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Primera década del hotel-boutique

Laura Durango| El Universal
Jueves 08 de enero de 2004

Aunque siempre han existido hoteles pequeños con encanto, el concepto del hotel-boutique tiene apenas una década en México y está en pleno apogeo. Los arquitectos Cristina Téllez y Pablo Mondragón, desde TDM, su despacho en la Condesa, han sido precursores de esta nueva modalidad turística de lujo que atiende las exigencias de un cliente "que desea consentirse".

Jóvenes pero con una larga trayectoria nacional e internacional, Cristina y Pablo comentan cómo la restauración, remodelación y construcción hotelera ha sido una pauta continua en los 10 años que llevan laborando juntos. El tercer socio, Juan Doménech, se encuentra en España preparando una maestría.

"Nuestro primer proyecto fue la remodelación del Hotel Costa Careyes en Jalisco como hotel boutique. Se trataba de un hotel olvidado de los años 70 que rehabilitamos y cambiamos todo su diseño interior".

Poco después, también en la costa de Jalisco, levantaron desde cero el Hotel Tamarindo, que hoy cuenta con 30 habitaciones tipo bungalow frente al mar. A continuación, se aventaron en la total restauración y diseño arquitectónico interior de cuatro haciendas en Yucatán, cuyo resultado se exhibe en la portada de uno de los catálogos más populares sobre haciendas mexicanas: el Hotel Hacienda Temozón.

Dadas las dimensiones de estas haciendas, podría pensarse que no se trata de hoteles boutique. Al contrario. Como ellos explican, "estos hoteles son pequeños en número de habitaciones, pero son grandes en extensión".

La idea, según Cristina, es que "te sientas invitado en una casa con dueño, en un ambiente espacioso pero íntimo y único". Por ejemplo, estas haciendas no sirven sus platillos en un restaurante sino en el salón de la casa, donde son atendidos por personal local y la comida es preparada por los mejores cocineros de la zona.



Nada se repite

Por su parte, Pablo Mondragón resalta otras características de los hoteles boutique: "No existen patrones de repetición en las habitaciones. Cada cuarto es distinto y por eso el trabajo es más complicado pero más satisfactorio, ya que son lugares de alto diseño con estilos variados y atmósferas diferentes".

Como arquitectos, los encargos boutique "son un género muy atractivo que nos gusta porque lucen mucho y por la promoción que suponen las visitas".

A menudo, prosigue Pablo, los elementos de distinción de estos hoteles residen en los baños, en los detalles, en el mobiliario. La sofisticación, sobria o barroca, es la norma, igual que la tranquilidad. "Se trata de rincones de descanso pensados para los adultos, sean parejas, profesionales o grupos de amigos que ansían una experiencia relajante con las máximas prestaciones".

El paso de Cristina por el despacho de Ricardo Legorreta tras sus estudios en la Universidad Anáhuac ha sido un factor clave en la expansión internacional de TDM. "Mantenemos muy buena relación y Legorreta nos llama para proyectos asociados en el extranjero que nos están abriendo camino fuera", asegura esta joven bilingüe en alemán.



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