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El primer hotel de lujo de la ciudad de México

Gretel Zanella Arteaga| El Universal
Sábado 22 de enero de 2000
El primer hotel de lujo de la ciudad de Mxico

. (Foto: EL UNIVERSAL )

También albergó una de las más famosas casas de juego de la prerrevolución, la de Joaquín Alcázar

El hotel de Iturbide, también llamadó así durante un corto periodo. Fue el primero y el más elegante de la ciudad, asegura Rommel Scorza, coordinador de difusión y prensa de Fomento Cultural Banamex. Fue también el primero, en 1887, en tener elevador. "Aquí se hospedaba gente acaudalada, sobre todo viajeros comerciantes y, por lo general, extranjeros".

Por sus servicios cobraba de 6 a 40 pesos al mes. Contaba con habitaciones para todos los gustos y posibilidades y con la mejor fonda de la ciudad. El hotel de Iturbide permaneció en servicio desde 1855 a 1928, según datos proporcionados por Scorza. En los bajos del hotel funcionó, igualmente, una de las más famosas casas de juego de la prerrevolución, la de Joaquín Alcázar. Anterior y posterior a su ocupación como hotel, la residencia señorial ha tenido otros usos: Palacio de Iturbide Escuela de Minas, 1830.

Lotería de la Academia de San Carlos, 1844.

Cuartel de tropas yanquis, 1847.

Primer café cantante, 1869.

Sin fecha precisa se sabe que funcionó también como comercios en su planta baja y como vecindad.



Su arquitectura

"Enorme joya de piedra y tezontle encendido, que esplende con mil detalles escultóricos, labrado todo él con derroche de lujo, cincelado de arriba abajo como por un orífice fantástico(...) con un enorme portón esculpido con la delicadeza de un retablo, que luce bella y numerosa clavazón de bronce", lo describe de Valle Arizpe.

Dirigió la construcción del palacio un afamado arquitecto mestizo, Francisco Antonio de Guerrero y Torres, de los mejores de la Nueva España.

"Los carruajes entraban hasta el fondo, donde ahora está la biblioteca- por la puerta principal; en el entrepiso tenía sus habitaciones la servidumbre. El techo no existía, había arcos y pilares en los que también había habitaciones", señala Rommel Scorza. De la fachada barroca destaca la puerta tallada, la piedra esculpida finamente y sus trece balcones. En la lejana época virreinal los balcones en las casonas no debían faltar, pues la gente podía asomarse a sus anchas para observar la corte que se le hacía a algún virrey a su llegada a la Nueva España o las procesiones de los presos de la Santa Inquisición cubiertos con capuchas blancas y que eran expuestos ante el conglomerado de curiosos. Aunque se tuviese mucho dinero, si se era plebeyo en tiempos de la colonia uno no podía aspirar a poseer un palacio como el del Jaral del Berrio. Ese sólo era privilegio de la nobleza.

"Estas casas por lo general contaban con el escudo, la capilla familiar, agua corriente y un Salón de Dosel", explica Guadalupe Carrillo Gamboa, asesora de la coordinación ejecutiva de relaciones públicas de Banamex.

"El Salón de Dosel era, generalmente, el salón principal donde tenía que haber siempre un trono para recibir al rey de España cuando arribara a la colonia y visitara alguno de los palacios. Obviamente nunca vino el rey."



Función actual del palacio

Según Rommel Scorza, "cuando Banamex decidió adquirir el edificio, éste se encontraba en no muy buenas condiciones por todas las transformaciones que había sufrido en dos siglos; sobre todo el interior se tuvo que reconstruir mientras que la fachada se ha mantenido casi intacta".

En 1971, cuando se creó Fomento Cultural Banamex, se otorgó esta sede que también hace las veces de museo al presentar exposiciones temporales.

"Fomento Cultural es una asociación civil creada sin fines de lucro que se encarga primordialmente de difundir y promover la cultura y las tradiciones mexicanas, tanto en el país como en el extranjero", manifiesta Scorza.



?La Pelona?

Le han contado a Guadalupe Carrrillo una de las tantas leyendas que deben existir del antiguo palacio. Como a las tres de la mañana, cuando todo parece estar calmado y silencioso en el Palacio de Iturbide, se ha visto el fantasma de una niña pequeña rondando los pasillos y el patio del inmueble. Muchos creen que es el alma en pena de la nieta de los condes de San Mateo Valparaíso, María Guadalupe.

El Palacio de Iturbide, entre la verdad y el mito, es la memoria de una época, un patrimonio arquitectónico y anecdótico del México viejo que nos rescata de la vida agitada y moderna de esta metrópoli. El horario de visita es de lunes a domingo de 10 a 19 horas. La entrada es gratuita.



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