En dos horas va a caminar
jose.mejia@eluniversal.com.mx
VERACRUZ, Ver.— El Caricatura está frente a Óskar Lobo. Como si fuera costal golpea su abdomen, mientras repite la pregunta: “¿Cuánto dinero tienes cabrón?”.
Sus cómplices alumbran el lugar con lamparitas y velas. El cantante-animador se derrumba sobre el colchón raído, aún con la capucha y atado ahora de pies y manos con cinta canela. En el sitio se mezclan olores a humedad, mugre y excremento.
Es una casa sin número ubicada en la esquina de 5 de Febrero y la Calle 1, en la colonia Tarimoya, del puerto de Veracruz; construcción en obra negra, con muebles viejos pudriéndose adentro y afuera.
En la entrada, una reja oxidada con pedazos de plástico sirve como puerta para el refugio de adictos, en su mayoría jóvenes.
—Tengo como 500 mil pesos, en efectivo. Yo se los doy, vamos por el dinero, pero no le hagan nada a mi familia, contestó Óskar.
El silencio como respuesta.
Ángela se desata
En su casa, tras escuchar el motor de su camioneta donde llevan a su marido, Ángela Moscoso rompe sus ataduras de pies y manos; esto lo consigue al borde de la asfixia, ya que tenía una cobija encima.
Comienza a amanecer. No quiere que sus hijas se enteren de lo que ocurre y actúa con naturalidad, mientras llama a su padre para comentarle lo sucedido. El suegro de Lobo está enterado porque los plagiarios lo llamaron una hora antes.
En el desayuno, una de las niñas pregunta por el vidrio de la ventana y afirma que tal vez su papá la rompió porque no traía llaves. “Sí, así fue”, asiente en automático Ángela, cuando revisa sus peinados. Las lleva a la escuela y regresa a esperar las llamadas.
Desde un celular que registra la leyenda número privado, El Caricatura exige a la mujer del cantante el pago de 5 millones de pesos, ella responde que no tiene esa cantidad, por lo que luego de media docena de llamadas, la cifra queda en 2 millones de pesos, que serán entregados ese mismo día por la tarde.
En su cautiverio, Óskar se mueve como invertebrado, suda a chorros y se queja de dolores en la espalda, por lo que le aflojan ambos nudos. No se calla, pide agua, ahora le duelen las manos y sigue. Parece que siempre tiene el micrófono. Con una navaja, sus victimarios cortan el amarre, lo que aprovecha para hacer ejercicios. Llega el resto de los plagiarios, son nueve, entre ellos, Alejandro Moscoso Vela, alias El Vela, de 26 años, su cuñado y ex jefe de seguridad. Se reúnen en el cuarto más grande para ponerse de acuerdo y lo amarran de nuevo.
Óskar pide un cigarro y como nadie responde, sabe que está solo. Comienza a aflojar el nudo de las muñecas y hace lo mismo con las que apretaban sus tobillos. Sin embargo, Iván Antonio, El Basuro, regresa a cuidarlo, por lo que la víctima se queda inmóvil y entabla un breve diálogo.
—Al rato nos dicen dónde te vamos a llevar, comenta El Basuro con voz paternal.
—Muchas gracias, se los agradezco, dijo el cantante emocionado. El Basuro regresa con sus cómplices para ventilar su destino.
—El pendejo se puso muy contento cuando le dije que ya estaba hecho el negocio con su familia, ¡si en dos horas va a caminar!, escupe las palabras con sorna.
Intento de fuga
Óskar escucha, frota las cintas hasta hacerse daño. Cuando lo logra, sus muñecas sangran, como si hubiera intentado cortarse las venas.
Es de noche cuando entran al cuarto El Basuro, El Chakis y Rafael Reyes, de 19 años, encargados de cuidarlo. Para que no lo revisen, demanda otra vez agua, luego que lo lleven al baño; entre risas, la respuesta es no.
—¿Sabes qué?, ya no es necesario que tomes agua, ya cállate, respondió El Chakis.
—Bueno, déjame llamarle a mi esposa.
—No, no creo, deja que regrese El Jefe, anda en otra misión.
Vuelve a pedir agua, Rafael se acerca con su botella y cuando le quita la capucha, el aprendiz de secuestrador recibe un golpe en la cara y cae hasta besar el suelo, en tanto El Basuro siente una lluvia de puñetazos ante la parálisis de El Chakis, quien observa espantado
Óscar aprovecha la sorpresa para correr hacia la salida. Cual tacle de futbol americano arremete contra una improvisada puerta formada con tablas de madera, pero resbala, se golpea en la frente y cae de rodillas.
Se levanta y corre en zig-zag para llegar al patio y encontrarse con las puertas de herrería cerradas con una gruesa cadena y dos candados. Armados con un bat, una pesada herramienta conocida como pata de cabra y un palo, sus plagiarios lo alcanzan y lo someten. El primer golpe le vuela un diente, el segundo lo mandó al césped y así. Sabiéndose perdido comienza a gritar 10, 20, 30 veces.
—¡Auxilio!, !auxilio!, ¡me tienen secuestrado!, se desgañita, pero nadie llega a ayudarlo. Sus plagiarios lo patean. El Chakis le pasa una correa por su cuello y aprieta hasta que Óskar se desmaya. Creen que está muerto y lo dejan tendido en el patio.





