La ciudad al desnudo
Piedras Negras , Coah. El lodo sale de las viviendas o lo que queda de ellas en la zona de Villa de Fuente, una de las más golpeadas por la furia del río Escondido. Mujeres ojerosas barren y colocan sus pertenencias en la calle o en los solares que desnudan colchones, libros, cuadernos, radios, televisiones y camionetas llantas hacia arriba. Todo lo que se llevó la corriente de la tromba del domingo en la tarde. Una peluquería de la calle José María Morelos enseña las ventanas destrozadas, los sillones tapizados de tierra y las fotos manchadas de los cortes. La ciudad es un caos. El puente La Villita se cayó con el agua y cortó la circulación de los cientos de tráileres que cruzan. Los víveres comienzan a faltar en las tiendas. El mismo desastre padece el auditorio municipal Santiago González , convertido en albergue provisional de unas 250 familias que lo perdieron todo. Afuera llegan camiones con ayuda humanitaria procedentes de Texas. Hacen fila y nadie le explica a los estadounidenses qué hacer, dónde descargar los artículos. Adriana, una niña de ocho años, busca a su hermano Ezequiel, dentro del albergue. Claudia Moya Campos deambula entre la sillería. "El río se lo llevó todo. Teníamos una casa de madera con techos de lámina y nos quedamos sin nada. Apenas pudimos salir. Ahora nadie nos hace caso y mi esposo no tiene dinero, pues gana 100 pesos a la semana como ayudante de albañil", se queja. Los elementos del Ejército sirven comida caliente y cuidan los accesos del auditorio. El control parece estar a cargo de las autoridades municipales y estatales. Las mujeres se ponen exigentes frente a los periodistas. Piden viviendas, ropa para sus hijos. Rosa Elia y María de los Ángeles Zúñiga dicen que nadie les ha dado un poco de ropa "y la que traemos puesta es la misma del domingo". Rocío Castillo, de la Asociación Solidaria Femenil, comenta que "el Ejército debería tomar una parte más activa en la recolección y distribución de la ayuda". La esposa del gobernador de Coahuila y presidenta del DIF, Guadalupe Morales, recorre el albergue y da órdenes de cómo repartir la ayuda. Al mediodía, los helicópteros del Ejército sobrevuelan las colonias que ocupan la ribera del río, cuyo cauce nunca pareció representar un peligro en una zona árida como la de Piedras Negras. Todavía se realizan algunas maniobras de rescate de personas atrapadas en los techos y en las copas de los árboles. Pero también comenzaron las labores macabras del rescate de los muertos, cuerpos que aparecen ahora que el caudal bajó. El alcalde de Guerrero, Jesús Saucedo Ornelas, urge crear una brigada para la búsqueda de cuerpos "que seguramente van a salir por allá por mi municipio, donde corre el río Escondido y hay que sacarlos antes de que se los coman los buitres y coyotes, pues los familiares tienen derecho a enterrar a sus muertos". En un recorrido, el gobernador Enrique Martínez y su equipo insistieron en que se alertó a la población, por radio, altavoz, y a través de los bomberos y policías. La tarde del martes la temperatura comenzó a subir. Mujeres del barrio Villa de Fuente siguen barriendo sus escombros, lo que queda de la miseria.





