Saca jugo al erizo para vender como bebida exótica

INGRESO. Óscar asegura que a los infantes de Marina les gusta mucho su jugo de erizo. (Foto: HORACIO ZAMORA )
VERACRUZ.- La falta de empleo orilló a Óscar Camareno Grajales a buscar una fuente creativa de ingresos. Lo encontró haciendo jugos, pero no de frutas o verduras, si no del erizo, animal típico del mar de este puerto.
Su producto que, asegura, es afrodisiaco, lo extrae directamente del animal sin cocinar, hervir o condimentar, y sus clientes más frecuentes son los chinos y los miembros de la Marina.
Ante la mirada sorpresiva de los turistas y pobladores que no se atreven a probar lo que comercializa, Óscar cuenta en tono de orgullo que el producto le ha dado para vivir a él y a su familia.
Empezó como “sacamonedas”
Hace 15 años, Óscar se sentó desesperado viendo al mar pensando cómo iba a sobrevivir en la vida. Al ver el golfo de México frente a él supo que en el mar estaría la forma de mantenerse, cuenta.
Primero empezó como “sacamonedas” en el malecón de Veracruz; junto con otras personas esperaba a los turistas, los invitaban a aventar el dinero al agua y luego se arrojaba a sacar el peso que le quedaría de propina, cuenta.
Al paso del tiempo se fue a bucear frente a la playa conocida como “el acuario viejo”, donde encontró la opción exótica de vender jugo de erizo.
En las aguas bajas, al sumergirse, encontró estrellas de mar, conchas y erizos. Todo lo vende, sin embargo, explica, el producto que más le demandan es la bebida que saca de las entrañas del ponzoñoso animal, lo que él llama “el afrodisiaco jarocho”.
Por el Muelle de la T, cerca de la Tercera Zona Naval, el ir y venir de buques de guerra, infantes de Marina, soldados y cadetes es constante. Es el día del festejo en Veracruz. Óscar Camareno y su hijo aprovechan para tener ventas.
En un pequeño espacio, cerca del Monumento a los Marinos Caídos, tiene su puesto. Con orgullo muestra el líquido que, asegura, “levanta hasta un muerto” y que constantemente le solicitan los marinos, afirma.
Aunque el jugo de erizo se vende en restaurantes, ahí lo ofrecen en forma de caldo. Pero Óscar es más práctico. Su hijo se sumerge al agua de donde emanan olores a drenaje, sale con los erizos y las manos espinadas.
De ahí, el hombre toma su cuchillo le hace un hoyo en la parte superior, como si fuera un coco, y le sustrae el líquido que va a caer a un vaso de plástico desechable.
Bajo el intenso sol y en una temperatura de más de 36 grados las bebidas esperan sobre la banqueta en fila a precios que van desde los 30 hasta los 40 pesos. Todos se venden, dice.
“A los extranjeros les gusta... una vez vino un barco chino y se acabaron todo... así que yo seguiré haciendo esto que además me gusta”.





