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Para Rafita torear no es un juego

Guadalupe Domínguez| El Universal
Domingo 30 de abril de 2006
Rafita Mirabal sale al ruedo con becerros, pero la gracia y el porte se distinguen cuando enfrenta a animales de 170 kilos

Rafael Mirabal tiene nueve años de edad, estudia cuarto año de primaria y su materia favorita son las matemáticas. "En cambio, batallo mucho con el inglés", reconoce.

Parece un niño como cualquier otro, sólo que a sus pocos años ya lleva una vida llena de emoción, viajes exprés, entrevistas y las niñas que le piden autógrafos.

No es para menos, es el torero más pequeño del mundo y su fama ya rebasó no sólo las fronteras de su natal Aguascalientes, sino del país entero.

"Desde que tenía un año, mis papás me llevaban a ver corridas y espectáculos taurinos, para entretenerme. En lugar de películas para niños me ponían videos de corridas. Cuando fui creciendo, por supuesto, jugaba imitando a un torero. Mis juguetes preferidos eran una vaquita inflable y un capote a mi medida", recuerda.

Ya más grandecito ingresó a la Escuela Taurina de Aguascalientes, donde aprendía pases. Después de mucho insistir a sus padres, un día permitieron que le soltaran un becerro de verdad. Ahí parado, el niño, por entonces de unos seis años, retó al animal, sacudió el capote y puso en práctica lo aprendido con temple y entusiasmo, para sorpresa de los presentes quienes esperaban verlo huir.

Su primera actuación fue en la Plaza Monumental de Pachuca, donde ganó una oreja y los aplausos del público. Quizá por la disciplina a la que se ha ceñido, Rafita es muy formal, educado, propio para saludar y expresar sus ideas. Por momentos parece un adulto chiquito, sobre todo por los trajes que suele usar para atender a la prensa. Pero la chispa en su mirada y la inocencia de su sonrisa son como deben ser: frescas y tiernas.

Un día en su vida

Por la mañana, como todos los niños, Rafita sale muy temprano a la escuela, al volver a casa come y hace tarea. Para seguir con los toros, sus padres le pusieron la condición de sacar buenas calificaciones.

Por la tarde, va al parque o disfruta sus juegos de video o los robots armables que colecciona. Curiosamente, es por la noche, a partir de las ocho, cuando empieza su entrenamiento bajo las enseñanzas de Juan Ramírez.

En sus tiempos libres o en el recreo de la escuela, al niño le gusta jugar con sus amigos futbol americano. "Mis compañeros a veces me reclaman que mientras yo lidio con toros, doy autógrafos y recibo aplausos y besos de las niñas, ellos tienen que estar en sus casas, estudiando esto o aquello", cuenta.

Se lleva sus buenos porrazos

Unos 170 kilos pesan los becerros que Rafita enfrenta, y ya quiere torear "astados en forma". En vez de miedo, asegura que se siente orgulloso y afortunado de hacer lo que le gusta y además, que a su edad le paguen por ello. "Con una parte del dinero que he ganado, mi hermanita y yo compramos muñecos de peluche y el resto lo guardamos en una alcancía que me gané en una feria".

Cuando sale al ruedo, el público que no lo conoce pone cara de asombro y piensa que el niño simplemente sale a jugar vestido de torero.

Pero cuando con todo el temple de un torero el chico empieza a dar chicuelinas, derechazos y hasta saltos de rana, lo aplauden fuerte.

Rafita cuenta que no se ha librado de golpes y embestidas de los toros. El percance más reciente lo tuvo en la Feria del caballo de Texcoco, y horrorizó a los aficionados. Por suerte no pasó a mayores.

La presentación más reciente de Rafita ocurrió el pasado 15 de abril en la plaza de San Miguel de Allende, donde cortó orejas a un becerro y fue paseado en hombros.

Preguntamos a Rafita como cuál torero quiere ser de grande y responde que él no quiere parecerse a ninguno sino ser el mejor de todos. Por ahora, su favorito es César Rincón.

Además de los toros y el ambiente de la fiesta brava, el niño afirma que le hace mucha ilusión estrenar trajes, muy en especial los de luces que su padre y entrenador le ayuda a ponerse para cada faena.

Rafita tiene presente el festejo de este día. "Quiero desear felicidades a todos los niños por nuestro día y aprovecho para decirles que le echen ganas a aquello que les guste. Ser niño no es limitante para que tomemos nuestros sueños en serio". ¿A poco no habla como un adulto chiquito?



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