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El atole, esencial en la tradición purépecha

Jaime Márquez/Corresponsal| El Universal
Sábado 26 de marzo de 2005

TARECUATO, Mich.- Si gusta del atole de chile verde, caña quemada o haba, o está por casarse y no sabe cómo preparar un "atole de novia" para evitar un rápido y contundente divorcio, en este poblado indígena purépecha del occidente de Michoacán puede obtener la receta.

Casi vital en la cultura indígena michoacana, en Tarécuaro, a 200 kilómetros de Morelia, la víspera del Domingo de Ramos se realiza la Maiapita, o Tianguis del Atole, donde se ofrecen al menos una veintena de sabores distintos de atole, un alimento que con frecuencia se utilizó como trueque, en especial con indígenas nahuas comerciantes de sal, dice Josefina Hurtado Pulido, del comité organizador.

El singular tianguis, que se efectúa cada año desde antes de la Conquista, tiene ahora la finalidad de valorar, mantener y difundir una de las costumbres prehispánicas más arraigadas en la región, y se instala en la plaza del atrio del convento de San Francisco de Asís, construido por fray Jacobo Daciano en el siglo XVIII.

Ahí, las mujeres de Tarécuaro ofrecen sus atoles, entre ellos el "xaricata" de maíz fermentado y salsa de chile guajillo, o el de "chaqueta", de caña de maíz tostado y molido en metate.

A cinco pesos el jarro, se venden atoles de grano con anís y chile verde; o el "toqueri", con grano de elote y salsa de chile; la "guashacata" de maíz deshidratado o un picosito de "nurite" una planta que los indígenas recomiendan para la fertilidad de la pareja con su chilacayote cocido.

También hay atole de haba, molida en metate con cáscara de aguacate, o el de aguamiel, de chícharo o garbanzo, y otros de delicado aroma como el de guayaba, higo, zarzamora, ceresa, tamarindo, fresa, canela, vainilla y de perfumada flor de San Juan.

Participar en el Tianguis del Atole requiere el visto bueno del Consejo de Ancianas, un estricto control de calidad que certifica si los ingrediente son de buena calidad, si son naturales y si el atole está elaborado en estufa de leña, olla de barro o cazo de cobre, sin colorantes o sabores artificiales, y garantizar que la bebida es la misma que se ha elaborado por generaciones.

La ancianas que forman ese jurado son las que "guardan en su memoria el sabor" de los diferentes atoles y tienen la autoridad para designar, año tras año, a la mejor preparación en un disputado concurso que sólo tiene como premio el reconocimiento de la población.



La tradición

Tarécuaro, que en tarasco significa Cerro Viejo, es una comunidad purépecha fundada en 1505 por el indígena náhuatl Guantando, en donde preparar atole es un arte que las mujeres deben dominar para garantizar la estabilidad de su matrimonio.

No saber elaborar atole para una recién casada puede ser motivo de rechazo y la madrina de la boda puede regresarla a casa de sus padres, según una tradición y una ley no escrita.

Las jóvenes purépechas son adiestradas desde los 12 años de edad a preparar atole. Al siguiente día de la boda, la recién casada se tiene que levantar de madrugada a prepararlo, asegura Josefina Hurtado Pulido, del comité organizador del tianguis.

"Cuando la suegra se levanta, ya debe estar elaborado el atole para la familia. La suegra es la que prueba el atole y determina su calidad. Si no está bien preparado, la madrina debe admitirlo y anunciar a los padres del novio que la boda se anula porque la novia es floja y será regresada a casa de sus padres", añade.

En cambio, el novio tiene que levantarse también de madrugada a cortar la leña para que su flamante esposa prepare el atole y haga las tortillas. Si el hombre no encuentra leña suficiente o buena, también es motivo de una separación en el primer día de casados.

"De ello hay muchos casos y las muchachas han tenido que regresarse a sus casas", asegura Hurtado Pulido.



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