Cultura totonaca, impera la purificación
XALAPA, Ver.- En la región indígena totonaca, cuando una persona fallece, su comida sigue apareciendo en la mesa tres veces al día hasta el octavo día, y a partir de ahí, poco a poco se le despide de manera definitiva, y el alma o lístakni retorna al cabo de un año en la festividad de Día de Muertos. El totonaca se prepara toda su vida para la muerte. Las ceremonias dedicadas a ésta son comunes entre los habitantes del municipio de Papantla cuna de la cultura mesoamericana donde se hace una clara diferencia entre quienes mueren de manera natural y quienes tuvieron una muerte violenta. Estos últimos tienen que pasar por un proceso de purificación. En lugar de ir hacia el oriente como las almas de los muertos de manera natural, van hacia el norte, a los dominios del señor del trueno, Qoló Aktsin (Trueno viejo), que se adueña de las almas y las usa par cavar arroyos y causes de ríos, pues también es el encargado del agua. Una vez que las almas cumplen su cometido, son enviadas al poniente, a los dominios de Linin o dios de la muerte, que las retiene cuatro años. Luego, las deja ir al oriente, atrás del sol, a donde se dirigen las almas purificadas. Las estrellas que se ven en el cielo, según la tradición totonaca, son esas almas purificadas cuya labor es apoyar al sol para que no sea vencido por la muerte. Luego del mediodía (tastunut, para los totonacas), cuando el sol empieza a declinar, comienza la lucha contra la muerte y el sol es ayudado por todas esas estrellas. "La muerte es un requisito para volver eternas y puras a las almas, y que éstas, a su vez, puedan apoyar la vida de los hombres, porque esas almas nos ven, nos oyen y nos sienten. Por eso, desde los primeros días de los preparativos de las festividades a los muertos, los mayores aconsejan a los niños que se porten bien porque ya vienen las almas de los difuntos", relata el investigador del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana, Crescencio García Ramos. El culto a la muerte es parte del pasado, presente y futuro de los descendientes de las culturas mesoamericanas que hoy, en Veracruz, con el fin de salvaguardar el equilibrio y orden universal como sus ancestros, mantienen viva la tradición de recibir a sus muertos. Los indígenas de 12 grupos étnicos y miles de veracruzanos mestizos, inician con anticipación los preparativos para recibir a sus muertos. Lo mismo en la región Huasteca, del Totonacapan, que en la zona de Chicontepec, Tantoyuca, Papantla y Zongolica, el culto a los antepasados o la veneración a los familiares muertos está cada día más presente. Para el investigador de la Universidad Veracruzana, el Día de Muertos es una tradición que viene desde épocas prehispánicas, pero que con la llegada de los españoles no desapareció, sino que incorporó elementos de la cultura católica, creando un sincretismo de culturas, tradiciones, lenguas, culturas y religiones que enriquecieron la festividad. Arcos florales, elaboración de esculturas de cera y candelabros, llevan meses de antelación para su manufactura, que aunados al colorido de flores, papel de china, olores a frutas, copal o incienso, y los sabores de tamales, atoles, panes y moles, conforman e integran el estallido multiculor y la ferviente entrega a los muertos de miles de familias. Destaca que para el indígena totonaca, la muerte es el inicio de otro ciclo de vida, un periodo renovador y se concibe a la muerte como un proceso dinámico expresado en sus mitos y leyendas sobre la creencia de la inmortalidad y la reencarnación.





