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Una tragedia que pudo evitarse en Chimalhuacán

Juan Lázaro/Corresponsal /(Primera de dos partes)| El Universal
Domingo 12 de agosto de 2001



A un año del zafarrancho provocado por Guadalupe Buendía ?La Loba?, decenas de simpatizantes abandonaron las filas de Antorcha Popular. Persiste la incertidumbre entre los que estuvieron en aquel 18 de agosto de 2000, en la plaza del municipio.



CHIMALHUACÁN, Méx.- Plaza de Chimalhuacán, 10:52 horas, 18 de agosto de 2000. "¡Córraleee comadreeee, que nos van a mataaarrrr..!", Raymunda Barrios García, responsable de Antorcha Popular en Ixtapaluca, quedó paralizada, no oía el grito de advertencia. Las balas ya hacían estragos... poco después yacían en las calles 10 muertos y cerca de 100 heridos.

Ella quedó en medio del jardín municipal, todos corrían; gritaban, aullaban de dolor. Ella no podía moverse, ni la balacera ni la sangre que salpicaba a algunos de sus compañeros la hacían reaccionar. Su comadre Anastacia Silva Lozano, como pudo, la jaló, para huir en la desbandada antorchista, los proyectiles cruzaban sin cesar.

"¡Córraleee comadreee, que nos van a mataaar!", gritaba y gritaba con desesperación Anastacia. "Enfrente de nosotros corría la gente, venían los balazos", recuerda.

Ya pasó un año, a Raymunda Barrios García le es imposible dormir tranquila. Todas las noches despierta con los recuerdos de aquel 18 de agosto. Ella y más de 200 vecinos de la colonia Guadalupana, municipio de Ixtapaluca, después de la masacre en la que se vieron involucrados, decidieron dejar de militar en las filas de Antorcha Popular.

También Anastacia repite por las noches: "¡Mira!, ¡mira comadre cómo caen, córrele!".



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Anastacia Silva Lozano, ex responsable antorchista en la colonia Guadalupana militó cinco años en esa agrupación, recuerda que salieron en un autobús del municipio de Ixtapaluca a las 7:30 horas, del 18 de agosto, para estar en la plaza municipal de Chimalhuacán, como lo había ordenado Jesús Tolentino Román Bojórquez y Maricela Serrano Hernández, entonces dirigentes estatales de Antorcha Popular.

Lo mismo, dice, hacían otros grupos de Toluca, Chalco, Valle de Chalco y Puebla. "Había pocos colonos de Chimalhuacán, la mayoría éramos apoyos de afuera", asegura.

"Desde antes de las elecciones del 2 de julio había varios grupos de Antorcha de otros estados, haciendo trabajo de proselitismo político, y pasábamos casa por casa, para saber qué familias iban a votar por el PRI y cuáles no", recuerda.

En la plaza ya había más de 2 mil antorchistas, cuando llegaron los colonos de La Guadalupana, al igual que otros grupos; recibieron gruesos palos con la bandera roja de Antorcha; otros tenían instrucciones de llevar piedras en mochilas y morrales, para defenderse, porque ya se esperaba la agresión.

"Llegando, llegando, nos dimos cuenta. Sospechamos de que algo nos iba a pasar", dice Anastacia, pero ahí "estábamos los antorchistas, para defender a Jesús Tolentino Román Bojórquez".

Después de las 10:00 horas, los colonos de la Guadalupana estaban frente al palacio municipal, se mezclaron con los demás contingentes, la mayoría formados por mujeres, ancianos, jornaleros y niños que, según los testimonios recogidos por El UNIVERSAL, fueron "acarreados" de colonias pobres de la periferia de la ciudad de México para estar en un festival en Chimalhuacán.

"Veíamos a los `lobos` en la azotea de la presidencia municipal, que también llevaban palos, varillas y armas semiocultas entre sus ropas", recuerdan.

De pronto, establecen, fue lanzado un petardo desde la presidencia municipal y explotó cerca del grupo de la colonia Guadalupana. "Vidrios y clavos alcanzaron a todos lo que se encontraban ahí".

Ésta fue la señal aseguran para que "los lobos" dispararan sus armas de fuego contra la multitud. "Las balas cruzaban cerca de nosotros, algunos compañeros caían heridos, otros corrían aún con alguna bala en la pierna o en la mano".

Los dirigentes de alto rango de Antorcha Popular habían abandonado la plaza, sólo los responsables de los grupos de colonos trataban de controlar a su gente.

"Escuchamos gritos de otros compañeros que nos daban instrucciones de defendernos."

"No se dejen compañeros, no teman nada, hay que enfrentarse" fue la orden.

Algunos sólo contaban con palos o sus manos contra las balas dice Anastacia.

¿Vio si los antorchistas llevaban armas de fuego? se le preguntó.

Lo que vi fue que un grupo que se encontraba en la presidencia municipal salió a dispararnos, luego se entremezcló con la gente que corría y cuando nos dimos cuenta, ya había fuego cruzado respondió.

"A un señor le pegaron en la pierna, un chisguete de sangre brotó y salpicó a otros que corrían; otro compañero llevaba una mano destrozada. Arrastramos a un hombre herido para ponerlo a salvo, pero recibió otro balazo, como pudo se levantó y echó a correr", expresa Anastacia.



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En la secuencia de los acontecimientos que presentó la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) cuya copia tiene EL UNIVERSAL, a la Comisión legislativa para el caso Chimalhuacán, cuyo presidente fue el petetista Óscar González Yáñez, estableció que los antorchistas sí utilizaron armas y respondieron también las agresiones a balazos.



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En su mano derecha aún sostenía fuertemente la bandera antorchista, sus compañeros lo arrastraron para tratar de sacarlo de la balacera, pero Crecencio Sánchez Damián, de 64 años, quien fue sacado de su hogar en Villa Nicolás Romero por la organización Antorcha Popular, para "hacer bulto" en la plaza de Chimalhuacán, ya no pudo más, murió por un disparo de arma de fuego en el abdomen y por traumatismo craneoencefálico.

Fue el primer muerto que vieron aquel 18 de agosto los periodistas y autoridades judiciales, más adelante casi en las puertas de la presidencia municipal se encontraron el cuerpo de Federico López Caballero, de 40 años de edad, habitante del poblado de Santo Tomás Apipilhuaxco, municipio de Tepetlaoxtoc, quien, según la PGJEM, falleció por disparo de arma de fuego en el tórax.

Junto a él había otro hombre acribillado y a unos siete metros otro también sin vida, según pudo comprobar EL UNIVERSAL ese 18 de agosto, pero en el reporte de la PGJEM sólo reconoce a dos en la plaza, a siete en hospitales y a uno en una ambulancia.



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Guadalupe Buendía Torres, ese día, huye de la plaza principal, deja sus pertenencias en la oficina donde entró la policía a detener a 229 personas. Se refugia en su casa localizada en el barrio de Xochiaca, cuando llegó el secretario general de Gobierno, Manuel Cadena Morales, al escenario donde personal de la PGJEM levantaba los cadáveres.

La Policía Judicial tarda en llegar a su domicilio y "La Loba" aprovecha el momento para desplazarse en una de sus camionetas a Texcoco, para buscar un refugio.

Durante siete días, la cacique priísta se mantuvo oculta, hasta que ella misma decidió, el 25 de agosto a las 19:15 horas, entregarse en el municipio de Zinacantepec, donde llegó la Policía Judicial para escoltarla de un domicilio ubicado en el número 325 de la calle Isabel a las instalaciones de la PGJEM.

Con ella iban su hijo Hugo Herrera Buendía y su esposo, José Adelaido Herrera Delgado, quienes también fueron acusados de los delitos de homicidio, lesiones, ocupación ilegal de edificio público y rebelión.



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Los integrantes de la Comisión especial de la LIV Legislatura para el seguimiento y atención de los hechos ocurridos en el municipio de Chimalhuacán informaron a los diputados mexiquenses que ya había antecedentes de violencia en ese municipio, en vísperas del cambio de poderes y cuando el grupo de "La Loba" el presidente municipal era Carlos Cornejo Torres, primo de Guadalupe Buendía debería entregar la alcaldía al antorchista, Jesús Tolentino Román Bojórquez.

Según el informe que presentaron a la Cámara de Diputados, desde el mismo momento en que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) postuló a Tolentino Román, se realizaron movilizaciones y marchas populares de priístas.

Después, el 5 de julio del mismo año, cuando el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) lo declaró presidente municipal electo, "ese mismo día se presentaron hechos violentos entre los simpatizantes del presidente (municipal) electo y otros grupos políticos".

En aquella ocasión, el enfrentamiento sólo fue a pedradas y palazos, entre antorchistas y militantes del PRD, PAN, PT y del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), después de que Raúl Carpinteiro Buendía, candidato perredista, y Andrés Cedillo, candidato del PAN ambos a la alcaldía, encabezaron una marcha de protesta por supuesto fraude electoral.

La Comisión especial expresó que días antes de la toma de protesta y de posesión "crece ese estado de incertidumbre, ya que por diversos testimonios, la señora Eulalia Guadalupe Buendía Torres difundía que no permitiría que el presidente municipal electo tomara posesión de su cargo".

Por otro lado, la autoridad estatal encargada de la Seguridad Pública debió de conocer la situación tensa que prevalecía en ese municipio, y aplicar algún dispositivo, para evitar actos violentos que se preveían pudieran presentarse, aunado al conocimiento popular que existía sobre el clima de inseguridad".

El mismo alcalde electo, Jesús Tolentino, había advertido con un oficio al gobernador Arturo Montiel Rojas y al secretario general de Gobierno, Manuel Cadena Morales, que había la posibilidad "nada remota" de que antes, durante o después de la ceremonia de toma de protesta pudieran suscitarse actos de violencia, que podría llegar a perjudiciar la tranquilidad y la integridad de los ciudadanos pacíficos.

Durante el día 17 de agosto, fue evidente la presencia de la policía estatal, lo que permitió la toma de protesta del alcalde Román Bojórquez. Al acto se presentó "La Loba" y algunos periodistas quisieron entrevistarla; sin embargo, ella los eludió y sólo en su rostro apareció una extraña sonrisa, después se salió del lugar, el cual estaba rodeado por miles de antorchistas que vitoreaban el triunfo de Tolentino.

Ese mismo día, la cacique priísta se reunió con sus lugartenientes y planearon la entrada al palacio municipal, por la puerta que daba a su oficina ubicada sobre la avenida Nezahualcóyotl.

Los grupos de informantes empezaron a reportar al gobernador Arturo Montiel Rojas que Guadalupe Buendía Torres movilizaba a su gente hacía el interior de la alcaldía, llevando palos, piedras, bombas Molotov y armas de fuego.

Según lo consigna la Comisión especial de legisladores, el 18 de agosto, cerca de las 4:30 horas, simpatizantes de Guadalupe Buendía se apoderaron del palacio municipal, quienes entraron armados con palos, bolsas conteniendo piedras, al mismo tiempo que se ubicaban estratégicamente en la azotea del inmueble.

"A las 10 de la mañana, más simpatizantes de la señora Buendía se situaban al costado poniente del jardín principal, sobre la avenida Nezahualcóyotl, identificándose con listones y moños blancos en sus brazos."

Asimismo, dice el informe legislativo, llegaban simpatizantes del presidente electo, identificados a través de pegotes de color rojo, los cuales portaban palos y piedras.

"Aproximadamente a las 11 de la mañana, se inició el enfrentamiento entre ambos grupos con la clara provocación de quienes portaban listones blancos en el brazo, al parecer mediante la señal de detonaciones de cohetes se dio el enfrentamiento y disparo de armas de fuego, al momento en que la policía permanecía a la expectativa, postrada en la calle 16 de Septiembre", según estableció la Comisión especial de diputados. Agregó: "Este enfrentamiento se desata después de que simpatizantes de la señora Buendía dañaron vehículos estacionados sobre la avenida Nezahualcóyotl, escuchándose los primeros disparos de arma de fuego, cayendo los heridos y muertos, observándose que de ambos bandos había gente armada como también lo señala la Procuraduría, interviniendo hasta después la policía estatal y la Procuraduría. Con el resultado que todos conocemos: 10 muertos, cerca de 100 lesionados y 131 personas consignadas, hasta el momento" .



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