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Lámparas Tiffany, destellos de color

El Universal
Jueves 04 de septiembre de 2003
Hace tiempo, este elemento decorativo constituía un lujo; sin embargo, ahora los precios se han ajustado y hasta un niño puede tener uno en su recámara

Tener una lámpara Tiffany era antes un signo de distinción y buen gusto. Un capricho caro que muy pocos se podían permitir. Ahora están al alcance de todos los bolsillos. La atracción que atesoran es bien merecida, pues sus originales diseños y la mezcla de colores conquistan a la primera mirada.

El apellido Tiffany refleja en la mente de todos una imagen vinculada al lujo, a las gemas y piedras preciosas. La familia Tiffany dio nombre a la célebre joyería de la Quinta Avenida de Nueva York, pero también a las conocidas lámparas de cristales multicolores. Louis Comfort Tiffany es considerado como el representante estadounidense más popular del modernismo por la técnica que utilizaba sobre el cristal para recrear piezas de Art Nouveau , con un sólido trabajo artesanal.

Fue hijo de uno de los hombres más ricos y legendarios de Estados Unidos, Charles Louis Tiffany, el célebre joyero, de quien aprendió a amar el arte, aunque su dedicación evolucionó por otro camino.

Las piezas que diseñó no eran para engalanar las manos o el cuello de una señora, la decoración de interiores ocupó su vida. Aunque sus diseños de lámparas le han permitido pasar a la historia.

Candelabros, cristaleras, jardineras, espejos y zócalos son algunos de los objetos que también diseñó.



Viajes y colecciones

La pintura y el dibujo fueron las expresiones artísticas con las que el más joven de los Tiffany participó en la Exposición Universal de Filadelfia (EU), en 1876. Su interés por la arquitectura, el arte ornamental y la cerámica surgió en sus numerosos viajes de estudio a países europeos como España y a otros del Norte de África y del Lejano Oriente, en los que se interesó por la cultura árabe y japonesa, así como por la época del románico. Es entonces cuando comenzó a coleccionar vasos, vajillas y otros objetos de cristal, además cuando inició su pasión por las cristaleras medievales de las iglesias.

Cuando regresó de sus viajes, Tiffany se dedicó a la arquitectura interior en un estudio desde el que difundió un nuevo estilo de decoración y de vida, así lo demostró en los encargos que recibió para la villa del autor de Las Aventuras de Tom Sawyer , el también estadounidense Mark Twain, y para la Casa Blanca en Washington.

Tiffany comenzó a trabajar con mosaicos y a desarrollar nuevas técnicas para que el cristal dejara pasar más luz de la que permitía el método que se empleaba desde la Edad Media, el de pintar de forma directa sobre el material.

Creó mezclas de colores que dieron lugar a un producto más luminoso que el que existía hasta entonces y con el que su compañía, abierta en 1885, realizó cristaleras para iglesias, sinagogas y casas particulares.



Encuentro crucial

Su encuentro con el inventor de la bombilla eléctrica, Thomas Alba Edison, fue decisivo en su carrera, las conversaciones con él lo motivaron a crear un diseño novedoso: una pantalla de cristal de colores para lámparas, para dar un tono más cálido a la luz artificial.

Las lámparas han sido objeto de múltiples y vulgares falsificaciones que se descubren al primer golpe de vista. Son objetos deseados por coleccionistas, Max Kohler de Zurich (Suiza), es una de las personas que más piezas atesoran, algunas de las cuales llegan a los 2.8 millones de dólares. Lo curioso es que pese a su valor actual, mucho antes de que se consideraran piezas cotizadas, los comerciantes no pagaban hasta que no vendían la creación y en caso de que esto no sucediera las devolvían, y Tiffany las destruía. Eskriss es una de las empresas que fabrica lámparas Tiffany con la dedicación y las técnicas tradicionales del siglo XIX. "Lo principal en el proceso de fabricación es que las soldaduras queden perfectamente ajustadas de tal manera que no quede ninguna fuga de luz, por esta razón se realizan todas de forma artesanal", comenta Juan José García, gerente de la firma.

Según García, el cliente no merece imitaciones. "Hace años no todo el mundo podía acceder a una Tiffany, hoy en día los precios se han ajustado y hasta un niño puede tener en su habitación una divertida lámpara como decoración".

Los cristales que se utilizan son piezas de colores cortadas, pulidas y modeladas a mano. "Artesanal no se debe equiparar a tosco. El cristal tiene que estar limpio, por ello se corta de manera especial", dice.

Uno de los aspectos más cuidados es el diseño. "Primero se pinta con todo lujo de detalles y se realiza una combinación de colores que no resulte estridente, a pesar de incorporar tonos intensos".

A pesar de su delicada estructura los diseños Tiffany no necesitan un cuidado especial. (EFE )



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