Exigen esclarecer desaparición de tres jovencitas
TECAMACHALCO, Pue. Cuando desapareció la primera, pensaron que era un caso como otros más. A la segunda, se creyó que todo obedecía a una desafortunada coincidencia. Pero al conocer que una tercera jovencita había sido raptada -en iguales circunstancias que las anteriores-, padres de familia, maestros y comerciantes de Tecamachalco se unieron para denunciar que ahí se empiezan a reproducir patrones delictivos similares a los de Cd. Juárez, donde lo que inició como un hecho aislado se convirtió, con el tiempo, en un asunto de dimensión internacional, expresado en la muerte sin aclarar de 240 mujeres. En esta región, el temor de los habitantes crece a la par que su indignación, pues las indagaciones no muestran ningún avance, debido -en parte- a la negligencia de la Policía Judicial del Estado. "Nos piden 100 litros de gasolina para poder investigar", acusan los familiares de las víctimas, la Canaco local y un grupo de profesores en una carta enviada al gobernador Melquiades Morales, de la cual una copia obtuvo EL UNIVERSAL. De octubre a la fecha, por separado, tres jovencitas -de mismas características físicas, extracto social y edad: 14 años- han desaparecido de esta zona en situaciones misteriosas. De María Luisa Maldonado Ventura no se supo nada desde el 14 de noviembre. Había acudido a misa. Los que la vieron por última vez señalan que iba con Misael Fernández Luna, uno de sus compañeros de escuela. La muchacha fue reportada como desaparecida. El joven no: su cadáver fue encontrado, tres días después, en un lote baldío, con huellas de tortura y dos disparos, uno en la cabeza y el otro en el corazón. Antes, el 31 de octubre, algo muy parecido había ocurrido con Iris Arlene Alvarez Méndez. Salió de su casa alrededor de las tres de la tarde. Se dirigía a los ejidos de Santo Tomás, para ayudar a su abuela a cortar flores. Pero nunca llegó y tampoco regresó con sus padres. Con ella también desapareció la bicicleta en la que iba aquel día. El paradero de Magdalena Sánchez Pérez se desconoce desde el 20 de octubre. Como Iris Arlene, también se marchó de su domicilio en una bicicleta. Pedaleando, alcanzaría a su madre en la casa de su tía, a sólo cinco cuadras de distancia. Sin embargo, desde ese sábado, nadie sabe dónde está la jovencita. Y se teme lo peor. Los tres casos han sido denunciados ante la PGJ, a través de las constancias 761, 93 y 1129. Pero de poco ha servido. No hay pistas. No hay evidencia. Y los padres aseguran, como hipótesis, que sus hijas fueron víctimas de una banda de secuestradores o de una red de prostitución que operaría en Puebla y en estados circunvecinos. Y es que los vínculos entre la suerte de María Luisa, Iris Arlene y Magdalena, y la violencia que sufren otras entidades, les empiezan a parecer algo tan grave como el caso de las muertas de Cd. Juárez. Sobre todo tras enterarse que en noviembre, en Morelos, se reportó la desaparición de cuatro niñas, de las cuales una fue hallada muerta y mutilada, y otra volvió con su familia tras haber permanecido privada de su libertad en el hotel Casa Blanca, ubicado en la salida de Puebla, a sólo 40 kilómetros de Tecamachalco -la misma región en la que sus habitantes ya no saben dónde comienza la realidad y dónde terminan las coincidencias.





