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"Bordamos por la paz"

Thelma Gómez / Enviada| El Universal
Domingo 29 de julio de 2012

Todos los jueves un grupo de mujeres se reúnen a las 10 de la mañana en el quiosco Lucila Sabella, frente al Palacio Municipal de Monterrey. Una manta sintetiza su labor: "Bordamos por la paz" Julio César Aguilar/El Universal

Hace unos meses, estas mujeres no se conocían. A sus hijos los secuestraron, se conocieron en los ministerios públicos, en grupos de derechos humanos o cuando llegó a Monterrey la marcha del Movimiento por la Paz Julio César Aguilar/El Universal

Juntas bordan pañuelos dedicados a sus hijos, pero también a otros desaparecidos y a personas asesinadas en Nuevo León Julio César Aguilar/El Universal

En varias ciudades del país y el extranjero existen grupos que han tomado los aros, la tela y los hilos para unirse en un movimiento ciudadano bautizado como “Bordamos por la Paz” Julio César Aguilar/El Universal

Con los bordados buscan construir un gran memorial de agravios de este sexenio. Es una forma de dejar registrado, de manera física, tangible, lo que ha sucedido en el país Julio César Aguilar/El Universal

También hay grupos bordando en la Ciudad de México, Cuernavaca, Morelos; Puebla; Ciudad Juárez, Chihuahua; Toluca, Estado de México; además de países como España, Alemania y Japón Julio César Aguilar/El Universal

Buscan reunir todos los pañuelos hechos en el país y el extranjero para hacer una ofrenda monumental el próximo mes de noviembre en Guadalajara. También planean un acto de protesta en el zócalo para exhibir los bordados Julio César Aguilar/El Universal

ACTO. Las madres de desaparecidos llegan todos los jueves al quiosco Lucila Sabella, Monterrey, NL, para bordar pañuelos dedicados a sus hijos asesinados o desaparecidos. (Foto: JULIO AGUILAR )

Familiares de víctimas asesinadas y secuestradas se reúnen para bordar mensajes de esperanza y justicia, ante la violencia

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MONTERREY.- Todos los jueves están aquí. Se les encuentra después de las 10 de la mañana. Quien las mire por primera vez podría pensar que estas mujeres sólo se reúnen para pasar el tiempo entre aros, hilos y telas. Pero no. Quien se acerque un poco más podrá observar los pañuelos bordados que cuelgan en el tendedero improvisado. Quien se atreva a detenerse y leer entenderá porqué estas mujeres llegan todos los jueves al quiosco Lucila Sabella, frente al Palacio Municipal de Monterrey. Sabrá por qué ellas bordan.

ROYEstudiante de la UANL. Secuestrado el 11 de enero 2011.”Mi niño te coloco en las manos de Dios. Te esperamos pronto, muy pronto. Fuerza.Tu mamá y Richi”

A un lado de esos pañuelos hay una manta grande, blanca, donde las letras en rojo y escritas en punto de cruz sintetizan lo que estas mujeres y varios jóvenes hacen en el quiosco: “Bordamos por la paz”.

Hace unos meses, estas mujeres no se conocían. A sus hijos los secuestraron cuando salían de la universidad, cuando estaban de paseo, cuando caminaban por un parque o un día salieron a trabajar y no regresaron. Son madres de desaparecidos y se conocieron en los ministerios públicos, en grupos de derechos humanos o cuando llegó a Monterrey la marcha del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Juntas denuncian, investigan, buscan en los Servicios Médicos Forenses; toman talleres sobre estrategias de búsqueda; piden al Ministerio Público que envíe sus muestras de ADN a otros estados, que manden las fotografías de sus hijos a los hospitales psiquiátricos y los reclusorios. Y ahora, juntas bordan pañuelos dedicados a sus hijos, pero también a otros desaparecidos y a personas asesinadas en Nuevo León.

“Queremos que no se olvide que hay desaparecidos, que mucha gente ha muerto. Que cualquiera que pase por aquí vea los pañuelos y se entere, que sepa lo que sucede”, dice Irma Leticia Hidalgo. A su hijo Roy Rivera lo secuestraron el 11 de enero de 2011. A Irma le hablaron por teléfono, le pidieron rescate. Ella pagó, pero ya no supo nada de su hijo. “Estaba por cumplir 19 años. Ahorita debe tener 20”.

María de Lourdes Huerta cuenta su historia mientras da las últimas puntadas al pañuelo que lleva la foto de su hijo Kristian Karim Flores Huerta, de 24 años. Él, junto con su cuñado Martín Alejandro Viola, salió a trabajar el 12 de agosto del año 2010. Laboraban para Fletes Garza y tenían que hacer varios repartos, algunos en Piedras Negras, Coahuila. No regresaron a su casa. “No hubo llamadas, nada. Simplemente desaparecieron con el mueble (camión) de la empresa”.

Blanca Silvia Navarro también busca a su hijo Luis Alberto Navarro, ingeniero industrial de 30 años. Hombres vestidos como soldados se lo llevaron a él y a cuatro más el 23 de mayo de 2010. Estaban en un paseo familiar, celebrando el cumpleaños de la madre de uno de ellos, en la Presa de la Boca, en de Santiago, Nuevo León.

“Cuando bordamos es como si estuviéramos con ellos, como si los estuviéramos acompañando. Es un acompañamiento”, dice Irma sin dejar de bordar el pañuelo dedicado a otro desaparecido.

Cuando estas mujeres comenzaron a bordar, se les unieron estudiantes universitarios, compañeros y amigos de sus hijos, así como otros habitantes de la zona metropolitana de Monterrey, Nuevo León, —que, en los últimos años, ha visto cómo los enfrentamientos, desapariciones, narcobloqueos, asesinatos, fosas clandestinas y atentados comenzaron a ser cotidianos.

Quienes bordan en Monterrey no son los únicos que hacen pañuelos para los desaparecidos y muertos durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa. En varias ciudades del país y el extranjero existen grupos que han tomado los aros, la tela y los hilos para unirse en un movimiento ciudadano bautizado como “Bordamos por la Paz”.

MAGALY SUSANA JIMÉNEZ MORENO 6 de marzo 2012, en Lagos de Moreno, JaliscoJoven de 21 años secuestradacon violencia a las puertas de la fábrica donde trabajaba.Un día después sucuerpo fue descubierto en un paraje envuelto en bolsas de plástico negras.

La idea de bordar pañuelos como un acto de protesta surgió entre los miembros del Colectivo Fuentes Rojas, un grupo de artistas plásticos que en el año 2011 tiñeron de rojo varias fuentes del país, entre ellas la Diana Cazadora, como una metáfora de la sangre que se ha derramado por la llamada “guerra contra el narcotráfico”.

Alfredo López Casanova, escultor y miembro del colectivo, explica que bordar los nombres de los asesinados y desaparecidos es un acto que busca “asumir el dolor de los otros en un objeto concreto y provocar la reflexión durante el bordado”.

Con los bordados buscan construir un “gran memorial de agravios de este sexenio. Es una forma de dejar registrado, de manera física, tangible, lo que ha sucedido en este país”.

Los miembros del Colectivo Fuentes Rojas comenzaron a bordar en el centro de Coyoacán y a un lado de la Torre Latinoamericana, en el Distrito Federal. Pronto su idea comenzó a echar raíces en otras partes.

Por ejemplo, en Guadalajara, Jalisco, donde todos los domingos, en el Parque Rojo se reúne uno de los grupos más grandes y activos de “Bordamos por la paz”. Ahí, la iniciativa fue abrazada por María Eugenia Camacho, Margarita Sierra y Teresa Sordo. Hace cuatro meses comenzaron a bordar los nombres e historias de los asesinados y desaparecidos en el país.

“Hace años mi madre bordó mi nombre en una sábana y probablemente bordaba las iniciales de mi padre en sus pañuelos. Bordar un pañuelo es un acto de amor, de reconocimiento”, escribe Teresa Sordo en el blog de “Bordamos por la paz”. Ahí cuenta: “Compramos 60 pañuelos en los que relatamos la violencia de solamente dos y medio días. Nos lleva tres horas bordar un pañuelo. En México cada 40 minutos ocurre un crimen violento… Bordamos, tal vez, porque unas manos pueden transformar las cosas y necesitamos transformarlas en cosas bellas porque ya muchas manos trabajan en hacer lo detestable, lo innombrable, lo incomprensible”.

Cada domingo, Teresa Sordo y los bordadores de Guadalajara montan tendederos y cuelgan los pañuelos. Cada domingo llega un nuevo voluntario a bordar. Cada domingo llega alguien que les solicita bordar un pañuelo para su amigo, su padre o su hermana. Así lo hicieron los policías y soldados que llegaron al parque y preguntaron si había pañuelos bordados dedicados a sus compañeros muertos.

Hace unas semanas, Teresa recuerda que llegó una niña delgada, de cabello largo y oscuro. Tenía unos 11 años. La niña se bajó de su bicicleta color rosa para leer los bordados. “Se acercó y me dijo que ahí estaba el pañuelo dedicado a su papá. Me preguntó si le podía dar un pañuelo, porque ella quería escribirle algo. La niña se lo llevó. Aún no sabemos qué bordó. Yo creo que un domingo de estos regresará para enseñarnos lo que le escribió a su papá”.

El padre de esa niña fue una de las 26 personas asesinadas en noviembre de 2011, y cuyos cuerpos fueron abandonados en la Glorieta Arcos del Milenio, en Guadalajara, Jalisco.

Al grupo de bordadores del Parque Revolución ya se unieron sicólogos de la Universidad de Guadalajara. Ellos dan terapia a familiares de personas asesinadas o desaparecidas que se acercan al lugar, como lo hizo la mujer de alrededor de 30 años que llegó con sus cuatro hijas a leer los pañuelos.

A su esposo lo secuestraron. La familia no pudo juntar el dinero que pidieron los plagiarios y una semana después encontraron el cuerpo calcinado en una brecha. “Ella nos pidió que bordáramos un pañuelo para su esposo, pero después de hablar con los sicólogos, nos dijo que ella lo iba a bordar”, recuerda Teresa.

Los nombres y las historias que se bordan en pañuelos son tomados de una lista titulada “Menos días aquí”, la cual fue realizada por el equipo del sitio de internet Nuestra Aparente Rendición, quienes se han dado a la tarea de hacer el conteo nacional de muertos a causa de la ola de violencia, utilizando información publicada en diversos periódicos del país. Tan sólo del 12 de septiembre de 2010 al 16 de julio de 2012 han documentado 28 mil 828 personas asesinadas.

A Teresa no le han matado ni desaparecido a nadie cercano. Pero ella siente que el dolor de otros también es el suyo. “Nosotros bordamos para llevar consuelo a las familias afectadas y para esa sociedad que tiene miedo de salir a la calle. Miedo a reconocer que todos somos vulnerables, que a todos nos puede pasar”.

Nadie sabe a ciencia cierta cuántos pañuelos bordados se han realizado en los últimos meses. Lo que sí sabe Alfredo López Casanova es que ya son más de mil. Los indígenas desplazados de San Juan Copala bordaron los lienzos de sus 28 muertos.

En Guatemala, Argentina y Nicaragua están bordando los pañuelos dedicados a los 72 migrantes asesinados en Tamaulipas en agosto de 2010.

Las manos de habitantes del Distrito Federal bordaron telas por los 49 niños que murieron en el incendio de la guardería ABC en junio de 2009.

También hay grupos bordando en Cuernavaca, Morelos; Puebla; Ciudad Juárez, Chihuahua; Toluca, Estado de México; además de países como España, Alemania y Japón.

Teresa Sordo confía en que alguien se atreva a bordar en Sinaloa o en Tamaulipas. “Dos de los estados de los que más nombres tenemos, pero hasta ahora nadie está bordando ahí”.

En Coahuila, otra de las entidades con mayor número de asesinados y desaparecidos, ya comenzaron a bordar. “No bordan en un lugar público, por miedo, pero ya empezaron, y eso es algo bueno”.

Alfredo López dice que el proyecto también busca recuperar los espacios públicos. “Vencer el miedo y salir a la calle, como lo están haciendo las bordadoras de Monterrey”.

La idea de los bordadores es reunir todos los pañuelos hechos en el país y el extranjero para hacer una ofrenda monumental el próximo mes de noviembre en Guadalajara. También se buscará hacer un acto de protesta en el zócalo para exhibir los pañuelos antes de que termine el actual sexenio.

LEOPOLDO VALENZUELA ESCOBAR 5 de febrero 2011Durango, DurangoMurió asesinado cuando intentaron secuestrarlo y se defendió. Cuatro meses atrás escribió una carta al gobernador, ya que solicitaba ayuda para encontrar a su hijo desaparecido.

Las mujeres bordadoras de Monterrey no conocen a nadie del Colectivo Fuentes Rojas ni a Teresa Sordo. Ellas se enteraron del proyecto “Bordamos por la paz” a través de Facebook.

Las madres de Monterrey fueron las que propusieron utilizar el hilo rojo para los pañuelos de las personas asesinadas y el hilo verde para bordar los lienzos dedicados a los desaparecidos, porque ese color representa la esperanza de que encontrarán a sus hijos.

“Cuando supimos del proyecto decidimos empezar a bordar los pañuelos de nuestros hijos. Para nosotros ha servido como una terapia”, comenta Irma Leticia Hidalgo.

María de Lourdes asegura que esta es una forma “de tomar fuerza para seguir buscándolos, para saber que no estamos solas en esto”.

Mientras ellas bordan en el quiosco Lucila Sabella, un hombre con guantes de trabajo rudo, pantalón y camisa de mezclilla se detiene para mirar las telas que cuelgan en los tenderos improvisados. Lee con atención. Estira uno de los pañuelos para leer mejor. Respira profundo. Se alejan con paso lento, cabizbajo. El último lienzo que leyó dice:

GUSTAVO ACOSTA1 de septiembre del 2011Se despertaron con el sonido de disparos afuera de su casa en Apodaca, Nuevo León. Varios miembros de la Marina golpearon la puerta. Gustavo abrió, los hombres preguntaron por qué les había disparado. Gustavo respondió que no tenía armas y que había niños dentro de la casa. Uno de los oficiales le disparó en la cabeza. Su padre y su hermano dicen haber sido testigos del asesinato.



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