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"El agua se llevo todo, menos a nosotros"

Alejandro Salas| El Universal
Sábado 15 de octubre de 2005

CADEREYTA JIMENEZ, NL. "De repente el agua nos llegó hasta el pecho adentro de la casa, y gracias a que el vecino Juan Alberto trajo una escalera, nos subimos al techo y ahí nos quedamos en las manos de Dios", dice Timoteo Padrón Rodríguez, habitante del centro de esta ciudad inundada por el desbordamiento del arroyo de aguas negras la madrugada del viernes.

Timoteo, un comerciante de 70 años, y su esposa Juana Aguilar residen en la calle Gonzalitos de la zona centro de Cadereyta, 30 kilómetros al oriente de Monterrey, y lograron salvar la vida gracias a la movilización de varios de sus vecinos durante el desbordamiento.

"Lo bueno fue que todos nos salvamos, pero en la casa no quedó nada. Todo lo perdimos y también perdí mi mercancía de la tiendita que acababa de surtir", añade con dejo de tristeza.

Familiares de Timoteo sacaban ayer lodo, agua y objetos maltrechos de sus casas, y lo mismo hicieron durante todo el día las familias en decenas de hogares de Cadereyta, al igual que en los municipios Benito Juárez y Guadalupe.



Con el agua hasta la cintura

Los habitantes de Cadereyta de Jiménez dicen que se salvaron de milagro, porque el agua penetró a sus casas mientras dormían y a las seis de la mañana, cuando el arroyo se desbordó, quedaron entre dos fuertes corrientes de agua que arrastraban con todo dentro de sus casas, desde el patio hasta el frente.

"Sólo Dios sabe cómo nos salvamos; todo fue muy rápido. De repente teníamos el agua casi en la cintura y optamos por salir y ponernos a salvo en una zona más alta", comentó Olga Espinosa de los Monteros, esposa del empresario escobero Rogelio Sada Cantú, cuya residencia, también localizada en Gonzalitos, se inundó.

El agua cubrió gran parte de este municipio y se coló a casas modestas y a las residencias, como la de la familia Sada Espinosa, y a otras de comerciantes y trabajadores de clase media.

"Mis niñas estaban impresionadas. Olga, Érika y Xésica lloraban, pero gracias a Dios, junto con mi esposo pudimos salir a tiempo y refugiarnos en casa de unos amigos de aquí cerca", añadió Espinosa de los Monteros.

Los tres vehículos de la familia fueron arrastrados por la corriente al igual que muchos otros de los residentes del barrio.

"Perdimos todo, todos los muebles en cuestión de minutos. No pudimos sacar nada; hicimos un agujero en la barda del patio para trepar al segundo piso por una escalera de fierro, porque las corrientes de agua nos estaban atrapando", añade Amelia Flores Quintanilla, mientras contienen el llanto y saca el lodo de su vivienda.

Por todas partes se veían muebles y enseres mojados y cubiertos de lodo.

Sin embargo, no todos tuvieron la oportunidad de subir a la azotea de sus viviendas o de refugiarse en el segundo nivel de la casa de sus vecinos, como fue el caso de Fidel Rodríguez, quien no pudo abandonar su casa porque el lodo y el agua bloquearon las puertas.

"Primero salieron mi esposa, mi hija y mi nieto; pero cuando yo quise acompañarlos al segundo piso, ya no pude porque las puertas se cerraron.

Por eso subí a la barra de la cocina y ahí me quedé viendo cómo todo flotaba, y esperando a que bajara el nivel del agua para reunirme con mi familia", dice Rodríguez, un comerciante, quien afirma que nunca antes había visto tan inundado a Cadereyta.



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