Manuel Cid

. (Foto: El Universal )
En su hermosa cuadra El Retiro, ubicada en el fraccionamiento campestre Las Arboledas, Manuel Cid y Camas amansa potros y los adiestra para realizar las suertes y coreografías a las que se enfrentan los ejemplares de exhibición. -La doma y el entrenamiento son disciplinas paralelas con las mismas bases; la diferencia la hace el caballo -comenta el señor Cid con su peculiar acento andaluz. Es un excelente maestro, no sólo de equinos: en la pista, una pequeñita de año y medio cabalga confiadamente sobre un poney. -Es la menor de mis alumnas -declara orgulloso nuestro entrevistado. En compañía del señor Cid y de su esposa Marina Corral Varela (nieta del fundador del Club Hípico Español) recorremos las caballerizas y notamos que, en cuanto oyen la voz de Marina, los 17 corceles que moran allí asoman la cabeza. De improviso el ambiente se inunda de música. Los cuadrúpedos paran las orejas. -Todos los días les cambiamos el repertorio -refiere Mari na-. A veces les ponemos conciertos; otras, música mexicana, española... De este modo se relajan y habitúan a los ritmos para ensayar las coreografías-. Y aclara: -En realidad no es que ellos bailen, sino que el jinete coordina el movimiento de los caballos al compás de la música. Patinaje en cuatro patas: Los Cid se dedican al arte ecuestre desde hace 20 años. -Existe más de una veintena de suertes en las que se puede capacitar a los caballos -dice Manuel-, entre ellas están la corveta (andar del animal sobre las patas traseras) y la cabriola (salto que da el equino soltando un par de coces). Marina tercia: -Esta disciplina puede compararse con el patinaje artístico, pues los caballos requieren igual práctica y cuidados que un atleta: fortalecer sus músculos, equilibrar la alimentación y vigilar que no se lastimen las articulaciones. Además, deben desarrollar elasticidad, flexibilidad y potencia. Nacido en Jerez de la Frontera, España, a los 14 años de edad Manuel ya era uno de los jinetes distinguidos en la Escuela Real de Arte Ecuestre de Andalucía, con la que dio exhibiciones por Europa a lo largo de varios años. En 1978, durante una gira del equipo andaluz por la ciudad de México, la compañía invitó a caballistas locales a montar con ellos. Entre éstos se hallaba Marina. Luego de un breve noviazgo, los jóvenes se casaron y Manuel se quedó en México. Hoy son padres de Marina, de 18 años, y Mariola, de 15. La menor, igualmente apasionada del hipismo, participa con sus padres en competencias de entrenamiento. -Dentro del circuito de doma -explica el señor Cid- se organizan siete certámenes al año y una final nacional. En el de entrenamiento los clubes de La Joya, el del Estado Mayor Presidencial y de la Secretaría de la Defensa arman un circuito de 10 y procuramos participar en todos. Contenderíamos más a nivel internacional si los costos de traslado de cada cuadrúpedo no fueran tan altos (entre 20 000 y 30 000 pesos). Mientras acaricia "al viejo del grupo", un magnífico ejemplar que rebasa los 28 años de edad, el señor Cid concluye: -Los caballos son tiernos, inteligentes, cariñosos. Por eso cuando envejecen no los mando a los ranchos; la separación duele tanto como la de cualquier otro ser querido.





