Conductor designado... ¿O resignado?
César se puso sentimental y empezó a mal copear; como yo era la única sobria del grupo, mientras apuraba mi refresco él se puso a contarme el tormento que vivía desde que Mariana lo dejó (poco le faltó para berrear en medio del antro). Me di cuenta de que mi amigo estaba un poco happy cuando me dijo: "Fernanda, ¡yo te quiero mucho, chaparra!, eres como mi hermana". La típica frase del borracho sentimental. Ana, mientras tanto, brincaba de una mesa a otra; platicaba cinco minutos con los amigos que encontró y cinco minutos con nosotros. Yo la veía desde mi silla, pero la perdí de vista por un instante: mi amiga se había resbalado y Tony la estaba ayudando a levantarse. La verdad, me dio mucha risa, porque a pesar de la caída, nunca soltó el martini y no derramó ni una gota de ese ansiado líquido. Rápidamente fui a preguntarle si estaba bien y me respondió: "Fer, no sólo estoy bien; estoy superfeliz" Valeria y Tony conversaban en la mesa, cuando me di cuenta de que a Tony se le iban los ojos, Es decir, parecía escuchar a Vale, pero miraba hacia el infinito. Después de mucho insistir, mis amigos aceptaron que nos fuéramos por ahí de las 3 de la mañana. César se puso mala copa; gritaba por la calle mientras íbamos hacia el lugar donde habíamos dejado los autos: "Dame las llaves de mi coche, yo manejo; ¿no ves que estoy bien? Ricardo no había tomado tanto, así que él se llevó el auto de César, y yo el mío. En mi carro la fiesta seguía, Alex se moría de la risa de todo, Valeria no dejaba de hablar del chico que se ligó, Ana no dejaba de repetir: "Mira Fer, yo no estoy borracha... Estoy festiva" Y Karen simplemente se quedó dormida en el asiento del copiloto. Repartirlos en sus respectivas casas no fue tan difícil porque todos vivimos por el mismo rumbo. El único problema era que parecía imposible sacar a Karen del coche, porque decía que el piso se le movía. A pesar de las copas, Alex fue capaz de cargarla y como ella traía llaves, yo abrí la puerta de su casa y la subimos hasta su recámara. Fuimos tan silenciosos, que los papás ni se enteraron. Después deposité a Alex, Valeria y Ana en las respectivas entradas de sus casas y me cercioré de que pudieran abrir la puerta y se metieran. A las cuatro de la madrugada por fin pude llegar a mi casa y al otro día tuve que explicar a mis papás por qué había llegado tan tarde. Me dijeron que no era chofer y que esperaban que no volviera a suceder. ¿Mi conclusión como conductor designado? Fue muy divertido ver cómo el alcohol va transformando a tus amigos (e imaginarme a mí misma, cómo me vería en esa situación, lo cual no me parece nada agradable). Por otra parte, me llegó a preocupar mucho el que Karen y César malcopearan. En mi opinión es imprescindible que alguien del grupo no beba, para garantizar que todos lleguen seguros a casa.





