que nosotros estamos aquí porque nos vamos a lanzar solos. Ellos tomaban el viaje de Arias como una excusa para no dar el golpe", recuerda.

Cuando los capitanes abandonaron la casa, Herma llamó de inmediato a Chávez a la base de paracaidistas de Maracay y le advirtió que se vuelva para Caracas de urgencia ante la gravedad de la situación. "Si se alzan tendrán que ver cómo enfrentan eso". A la mujer no le gustó esa expresión y le recordó que fue él quien los llevó al Movimiento. Después Arias, quien había regresado el 28 de diciembre, y Chávez lograron calmar los ánimos y fijaron la fecha.

"En una reunión que se hizo en la casa de mi madre, Francisco me da un abrazo y me dice que no nos vamos a ver sino hasta la victoria. Allí junto con Hugo habían planificado los últimos detalles del alzamiento y de todas las operaciones, como la de arrestar a algunos diputados y senadores que no podrían salir del país hasta enfrentar a la Justicia. El 29 en la tarde Francisco me manda los planos del operativo que se iba a montar en Caracas para que se lo lleve a Hugo esa misma noche a Maracay. Nos encontramos en el Hotel Maracay y le pregunté si el alzamiento estaba por realizarse. Yo había recibido una tarjeta de Navidad donde me daba algunas pistas", relata Herma con lujo de detalles. En aquella esquela vuelve a aflorar la vena poética del teniente coronel.

"Ese rostro severo de Ezequiel recoge nuestros años de luchas y de sueños, desde que la vida te colocó, como una flor en mi camino. Tu sabes que llegó al fin la hora de la verdad".

He llegado hasta aquí gracias al inmenso sacrificio que has hecho y al incomparable amor que me has entregado.

Pase lo que pase, te dejo en Navidad de 1991, Mi eterna palabra de aliento y de amor, hasta más allá de todo este huracán que nos lleva.

Tiempo de Navidad.

Propicios para volver.

Al reencuentro con

nosotros mismos

y con tantos sueños

inconclusos que galopan

hacia el horizonte

¡¡Vamos a su encuentro,

con la fuerza de mil centauros,

en carga tumultuosa

tremenda y victoriosa!!!

¡1992 anuncia los años de la victoria! Hugo.

En aquel encuentro del hotel Maracay Herma le preguntó si el momento había llegado pero se mantuvo en silencio. "Tengo que ir a un evento al exterior el 28 de febrero", le inquirió "la flor" en su camino. "De pronto es después? No te preocupes. Si todo se da, vas a viajar con el apoyo del nuevo Gobierno? Cuando llegue el día te voy a alertar para llevarte un arma", la tranquilizó Chávez.

El día llegó pero el llamado y el arma prometidos no. El 3 de febrero se celebra en Venezuela el natalicio de Antonio José de Sucre y esa noche el golpe ya estaba en marcha con la carga simbólica que los bolivarianos escogían para cada uno de sus actos. Ese día Chávez y Arias estaban sentenciados a muerte por los "capitanes", pero de ello sólo se enterarían al igual que Herma meses después en la prisión del Yare, cuando el ejecutor designado para pagar la "traición de diciembre", el sargento Alexander Freites, se quebró ante Chávez y confesó los planes. "Iba a caer en un intercambio de disparos y así nadie se enteraría. Todo iba a ser el resultado de un enfrentamiento".

Herma se enteró del alzamiento por un mensaje en clave que, a través de su hijo Armando, recibió de Blanco la Cruz. "Le hice dos llamados a Hugo y no respondió. Entonces mandé a mi hijo a que llame a Ronald y le pregunte, en clave, si `la fiesta iba a ser mañana porque yo tenía que llevar el vino`. La respuesta fue: `dile a tu madre que la fiesta es hoy y voy saliendo par allá`".

Recién a la 01:20 de la madrugada, después de alterar los planes sobre la marcha para entrar a Caracas (lo hizo por Los Teques y no por la autopista Caracas La Guaira), Chávez se comunicó con Herma para decirle solamente: "Estoy por aquí cerca". Después de los hechos, cuando ya estaba detenido, le permitieron hacer dos llamados: uno lo utilizó para hablar con su madre el otro, para transmitirle tranquilidad a la mujer de sus sueños y a Menkys, que se encontraba en medio de una crisis nerviosa.

Hoy, 10 años después, Herma observa aquello como la realización de "tres golpes al mismo tiempo. Uno el de los generales, que dejaron que eso fluyera sin tratar de evitarlo, el otro el de los capitanes y el tercero, de Hugo y Francisco. Creo que nadie habló con la verdad. Yo me fui enterado de cosas cuando ya estaban en la cárcel. No podía creer que mis amigos, mis compañeros de sueños, hubiesen planeado matar a Hugo. Ahora hubiese preferido que el 4F no hubiese existido nunca".



?Qué tal te va sin mí?

"¡¡Cuántas cosas han pasado desde aquella llamada que te hice aquella mañana del 4 de febrero (¡o fue en la tarde!)!!" le escribe Chávez a Herma el 4 de abril del 92 desde la prisión del Valle del Tuy.

"Por otras vías me llegan tus andanzas de luchas convergentes: y aunque no te veo, te imagino y te siento entre las gentes que gritan, que suenan cacerolas, que apagan y encienden luces, que corren por las calles llorando, que buscan refugio en las iglesias, que estudian el curso de la tempestad, que aglomeran voluntades señalando rumbos de adivinaciones, que galopan, en fin, tras el potro desbocado de Bolívar? y con tu bandera bordada de amor con sus libertades o sus muertes. En todo ese universo me llevas..."

Para Herma fue allí en la cárcel donde perdió al Chávez que había conocido. Aquel discurso de la rendición del 4F abrió grietas que nunca volvieron a cerrar entre los cinco comandantes que habían planificado la acción. Junto a Chávez y a Arias, de aquel golpe participaron en su planificación los tenientes coroneles Jesús Ortiz Contreras (fallecido en un accidente en Francia), Joel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta Hernández (exdirector de la DISIP). Ante las cámaras de televisión de todo el mundo, Chávez dice: "Les habla el comandante Hugo Rafael Chávez Frías..."

El 9 de abril del 92 Herma llegó a la prisión del Yare a visitar a los primeros 10 prisioneros que habían sido trasladados a San Carlos. Con el primero que se ve es con Arias Cárdenas que le dice: "bueno Chama , Hugo se la comió? ¿Verdad? El debió haber hablado de los cinco comandantes..."

Desde entonces comenzaron las discusiones "sobre las posturas mesiánicas" de Hugo que le endilgaba Francisco, las posiciones encontradas de ambos que venían desde antes del alzamiento y los reclamos de Chávez para permanecer unidos. No en vano Arias fue uno de los primeros connotados dirigentes del bolivarismo que se cruzó a la oposición en las últimas elecciones.

"Allí, a la cárcel, comenzó a llegar gente que nada tenía que ver con el grupo original. Él ya era un líder. Aquel discurso lo había catapultado, le llegaban cartas de todos lados, las mujeres se le ofrecían y le escribían diciéndole cosas irreproducibles. Allá comenzaron a ir Luis Miquelena, que fue un poco su padre político, José Vicente Rangel o Adina Bastidas, la dirigente estudiantil y actual ministra. Por ese entonces, su carácter comenzó a cambiar de posturas, debía hacerse lo que él decía, no admitía objeciones de ninguna índole", se lamenta Herma.

En sus visitas cada vez más frecuentes al penal de San Carlos, ella observaba las discusiones internas y los miembros del Movimiento que comenzaban a alejarse, hasta que un día le dije que "él era un líder y como tal debía sentirse triste si uno de sus hombres se iba, pero si se iban muchos debía replantearse ciertas cosas".

Chávez, en la mirada de Marksman, se sentía halagado, una especie de líder endiosado por las masas, fruto de ese verdadero "animal político" que es desde joven. Arias, por ejemplo, no era partidario de pertenecer a una fuerza política manejada "por un Mesías". Eso en lo político. En lo personal, la mujer que niega haber sido la Manuelita Sanz de Chávez "porque yo soy yo con mis virtudes y mis defectos" decidió un día tomar distancia después de varias discusiones a causa del comportamiento de Hugo en la cárcel.

"Un día voy y me lo encuentro firmando autógrafos. Le dije que eso no era correcto en un líder político y me enojé. Después me mando la esquela con la imagen de Mafalda", agrega.

Aquello, relata, era "un mundo" de mujeres. Yo veía cosas que aguantaba y nuestra relación no podía salir a la luz porque ciertas personas le recomendaban que no "era políticamente correcto, porque aún seguía casado formalmente". Por eso el 27 de julio de 1993, Herma salió del penal, lloró sus ojos a lo largo de los 70 kilómetros que separan San Carlos de Caracas y se decidió a adoptar la actitud de la que no se arrepiente hasta el día de hoy. "Escuché unas declaraciones radiales esa noche en las que hablaba maravillas de su esposa mediante una sarta de mentiras y dije basta".

Esta vez la carta la escribió ella pero no archivó la copia. En esas líneas le explicó los motivos de su alejamiento, que significaba alejarse del Movimiento, porque para ella estar en el MBR200 era estar con Chávez, y nunca más lo volvió a ver salvo por la televisión. Hoy dice que ya no lo ama y lo explica en términos de amor y de desamor, y se enoja mucho cuando observa el curso del Chávez presidente. Por eso jura que si lo tuviera enfrente le diría: "Me has defraudado. Este pueblo creyó en ti, tuviste todo en tus manos para cambiar realmente este país y lo botaste todo en función de algo que ni yo, ni muchos venezolanos entendemos. A ti Hugo Chávez, al de ahora, yo no te conozco".



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