Análisis. Perspectivas agrícolas para un mundo subnutrido
El año 2014 será importante en términos del combate al hambre en el mundo. Las estimaciones más recientes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indican que 842 millones de personas en el mundo, entre 2011 y 2013, estaban subnutridas, es decir, que no fueron capaces de alcanzar sus requerimientos mínimos de energía alimentaria.
En 2015 se cumple el plazo para el logro de las Metas de Desarrollo del Milenio (Millennium Development Goals, MDG) establecidas por la Organización de las Naciones Unidas en 2001. La meta, relacionada con el combate al hambre en el mundo, es particularmente interesante porque es alcanzable, pero requiere de un esfuerzo especial para materializarse durante 2014.
Dicha meta consiste en disminuir a la mitad el porcentaje de personas con hambre de la población total comprendida entre 1990 y 2015. Se estima que esta proporción que era de 24%, en el periodo 1990-1992, por lo que la meta para 2015 es llegar a 12%. De continuar la tendencia actual, llegaríamos a 2015 con una prevalencia de subnutrición o hambre crónica de 13%. Esto es, se requiere de un esfuerzo adicional para alcanzar la meta.
También de gran importancia para la alimentación en el mundo es que, a pesar de la fuerte disminución en la proporción de la población con subnutrición, se han disparado otras formas de dificultades alimenticias. Éste es el problema de la malnutrición, que incluye tanto a la desnutrición como a la sobrealimentación y a las deficiencias de nutrientes.
De acuerdo con la FAO, la carga para la sociedad, proveniente de la malnutrición infantil y materna, se ha reducido a la mitad en las últimas dos décadas, pero la relacionada con sobrepeso y obesidad casi se ha duplicado. La misma fuente indica que 2 mil millones de personas en el mundo sufren de una o más deficiencias de micronutrientes y que mil 400 millones de personas tienen sobrepeso, de las cuales, 500 millones son obesas.
Los costos de la malnutrición para la economía mundial son abrumadores. Se estima que 5% del PIB mundial se pierde cada año como consecuencia de la improductividad y por los costos directos de cuidado a la salud relacionados con la malnutrición. Esta situación implica un gran reto para la industria de alimentos y bebidas.
Aunque la tendencia hacia una alimentación cada vez más sana no es nueva, los problemas de malnutrición siguen aumentando. Por esta razón, cada vez será mayor la necesidad de contar con alimentos que permitan superar estos problemas. En este sentido, aparecerán diversas oportunidades de negocio para las empresas dispuestas a encontrar formas innovadoras de mejorar la situación alimentaria mundial. Así, el desarrollo de nuevos productos que prioricen la nutrición, así como las estrategias que logren encauzar varios eslabones de la cadena agroalimentaria con este fin, encierran grandes posibilidades de éxito.
Un ejemplo de estas estrategias es lo que hace el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) en su Programa de Alta Dirección para Empresas de la Cadena Agroalimentaria (ADEA), que responde a la necesidad de fomentar el liderazgo, la productividad y la competitividad de las empresas mexicanas de este sector, que representa alrededor de 8.6% del PIB nacional y genera el 15% del total de empleos en el país.
Para atender la creciente demanda alimentaria de los países emergentes, incluido México, la producción agroindustrial se tendrá que incrementar en 60% en los próximos 40 años. Esto significa un desafío de productividad que no podemos eludir.
*El autor es profesor del área académica de Entorno Económico del IPADE.





