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Elija zapatillas para lucir y cuidar los pies

El Universal
Miércoles 17 de mayo de 2000
Si bien constituyen el sostén de nuestro cuerpo, damos poca importancia a los pies, y ello se traduce en diversas dolencias y molestias que al final sólo los deforman

Decía la escritora francesa de principios del siglo XX Julien Dunois que ?por los pies podemos saber si estamos en presencia de una dama o de una fulana; de una mujer fría o de una incansable amante, de una mujer enferma mentalmente o de una fantasiosa...?. Quizá exageraba. Lo cierto es que en la vida diaria a menudo se desdeña esa parte anatómica qué con sus 33 huesitos, 33 articulaciones y 19 músculos constituye el sostén del cuerpo y forma parte integral de la belleza y el porte de toda mujer. Encerrados en zapatos estrechos y de tacones altos, con frecuencia los pies son obligados a pasar largas jornadas soportando el peso corporal, de suerte que la presión ejercida sobre ellos equivale a ¡una vez y media lo que pesa la persona! Por eso hay que consentirlos como se merecen.

Ante todo, se aconseja que los zapatos sean medio centímetro más largos que los pies. Estos, cabe mencionar, siguen creciendo: entre los 20 y los 50 años de edad, la medida del zapato podría aumentar de medio número a un número (durante el embarazo, los pies pueden crecer hasta 25 por ciento ).

Por tanto, la próxima vez que compre un par, mídanse primero los dos pies (la mayoría de los mortales tiene uno más grande que el otro) y pidan la talla del más grande). Además, traten de probarse el calzado por la tarde, cuando generalmente los pies se hallan un tanto hinchados.

¡Ni qué decir del material: prefieran los zapatos de piel suave, la sintética y el charol no dan de sí ni aun después de mil puestas. Recuerden que el zapato adecuado es el que brinda comodidad: no roza ni aprieta.



Los tacones

Según los especialistas, los mejores zapatos son los de punta redondeada o ancha y tacón igualmente ancho, cuya altura no exceda los seis centímetros. Cuando se incrementa dicha altura, ?modificamos las curvas de la columna, sobre todo en el caso de los tacones tipo aguja, ya que el peso corporal se concentra en un solo punto sobre una superficie de milímetros. Esto ocasiona lesiones lumbares y el acortamiento de los músculos de la pantorrilla; de ahí que, al quitarnos los zapatos, sintamos dolores en esa parte?, previene Karen Ehrenwald, doctora de la Clínica de Terapia Física y Rehabilitación, y profesora en la Escuela de Fisioterapia del Hospital ABC.

Asimismo, ahonda nuestra entrevistada, "los zapatos con tacón de aguja, muy socorridos porque estilizan la figura y dan a las piernas apariencia más larga, ocasionan inestabilidad al nivel del tobillo, lo cual puede favorecer torceduras e inflamaciones."

Por otra parte, se provocan deformaciones específicas de los pies según el zapato que se utilice. Por ejemplo, el empeine se ve alterado por el uso de botas con tacón, dado que cuando más alta sea la bota y más pronunciado su declive, los pies tienden a encorvarse, refiere la doctora Ehrenwald.

Según la Comisión de Pie y Tobillo y la Sociedad Mexicana de Ortopedia, alrededor de 80 por ciento de las mujeres sufren molestias en la parte delantera del pie: juanetes, dedos amartillados, engarrotamiento de los dedos y prequeratosis o callosidades. Por si no bastara, también se presenta la alteración denominada ?quinto dedo?, o sea, cuando el dedo más pequeño se ?monta? en el siguiente. Algunos de estos males pueden ser hereditarios; pero muchos otros son producto del calzado: zapatos demasiado altos, justos, duros o apretados.



Males comunes

Entre los trastornos más comunes ocasionados por el calzado figura: Dedos amartillados o enroscados. Generalmente los zapatos con tacón alto terminan en una punta superangosta que aprisiona los pies y, por ende, las articulaciones de los dedos pequeños se enroscan. Si se llegan a contraer los tendones, los dedos pueden quedarse así para siempre. Muchas veces los ortopedistas prescriben ejercicios o plantillas para estirar los dedos; sin embargo, igualmente se puede amarrar al dedo contiguo con cinta adhesiva. Si la malformación causa dolor, los médicos recomiendan cirugía correctiva.

Juanetes. Los huesos abultados y salidos en la base del dedo gordo del pie son más frecuentes en las mujeres con pie plano o que ruedan los pies hacia dentro cuando caminan. No obstante, la mayoría de las veces la deformación se debe a la presión que ejercen los zapatos de tacón muy alto o demasiado apretados, sobre todo en la parte frontal. Si los juanetes se inflaman mucho, se recomienda aplicarles un poco de hielo. Pueden utilizarse plantillas especiales que estiran los dedos y calman el dolor, así como parches que evitan el roce del juanete contra el calzado.

Uñas enterradas. Constituyen el ?castigo? por usar zapatos demasiado apretados y cortarse exageradamente las uñas. Conforme va creciendo, la uña se va clavando en la piel y ocasiona inflamación y dolor intenso. Para corregir esto, se meten los pies en una tina con agua caliente jabonosa o con una solución salina durante 45 minutos todos los días. Luego se humedece un algodón con alcohol o con una pomada antibacteriana y se pasa suavemente por debajo de la uña para limpiar la parte inflamada y forzar a la uña a que crezca hacia arriba y no hacia los lados. De preferencia, habrá que calzar sandalias o zapatos abiertos de modo que no sean presionados los dedos. Para evitar que las uñas se entierren constantemente, conviene cortárselas en forma cuadrada ¡jamás por los lados o en forma circular! y llevar calzado holgado. Además, hay que limarlas y dejarles la cutícula, porque ésta las protege de bacterias (en vez de cortarla, se la puede ablandar con crema para empujarla suavemente con una toalla húmeda enrollada en el dedo).

Hongos. Se deben a un microorganismo que vive en la piel y se reproduce en condiciones cálidas y húmedas, en ocasiones favorecidas por un calzado que hace sudar los pies. Para eliminar los hongos, remoje los pies en una mezcla de dos cucharaditas de sal por medio litro de agua tibia durante 5 a 10 minutos, repita la operación cada día hasta eliminar el problema. Los dermatólogos aconsejan, asimismo, aplicar entre los dedos, empleando un algodón, una solución de cloruro de aluminio (al 25 por ciento ) y agua, la cual puede preparar el farmacéutico, o bien, una pasta de bicarbonato de sodio con agua para frotar la zona afectada. Desde luego, también puede recurrir a los fungicidas comerciales. .

(Información y fotos proporcionada por la revista ?Mujeres de Contenido?)



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