Ruinas de Ichkabal: buscan grandeza maya
CHETUMAL, QR.— Rodeado por diversos asentamientos prehispánicos menores y muy cerca de la zona arqueológica de Dzibanché, al sur de Quintana Roo, Ichkabal se erige como uno de los grandes centros políticos que tuvo la cultura maya.
Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) iniciaron recientemente los primeros trabajos de exploración y restauración arqueológica para estar en condiciones de abrirla al público en diciembre de 2010.
Su estudio no sólo marcará la perspectiva de lo que hasta ahora se conoce de la época del preclásico (del año 1000 a. C. al 320 d. C.), sino que enriquecerá el corredor turístico en la periferia de Chetumal, al ser una de las zonas arqueológicas más extensas que se conozcan.
El sitio se ubica al poniente de la Laguna de Bacalar —Pueblo Mágico— y a 70 kilómetros al noroeste de Chetumal, la capital de Quintana Roo.
Después de 14 años de que los arqueólogos Luz Evelia Campaña y Javier López Camacho realizaron los planos, croquis y certificación de la existencia de Ichkabal, el gobierno del estado decidió invertir en la apertura de una carretera de terracería de 23 kilómetros para acceder al lugar y empezar las primeras obras de restauración.
Adriana Velázquez Morlett, directora del INAH, estima que se tendrán que expropiar unos 83 kilómetros cuadrados de la reserva forestal del ejido de Bacalar para preservar la zona, aunque el asentamiento maya está distribuido a lo largo de 36 kilómetros cuadrados.
“No cambia este sitio la perspectiva, sino que la pone”, afirmó el doctor Enrique Nalda, coordinador del proyecto Sur de Quintana Roo.
“La cereza del pastel”
Ichkabal es uno de los sitios monumentales de la época del preclásico medio o tardío. Fue uno de los grandes centros políticos de la cultura maya que vendrá a cambiar la historia de la presencia de esta etnia en toda la región, dado que el estado tendrá prácticamente la presencia de monumentos de las diferentes etapas de esta cultura.
Con más de 23 años de trabajar en el proyecto, Nalda dijo que después de haber conseguido posicionar con alto valor a Dzibanché —el sitio que más le fascina y que forma parte del circuito de Kohunlich y Kinichna—, Ichkabal representa “la cereza del pastel”.
El nombre maya a esta región en estudio le fue asignado en marzo de 1995, cuando los arqueólogos Javier López y Luz Evelia Campaña llegaron al lugar acompañados de guías locales del rancho El Suspiro. “Significa ‘entre bajos’, con el que se quiso resaltar las características fisiográficas del entorno”.
Su estancia en la entidad le ha permitido definir la dinámica de la arqueología antigua, la época del clásico temprano, sobre todo el clásico medio tardío y el posclásico, pero desconoce buena parte del funcionamiento del preclásico y clásico temprano en sus primeras fases.
“Este sitio tiene una particular importancia justamente en esas épocas y nos dará la otra parte de la historia completa prehispánica que nos falta”.
Nalda destacó que es un centro ceremonial excepcional por sus dimensiones, difícil de encontrar en el área maya para esa época. Cuenta con seis grupos arquitectónicos con unos 15 edificios de arquitectura monumental —de más de 46 metros de altura—, una gran cantidad de edificios menores y cuatro aguadas.
Explicó que el preclásico maya y el clásico temprano están caracterizados por edificios que tienen mascarones a los lados de las escaleras principales e Ichkabal no es la excepción. Han hallado dos mascarones en una de las estructuras y cree que por lo menos haya dos más.
José Alberto Alonso, secretario de Planeación y Desarrollo, dijo que el objetivo del gobierno estatal es integrar un circuito arqueológico con Dzibanché, Kichinchna, Kohunlich, Chakanbakan y Oxtanka, para darle más fortaleza a las actividades turísticas del sur del estado, donde Ichkabal será el detonante.
Dzibanché, considerada sede de la dinastía más poderosa de la cultura maya durante el clásico temprano, está a sólo 10 kilómetros de Ichkabal, por lo que será un circuito de turismo arqueológico importante en el sur de Quintana Roo.
Nalda estima que para diciembre de 2010 quede terminada la primera etapa de las obras y con un año más de trabajo concluir la última parte de Ichkabal, donde se habrán invertido 12 millones de pesos por parte del INAH.
Quintana Roo cuenta con un inventario de más mil 500 sitios, algunos mínimamente documentados y otros con mayor información. Actualmente, 13 lugares están abiertos al público.
Falta todo por descubrir
En Ichkabal prácticamente todo está por conocerse. El área pertenece en su totalidad a la reserva forestal del ejido de Bacalar, a la que recientemente fue incorporada una zona de conservación ecológica y arqueológica de 17 mil hectáreas.
Los primeros trabajos de exploración realizados por Enrique Nalda permiten asegurar que el sitio está integrado por seis grupos arquitectónicos y cuatro aguadas. El grupo principal está compuesto por tres enormes basamentos y un grupo de plaza, todos ellos colocados en cada una de las esquinas de la extensa plaza que forman, misma que cierra al sur con una aguada de una hectárea.
Actualmente, la zona está desprovista de servicios, pues se encuentra en la fase inicial de exploración. Se espera que durante el segundo semestre de 2010 esté en condiciones de abrirse al público.
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