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Dulce calabaza

Araceli López| El Universal
Viernes 24 de octubre de 2003
Un platillo que no puede faltar en los altares de Día de Muertos.

La calabaza en dulce elaborado con miel de piloncillo, canela y algunos frutos como la guayaba, no puede faltar en el altar de Día de Muertos. Este tributo al alma de los difuntos y al paladar de los vivos es fundamental en las celebraciones del mes de noviembre.

En la antigua Tenochtitlán, la calabaza era hervida por los indígenas sólo en agua, y consumida sin ningún otro ingrediente. Por fortuna, con el ingenio de los mexicanos, el sabor y la apariencia mejoraron considerablemente. Hoy, la preparación en tacha es una de las más populares en noviembre.

Este dulce surgió en las antiguas máquinas del ingenio azucarero, donde se concentraba el guarapo (jugo de caña de azúcar exprimida) en dos calderas cónicas colocadas sobre un horno (mancuerna). Una de las calderas era la "melera" y la otra la "tacha".

La calabaza era introducida en un cesto de palma que se confitaba en las calderas de la "tacha"; de ahí el popular nombre con el que se le conoce hasta nuestros días.



Deliciosa en tacha

Ten a la mano una calabaza de castilla de tamaño mediano, previamente lavada.

Haz varios agujeros pequeños en la fruta.

Aparte disuelve un poco de cal en tres litros de agua y sumerge la calabaza durante una hora; sácala y escúrrela.

Hierve piloncillo, la cantidad dependerá de cuán dulce lo prefieras, y unas rajitas de canela en cuatro tazas de agua hasta que forme una miel espesa.

Sumerge la calabaza en la miel de modo que se impregne por dentro y por fuera. Saca el fruto, fórralo con papel aluminio y colócalo en un refractario. Hornéa durante dos horas o hasta que haya alcanzado la cocción deseada. Sírvela cortada en trozos al gusto.



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