La frustración de no tener un quirófano de nivel
El joven llegó prácticamente con las dos piernas amputadas. Se desangraba sin control. Había sobrevivido a un accidente automovilístico; sin embargo, estaba inconsciente. Sus heridas eran graves, muy graves.
El tratamiento requerido era una cirugía cardiovascular, urgente, que uniera las venas rotas y restableciera el fluido sanguíneo. Se hizo lo posible, pero el paciente murió.
Aunque el diagnóstico era desalentador desde un inicio, queda la frustración de no tener un quirófano de alto nivel para una cirugía tan compleja, de urgencia. Si bien, en el hospital hay un médico cirujano cardiovascular, su presencia no es permanente. Queda la duda, “si hubiera…” la frase que ronda en los casos más complicados, cuando el paciente fallece a pesar de los esfuerzos; por lo menos, lo que está a su alcance.





