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Sopa una historia con sabor

José Luis Alarcón Vela| El Universal
Viernes 23 de enero de 2004
De fideos, espárragos o elote, lo cierto es que este descubrimiento revolucionó a la humanidad. Fue el primer alimento verdaderamente imaginativo y salvador de vidas

Seguramente Mafalda, aquella pequeña niña argentina creada por Quino quisiera que nunca se hubiese inventado, pero especialmente en esta temporada de fríos y bajas temperaturas, nada más benéfico y requerido a la hora de la comida que una buena sopa.

Pero poco se sabe de la procedencia de los caldos o las sopas, que hoy, sin duda, son parte fundamental de cualquier menú.

La historia reseña que en la Edad Media fue cuando la sopa obtuvo su aprobación para con el mundo.

Por aquellos días se tenían ollas en las que se hacían deliciosos potajes y caldos elaborados con habas, huevos, chícharos, calabaza, hinojos y sobre todo arroz; se sazonaban obsesivamente con canela, jengibre, azafrán y ajos.

Pero si nos remontamos a otros tiempos, fue con la invención del fuego, que infinidad de cosas empezaron a funcionar de otra manera, en especial lo referente a la comida y alimentación. En la cocina todo se facilitó y aquellos hombres primitivos, no pudieron imaginar y mucho menos disfrutar de ese descubrimiento que revolucionó a la humanidad.

La alimentación en otros tiempos desgastaba las muelas en bisel y se desarrollaban las mandíbulas en detrimento de la capacidad craneana. Las carnes y vegetales crudos se consumían muy duros, por ello, luego de la llegada del fuego se comenzaron a asar y más tarde a cocer, lo que originó que las personas vivieran más y tuvieran un bienestar individual apreciable.

Imagine, en una época muy antigua, el momento en el que a la mujer se le ocurrió meter un trozo de carne en agua caliente o calentada después para ablandarla y la cara de sorpresa que tuvo que poner al descubrir el caldo restante de la cocción, en ese momento, impreciso, se inventó la primera receta de cocina.

Quizá no fue como imaginamos, es posible que no fuera en un recipiente lleno de agua porque todavía no se había creado la necesidad de ese artefacto, de hecho se han encontrado, en sociedades primitivas como las de Nueva Guinea, donde se tenía la costumbre de calentar piedras al fuego, que se sumergían en un cuenco hecho en una piedra previamente relleno de agua y vegetales.



Caldos, rusos, griegos, hebreos...



En el libro de la historia de la alimentación, el doctor Gottschaalk señala que los caldos precedieron a las sopas. Se elaboraron de dos clases: caldos dulces, elaborados con vegetales frescos, en su estado natural, y caldos ácidos, obtenidos, ya sea con plantas ácidas, como las ortigas o por fermentación alcohólica o láctica.

De estas sopas ácidas ha sobrevivido el bortsch ruso o eslavo, que en la prehistoria fue una de las recetas más extendidas en toda Europa. Según Michel Caron y Ned Rival en su Dictionnaire des potajes , originalmente el bortsch se elaboraba a base de berzas que se acidulaba por medio de uñas de oso. Nada se sabe del arraigo de la sopa en los pueblos mesopotámicos, egipcios, fenicios, persas o sirios, por lo que algunos autores deducen que eran poco soperos, sólo hay constancia de los caldos hebreos que hacían hirviendo carne y cereales.

Los griegos sí eran más aficionados a los caldos, los cuales presentaban un aspecto muy claro y eran elaborados a base de cereales y algunos Aarhus de carne, pero el más famoso de todos era el caldo negro de Esparta. No se conserva la receta de este tipo de comida, pero estudiosos en el tema dicen que estaba elaborada con sangre de animales mezclada con vinagre y hierbas aromáticas y que no era comestible por su mal sabor.

Anatole France decía que si nadie igualaba a los espartanos en su desprecio a la vida en el campo de batalla era debido al caldo negro, ya que era mejor morir que probar la mezcla.



Roma, de gran tradición sopera

En Roma, ya desde tiempos remotos, los pastores tenían como plato principal y cotidiano una sopa de garbanzos que se acompañaba con otros productos de temporada como podían ser verduras, legumbres, frutas y queso. La plus era una sopa a base de trigo y otros cereales.

Un conocido historiador de aquella época y crítico de la sociedad romana denuncia el abuso de los cocineros con estas palabras: "Vosotros tomáis a los invitados por unas vacas sirviéndoles hierbas condimentadas con otros vegetales".

En la época decandente de Roma, la sopa se transforma en un alimento lujoso y lleno de fantasía. Ateneo, relata, en el banquete de los Sofistas una sopa hecha a base de pétalos de rosas donde explica que después de haber machacado bien unas rosas le añadió sesos de pájaros y de cerdos bien hervidos, tras haber eliminado de ellas hasta el más pequeño trozo de tejido criboso: "He añadido yemas de huevo y luego aceite, pimienta en polvo y vino. He picado muchos de estos ingredientes y los he mezclado bien. Luego he pasado todo este conjunto a una marmita la cual he sometido breves instantes a la acción de un fuego fuerte".

Lo cierto es que la sopa independientemente de refinamientos que muy pocos han podido saborear en el transcurso de la historia, fue el alimento que salvó a muchas personas del hambre, unas veces sólo hechas de pan y agua y otras con cereales y las menos con carne. La sopa fue y es el primer alimento verdaderamente imaginativo.



Sopa dorada, receta medieval

Otra receta medieval rescatada es la sopa dorada, cuya elaboración se realizaba en base a tostar unas tajadas de pan, agregarles una salsa a base de azúcar, vino blanco, yemas de huevo y agua de rosas. Una vez bien empapadas se freían y se les agregaba nuevamente agua de rosas; espolvorearlas con azúcar y azafrán.

Luego, fue Enrique IV quien inventó la gallina cocida. Se dice que era gordo, inteligente y sucio como pocos, su mujer María de Médicis se quejaba de su olor a ajo y su mal olor de pies. Pero, fue él quien inventó el tradicional caldo de gallina.

No podemos olvidar que actualmente tenemos una suculenta variedad de caldos y sopas que dan gusto a los paladares más exigentes, entre los que se encuentran la sopa de fideos, de tortilla, poblana, de chícharos, elote, espárragos. El majestuoso puchero de res, el caldo de habas, la sopa de médula, el consomé de pollo o el delicioso jugo de carne.



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