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Athina se acerca a la mayoría de edad

Luz María Trejo/Kena| El Universal
Sábado 01 de julio de 2000
La heredera de la familia Onassis ha escapado del infortunio

La familia de Aristóteles Onassis había sido devastada por la muerte. La pareja original, formada por Aristóteles y Tina, murió de causa aparentemente natural, aunque todos sus allegados sospechaban que la muerte trágica de su hijo mayor Alejandro, los había afectado de manera terrible, tanto física como emocionalmente. Sólo quedaba Cristina, pero su destino no fue menos trágico que el de los demás.

Cuando Aristóteles Onassis murió, en marzo de 1975, su fortuna ascendía a más de 400 millones de dólares, según los cálculos más conservadores. De acuerdo con el testamento de Onassis, la mitad estaba destinada a la Fundación Alejandro Onassis, una institución benéfica establecida en recuerdo del hijo muerto, y la otra mitad era para Cristina, la única sobreviviente de la familia.

No era una herencia muy cómoda. Entrañaba la obligación de vigilar los múltiples negocios que fundara Onassis antes de morir y que incluían la compañía aérea Olympic Airways, una flota de barcos, numerosos hoteles, un yate y una isla privada: Scorpios.

Antes de morir, Onassis había ajustado cuentas económicas, en apariencia, con Jackie, su última esposa, de quien estaba ya separado para entonces. Se dice que había sido un ajuste hecho de acuerdo con el contrato de 100 páginas que la pareja había firmado al casarse.

Sin embargo, Jackie aseguraba que Onassis le había quedado a deber dinero, pero Cristina no quiso reconocer el adeudo y hubo algunas fricciones muy desagradables entre la viuda y la hija del multimillonario.



Una muchacha poco afortunada

Cristina Onassis era digna heredera de su padre. Era un manojo de extrañas contradicciones.

Había heredado de su padre la habilidad para los negocios y una mano tan férrea como la de él para manejar a quienes tenían a su cargo las diversas empresas familiares.

Por otra parte, era una joven llena de complejos y debilidades, que no tardó en hacer un gran lío de su vida personal.

Era evidente que se sentía ?fea? y eso le provocaba un terrible complejo de inferioridad en sus relaciones con los hombres. Desafortunadamente para ella, había heredado las facciones toscas de su padre y escuchaba con frecuencia cómo la comparaban desfavorablemente con su madre, que había sido muy bella.

Tenía también una cierta tendencia a engordar y ella quería mantenerse esbelta a cualquier precio. Iba de grandes atracones de comida a largas dietas de hambre, lo cual no favorecía de modo alguno su apariencia, ni su salud, ni su carácter.

Tuvo cuatro matrimonios, a cual más desafortunados. Los primeros dos fueron con hombres ricos, lo que la hizo suponer que se casaban con ella por amor y no por interés. Lo hizo siguiendo las instrucciones que su padre le había dado cuando todavía vivía. Tanto el primero, Peter Goulandris, como el segundo, Alejandro Andianis, eran hijos de ricos armadores griegos, que se movían en el mismo mundo de gente rica en el que Cristina se había desenvuelto siempre.

Sin embargo, ninguno de los dos matrimonios funcionó y ambos se quejaron de que Cristina era ?mandona? y prepotente, y les echaba en cara con frecuencia que tenía más dinero que toda la familia de ellos junta.

Desilusionada con los griegos, Cristina decidió casarse por tercera vez con un ruso que no tenía un clavo y que se la llevó a vivir a Moscú, a lo que ella llamaba ?una pocilga?. Por supuesto que dejó al marido ruso y escapó de su país, en cuanto pudo.



El último, tan malo como el primero

Cuando se casó con Thierry Roussel, un apuesto franco-suizo de formación cosmopolita, pero sin dinero, Cristina pensó que por fin había encontrado la pareja que buscaba. Thierry era culto, refinado, tranquilo y amable con ella.

La relación entre ellos fue bastante extraña. El le confesó que había estado apunto de casarse con otra mujer, de nombre Gaby, y Cristina insistió en conocerla y en hacerse amiga de ella. Quienes conocieron aseguran que era muy evidente que Cristina estaba loca por Thierry y que él simplemente la consecuentaba, mientras continuaba cultivando una amistad muy íntima con Gaby. Cristina estaba tan ilusionada con su nuevo matrimonio, que se embarazó por primera vez en su vida. Dio el nombre de Athina a su pequeña hija y pareció, por un breve tiempo, una mujer que había encontrado por fin la paz y la felicidad.



Nubarrones en el horizonte

Pero las cosas en el hogar de los Roussel no marchaban del todo bien. Cristina había vuelto a su obsesión por bajar de peso y las dietas la mantenían en un estado de continuo malhumor, que molestaba mucho a Thierry, un hombre que amaba mucho la paz y que no entendía los desplantes melodramáticos de Cristina, que como buena griega tendía a dramatizar todos los problemas.

Athina tenía poco más de dos años, cuando Cristina decidió que estaba harta de Thierry y le pidió el divorcio. Él aceptó la idea y se fue de la casa que compartía con Cristina, aunque siguió viendo con regularidad a su hija, Athina. Y Cristina continuó su amistad con Gaby.

Algunos meses más tarde, cuando la niña acababa de cumplir tres años, encontraron muerta a Cristina en su habitación. Se inició una averiguación policiaca inmediatamente, pero la autopsia reveló que Cristina había muerto, de manera natural, de un edema pulmonar.

Extrañamente, era el mismo diagnóstico que los doctores habían dado a la muerte de su tía Eugenia Niarchos, y a la de su propia madre Tina Livanos Onassis Niarchos, aunque en el caso de ellas la policía sospechaba (aunque nunca lo pudo comprobar) que ambas mujeres habían sido asesinadas por Stavros Niarchos, el que fuera marido de ambas primero de una, después de la otra.



La niña más rica del mundo

Los buenos oficios de Cristina habían incrementado la herencia que dejara su padre, así que al morir ella, su hija Athina, su única heredera (porque para entonces ya estaba divorciada de Roussel) se convirtió en la niña más rica del mundo.

Antes de morir, Cristina había dejado un testamento en el que determinaba que si ella faltaba, la inmensa fortuna de su hija debía ser administrada por un grupo formado por cuatro magnates griegos y el padre de la niña, Thierry Roussel.

Así garantizaba que éste no pudiera disponer a su antojo del dinero de su hija y que la fortuna le llegaría intacta al cumplir ella la mayoría de edad.

Sólo una parte de los intereses del capital -que sigue intacto- se entregarían a Roussel para la manutención y el cuidado de la niña. Por supuesto, esta ?pequeña? parte es suficiente para que Roussel y toda su nueva familia vivan muy cómodamente.

Thierry Roussel se casó con su vieja amiga Gaby y ha formado con ella lo que parece un sólido hogar.



Cómo vive Athina

Gaby y Thierry tienen tres hijos: Erick, Sandribe y Johana. Athina vive con ellos. Le dice ?mamá? a Gaby y considera como hermanos a sus hijos, aunque sólo sean medios hermanos suyos, por parte de su papá.

Viven en Suiza, en una hermosa casa rodeada de jardines y bien vigilada por un cuerpo de seguridad contratado por Roussel, lejos de las grandes ciudades.

Han transcurrido ya muchos años desde que Cristina Onassis muriera en 1988, y durante todos ellos hubo una continua lucha legal entre los cuatro griegos que se quejaban de que Athina no estaba siendo educada como una verdadera griega, y Thierry Roussel, que insistía en que le dieran más el control sobre el dinero de su hija y dejaran a ésta en paz.

En realidad, en todo ese tiempo Thierry Roussel ha demostrado ser un padre y una influencia positiva para Athina. En los reportajes que él ha permitido que se le hagan, es evidente lo sana y feliz que es su hija. A pesar de ser la niña más rica del mundo, no es la clásica ?pobre niña rica?. Athina lleva una vida perfectamente normal, como miembro de una familia bien integrada, con las costumbres y los privilegios de una jovencita con buenos recursos, y nada más. Tiene una relación muy estrecha con su hermana Sandrine, de 12 años (ella tiene 15) y comparte con ella la pasión por los caballos. El mayor placer de ambas es cabalgar juntas por los extensos terrenos de la propiedad campestre en la que viven.



A los griegos se les pasó la mano

En 1997, la policía suiza descubrió un complot de los cuatro griegos que vigilaban la fortuna de Athina Onassis, para secuestrar a la niña y, al hacerlo, obligar a su padre a someterse a los deseos de ellos.

Thierry Roussel se había quejado ante las autoridades del país de que había visto a desconocidos sospechosos rondando su propiedad. Fue esa denuncia la que desembocó en el descubrimiento del complot, ya que la policía apresó a uno de los sospechosos y lo hizo confesar cuáles eran sus intenciones.

El hombre formaba parte de un grupo de malhechores, que los griegos habían contratado en Israel para secuestrar a la niña.

Este lío desembocó en que un juez quitara a los cuatro magnates griegos cualquier intervención en la fortuna de Athina y la pusiera en manos de un fideicomiso formado por banqueros suizos que, para satisfacción de Roussel, administran el dinero, pero no intervienen para nada en la educación de la niña.

Athina está recibiendo una excelente preparación académica. Habla ya cuatro idiomas: sueco, el idioma de Gaby, que es el que se habla en la casa de los Roussel; francés, que es el idioma oficial del cantón suizo en el que viven; griego, que le fue enseñado por las hermanas de Aristóteles Onassis que la visitan con frecuencia, e inglés, que es obligatorio en su escuela.

Thierry lleva a su hija de vez en cuando a visitar la tumba de su madre en la isla de Scorpios (que en el curso del tiempo será propiedad de Athina), donde están sepultados todos los Onassis. Sin embargo, Athina considera a Gaby como su madre y Thierry asegura que su esposa la quiere tanto como a sus propios hijos.

Mientras llega a la mayoría de edad (eso sucederá en el año 2006), Athina sigue asistiendo a una escuela privada cercana a su casa, tal como lo hacen sus hermanos, y está siendo cuidadosamente educada, como los otros niños Roussel, por Gaby y Thierry, sin que nadie en la familia mencione nunca que ella es la niña más rica del mundo.



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