Guadalupe Loaeza, en su etapa francesa
Guadalupe, a quien sus allegados definen como "vivaz, intensa, dinámica, parlanchina, impuntual, amante del cine y la música", como toda "niña bien genuina", vive en las Lomas de Chapultepec, ahora con su segundo esposo, Enrique. Su elegante casa, de dos plantas, tiene balcón y está decorada con finos detalles mexicanos. Y desde hace poco, sobre uno de los muebles de la sala, luce enmarcada la Legión de Honor en forma de cruz que le confirió el 17 de diciembre pasado el gobierno galo, "por su gran amor y apoyo a Francia en todos los ámbitos, el cual ha quedado plasmado a lo largo de su trayectoria literaria y periodística", según dijo el embajador Philippe Faure la noche que se la entregó, durante una concurrida recepción. Vale decir que la Legión de Honor es una condecoración instaurada por decreto de Napoleón Bonaparte y desde entonces, casi tres centenares de mexicanos la han recibido, entre ellos, el chelista Carlos Prieto, la desaparecida actriz María Félix y los escritores Carlos Fuentes y Elena Poniatowska. Guadalupe tiene varias razones para estar ligada a Francia: su madre (ya desaparecida), Dolores Tovar de Loaeza, fue agregada cultural de la embajada de México en París en tiempos de su primo, el recién fallecido ex presidente José López Portillo. Además, la autora, séptima de nueve hermanos, ha viajado tanto a Francia, que seguro la conoce tan bien como a su propio país. Al referirse a la Legión de Honor que recibió, comenta: "Siento que Francia me correspondió el amor que le profeso. Ya estoy oficialmente casada con ese país, pero en lugar de anillo, me dieron la cruz." En su obra, ella aborda con frecuencia tópicos franceses, como lo hace en varios de los textos que conforman, Hombres ¿maravillosos? , libro recién publicado. Y recuerda que cuando niña, lacasa familiar se ubicaba en la calle de Río Nazas, frente al Instituto Francés de América Latina, y con frecuencia había un maestro de esa institución invitado a comer, y la charla versaba sobre algún libro, película o personaje galo. Al igual que su progenitora (el padre de Guadalupe fue Enrique Loaeza, abogado, maestro, diplomático y cofundador del PAN), Guadalupe estudió en el Colegio Francés, en el número 33 de la calle de Santa María la Ribera. En la entrada había un letrero que decía: Collège Français Saint Joseph. Pension pour Jeunes Filles. Con base en las últimas dos palabras, se apodaba a las alumnas como "yeguas finas", apelativo que la escritora retomó para titular su primera novela, publicada también hace poco. Llegó a vivir a casa de su hermana Natalia, casada con un francés, y a estudiar el idioma en la Alianza Francesa. De aquella estancia recuerda: "Iba a las excursiones que organizaba la Alianza a los museos, panteones, parques, iglesias y castillos, y hacía lo que muchas estudiantes para conseguir dinero extra: cuidaba niños". Muy pronto se convirtió en una solicitada guía de los compatriotas que llegaban a París, enviados por su mamá o recomendados por su hermana anfitriona. El itinerario que Guadalupe armó incluía el Museo de Louvre (donde muchas veces otros turistas se acercaban a escuchar sus apasionadas explicaciones sobre los pintores expresionistas), la Conciergerie, donde estuvo encarcelada María Antonieta antes de ser decapitada; la tumba de Napoleón, el mercado de pulgas y la Ópera. "A veces guiaba a personas muy cándidas, que me preguntaban cuál era la diferencia entre los vagones de primera y segunda clase del metro; les contestaba que en los de primera se llegaba más rápido al lugar de destino... ¡y me lo creían!", refiere entre risas. Por otra parte, más de un parisino quedó prendado de aquella mexicana enamorada de París: "Tuve mis novios franceses; me regalaban libros y me llevaban a cenar a bordo del bateau mouche , que navegaba por el Sena; uno de ellos era el hijo de un senador, con otro fui a ver el torneo de tenis de Roland Garros, otro me llevaba a las carreras de caballos, y otro era abogado." Año y medio después, muy a su pesar, la joven Loaeza regresó a México: "Llegué muy bien vestida, con una blusa anaranjada, un sombrero como de cowboy del mismo color y traje de gabardina. En el aeropuerto estaban mi familia, mis amigas y cuatro pretendientes."
Una ?yegua fina?
Guadalupe reconoce que la famosa frase del sicoanalista Santiago Ramírez "infancia es destino", en su caso es precisa: "Me crié en un ambiente totalmente francófilo; escuchaba música francesa desde que estaba en el vientre de mi madre, quien se sabía de memoria el discurso de Juana de Arco antes de morir en la hoguera", dice.
¡Oh la la, París!
A los 18 años, Guadalupe fue enviada a la Ciudad Luz, según la idea predominante por aquel tiempo, de que una estancia en tierras galas garantizaba cultura y estatus. "Mi madre decía que en Francia se le quitaba lo pelado a la gente; `allá te enseñan a caminar, vestir y comer`."
Su primer amor
La escritora se casó en primeras nupcias con Xavier Antoni, un francés a quien conoció durante las Olimpidas del 68, en las que trabajó como edecán; él es el padre de sus hijos Diego, Federico y Lolita.





