Rezos y ramas de pirul contra malos espíritus
Rodeada de imágenes religiosas, Toña se frota las manos, toma un crucifijo, respira profundamente, canta la oración y "barre" desde la cabeza hasta los pies a Sara, una de sus clientas, para "protegerla" de los malos espíritus. Esta mujer, que raya en los 60 años, ni siquiera sabe de las acciones del gobierno municipal para inhibir las consultas de brujos y curanderos. Toña tiene una humilde vivienda en la calle Sonora, a unos metros del panteón de San Miguel; Lola, su colega y vecina, vive a unos 100 metros de distancia; cuadras adelante trabajan los curanderos Santiago Hernández (en la Lerdo de Tejada) y Abel (sobre la carretera a Manuel Doblado) y cerca del centro Guadalupe Reyna, este último más popular, hijo de Natividad Reyna, el extinto Danzante , a quien llamaban El Brujo Mayor . "Los curanderos le rezan a la gente, pero hay otros que hacen lo malo, la magia negra", dice Toña en lo que ella misma llama su "consultorio", un cuarto de tres por tres, de piso de tierra, con una cortina de tela transparente como puerta, con un catre y mesa vieja de madera. "Soy curandera, lo negro no lo hago, ni cosas satánicas, nomás rezo y realizo limpias con pirul", aclara. Ella, al igual que muchos vecinos, recuerdan la muerte de siete integrantes de una familia y un curandero el pasado 13 de febrero, cuando "supuestamente" participaban de una "limpia colectiva": se dice que murieron por inhalar monóxido de carbono; eso fue en la comunidad de Sotos. Toña cobra 30 pesos por la limpia, la misma cantidad por leer las cartas; sus instrumentos de trabajo: un crucifijo dorado, huevos, pirul y ruda. Desde hace 20 años que falleció su esposo ella cura; él lo hacia antes. "Yo no tengo nada que ocultar. Mi cuarto tiene luz, no tengo privado, no trabajo a oscuras, no tengo animales muertos, como otros".





