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Matan por error a ingeniero civil

Francisco Gómez y Gastón Monge/Enviado y corresponsal| El Universal
Lunes 07 de abril de 2003

Nuevo Laredo, Tamps. Cristina Fajardo Domínguez tenía apenas tres meses viviendo en esta frontera con su esposo y su hija de escasos meses de nacida. Llegó sólo para estar aquí mientras durara el trabajo de su pareja, José Luis Páez Guarneros, en la obra en la que trabajaba como ingeniero civil, pero el martes pasado inexplicablemente él no regresó a la casa. Un día después fue encontrado asesinado en los límites con Nuevo León con ocho personas más.

El ingeniero civil, según las investigaciones contenidas en la averiguación previa PGR/UEDO/144/2003, pasaba por la calle Lerdo de Tejada justo en los momentos que un comando armado de sicarios, al que algunas versiones identifican como Los Zetas , llegaba a la colonia Ojo Caliente a una casa de seguridad de un grupo rival de narcotraficantes. El profesionista no tenía relación con ninguno de los grupos delictivos.

Ahí, en esa casa de seguridad, se encontraban las otras víctimas de la ejecución masiva descubierta el pasado 2 de abril. Los hombres armados, a bordo de al menos cuatro camionetas, derribaron con dos de sus vehículos las puertas de aluminio de la residencia y penetraron disparando y amedrentando a quienes se encontraban en el lugar.

"El ingeniero no tenía nada que ver con ninguna de las bandas", dice una agente judicial federal que se identifica sólo como Danae. Y explica: él sólo sacó su celular y llamó a sus compañeros de la obra para advertirles que no salieran, que había una balacera, según confirman nuestras investigaciones.

Nadie sabe a ciencia cierta lo que sucedió, pero presuntamente alguno de los hombres armados que cometió la ejecución masiva lo vio hablando por teléfono y arremetió en su contra al creerlo ligado al grupo rival. De Páez Guarneros no se supo nada después, sólo que colgó apresuradamente y fue todo. Desapareció.

Los agentes federales creen que fue golpeado y obligado violentamente a subir a una de las camionetas del grupo de sicarios, cuando intentaba marcharse del lugar. Las circunstancias no son muy claras, máxime que algunos comerciantes o vecinos de la zona que presenciaron los hechos, según los investigadores, prefieren guardar silencio sobre la forma en que se efectuó el secuestro de las nueve personas ejecutadas.

Lo cierto es que luego del incidente y de que a la zona del plagio llegaran decenas de patrullas y policías, a sus compañeros les pareció extraña la tardanza del ingeniero Páez. La obra en la que trabajaba en la calle Washington se encuentra a media cuadra de donde sucedió el secuestro cometido por el grupo armado y al que algunos identifican como Los Zetas .

La preocupación aumentó entre dos de sus compañeros ingenieros que vinieron con él también de Veracruz y quienes decidieron ir a buscarlo. Nada. Ninguna corporación policiaca reportó haberlo detenido ni tenían razón alguna de él. Cristina, su esposa, fue informada de su desaparición. Creyó en un secuestro. Pidió piedad a los plagiarios.

Sin embargo, 24 horas más tarde, se conoció que en los límites de Tamaulipas y Monterrey habían encontrado a nueve personas asesinadas, Cristina se armó de valor y se dirigió a donde le informaron que se habían llevado los cuerpos. En el anfiteatro del Hospital Universitario de Monterrey, Nuevo León, lo identificarían como una de las nueve víctimas. Lo habían ejecutado por error.



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