Bimbo, algo más que un Gansito
Son las 6:00 en una oscura madrugada en San Pablo Xalpa. En la nave número 1, Salvador Álvarez y Andrés Zúñiga hacen los últimos chequeos al camión C5945, una de las 300 unidades entre tráileres, camiones y camionetas que todos los días comienzan el motorizado ajetreo matutino en las calles y avenidas aledañas a la Agencia Azcapotzalco. Don Chavita , como le dicen sus clientes, sabe con la certeza que dan 23 años en el oficio cuántos panes, pasteles y galletas debe entregar ese día a cada cliente. El abastecimiento no falla y, al final de la jornada, el empleado entrega cuentas en más de 10 segundos a través de la transmisión inalámbrica desde su handheld (computadora de bolsillo conectada a una antena procesadora en medio del almacén). La antena deposita los pormenores en la computadora de su jefe supervisor. La entrega del dinero colectado de tienda en tienda le lleva no más de media hora. Para darse idea de la importancia de una labor menuda, hay que recordar que la panificadora más grande de Estados Unidos, Interstate Bakeries Co, quebró primordialmente porque no supo decirle a sus inversionistas cuánto, qué y dónde vendía. "No estamos hablando solamente de un cambio de sistemas, se trata de una profunda transformación en la forma de entender, operar y administrar el negocio", dice el director de finanzas de la compañía, Guillermo Quiroz, sobre las herramientas electrónicas que hacen posible un control paso a paso del osito Bimbo. Así, por ejemplo, David Hernández, quien funge como jefe divisional de supervisores de Azcapotzalco, hace una rápida sumatoria en el programa Excel de las ventas reportadas en los canales tradicionales, es decir los "changarros", tiendas de conveniencia y las clásicas tienditas de la esquina, no hace más de 24 horas. En su austera oficina muestra el resultado en pantalla: se vendieron en total 211 mil 313 piezas, de las cuales poco más de 34 mil fueron Gansitos Marinela, seguidos en popularidad por los Triki Trakes y los Chocorroles en una región que abarca 30 kilómetros a la redonda del norponiente capitalino. El Sistema Interfase, aplicado en el programa de Windows, da cuenta del precio de cada una de las piezas vendidas, tiempo en estante, precio y cuándo y en qué tiempo se atendió cada uno de los 8 mil 263 puntos de venta. Los datos de Hernández, casi en automático, llegaron a las computadoras de las oficinas corporativas en donde se consolidó la información de todas las unidades de producción y agencias de distribución en México, Estados Unidos y América Latina. Simultáneamente, la información se "disparó" a la dirección de Finanzas, así como a la dirección de Producción y Logística, originando instrucciones precisas para la compra de las 120 materias primas que intervienen en la producción. De esa manera, Daniel Servitje, así como sus principales directivos, tienen prácticamente todos los días un estado financiero de las 73 plantas y 4 mil 500 productos que operan simultáneamente en México, Europa, EU y América Latina. Y tal es la aplicación práctica del Earning Resources Planning (ERP) en acción y en el que Grupo Bimbo ha destinado cuatro años en su montaje y aplicación, con una inversión de 40 millones de dólares en una plataforma montada por Sun-Oracle y que recibe mantenimiento por EDS. La información de cada tiendita, tiendas de conveniencia y supermercados se capta al momento mismo de la venta mediante el equipo de uso rudo handheld , la cual no sólo almacena y transmite, sino que además se conecta con una mini impresora para emitir el talón fiscal para cada comercio. Hace dos años en varias rutas de Bimbo se captaba la información manualmente que luego era transcrita a un reporte y para elaborar las estadísticas. "El problema de ello era que si, por ejemplo, no se había dado suficiente abasto, o si un producto no resultaba atractivo para la gente, nos dábamos cuenta de ello hasta el final de cada mes. Hoy lo sabemos todos los días", explica David Hernández a media mañana, durante una escala en su trabajo de supervisión de cada ruta a su cargo. Claro, el nivel de tecnología de información que hay en cada entrega no es, por supuesto, de la incumbencia de Vicente Martínez, dueño por más de 20 años de la miscelánea La Sorpresa, de Tlalnepantla, estado de México. Al que fuera alguna vez mecánico fabril le ocupa más que haya suficiente surtido y que además de las golosinas de Marinela y el Pan Bimbo, le abastezcan de la nueva "línea del hogar", tortilla, pan dulce y telera. Esta último es insumo básico para elaborar las gustadas tortas de jamón y pierna que vuelan todas las mañanas en el tendajón que no parece haber cambiado en las últimas dos décadas. Es el Super Bull, anteriormente de la cadena Matador, impulsado por Grupo FEMSA como una derivación de barrio de los minisúper OXXO. Al parecer, la resistencia presentada en los barrios y colonias al esquema Matador dio pie a un modelo diferente en el que FEMSA se asocia con microempresarios, como Gerardo Valseca, quien se encarga de operar el negocio y hacer los tratos con los proveedores mientras que la firma regiomontana se ocupa del arrendamiento y equipamiento de los locales en los que, evidentemente, es imposible encontrar una cerveza Corona o una Pepsi. Los repartidores de Bimbo y Marinela atienden con la misma tecnología a ambos extremos del negocio minorista pero no dejan de ignorar una grave desventaja de los changarros: la inseguridad que obliga a estos a poner rejas contra los asaltantes.
Casi al final
Guillermo Quiroz apunta que la panificadora más importante del continente lleva más de 95 por ciento avance en la aplicación de ERP, lo cual ha hecho una gran diferencia entre el anterior sistema y la manera en la que hoy arma negocios conforme a la información detallada día a día, agrega.
¿El fin de la historia?
A unas cuantas y empinadas calles de La Sorpresa, está instalado uno de los negocios que la jerga de los vendedores denomina como guerrilleros , es decir establecimientos de elevado estándar que las cadenas de conveniencia habilitan para ganar, cuadra por cuadra, la guerra a los estanquillos, changarros, tendajones y demás micronegocios familiares.





