La tormenta sigue en San Miguel Amoltepec
Video. Son cientos de personas en la región de La Montaña en Guerrero las que a causa de las lluvias de septiembre quedaron sin hogar, sin patrimonio, sin empleo para poder llevar comida a sus familias

DESASTRE. Hace cinco meses medio pueblo quedó sepultado a causa de los deslaves por las lluvias ocasionadas por el huracán "Manuel". (Foto: LUIS CORTÉS / EL UNIVERSAL )
julian.sanchez@eluniversal.com.mx
SAN MIGUEL AMOLTEPEC VIEJO
“Aquí en San Miguel no tenemos qué darles de comer a nuestros hijos. Debemos salir del campamento para vender algo y traer comida”, afirma Angelina Ortega Ángel, quien a casi cinco meses de que la mitad de su pueblo quedó sepultado a causa de los deslaves ocasionados por las lluvias de septiembre del año pasado, dice que desde octubre las autoridades les dejaron en este sitio algunos costales de arroz, frijol y maíz.
Pero no es suficiente para alimentar a las 336 personas que duermen bajo las lonas y láminas que instalaron para 84 familias de esta comunidad indígena.
“Queremos hablar con la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) para que nos apoye un poquito más, porque lo que nos dieron no nos alcanza y ahorita no corremos tanto peligro porque no ha llovido, pero mientras, tenemos que pasar el frío en la noche y el calor en el día”.
Angelina tiene 32 años de edad y cinco hijos; apenas habla español y se queja del hambre que pasan los niños y los ancianos, así como el resto de los adultos, padeciendo días cada vez más difíciles sin que les llegue ayuda, por lo que considera que su situación no les importa al presidente municipal, ni a los gobiernos estatal o federal.
Quienes están aquí desde septiembre relatan que los funcionarios de la Sedesol sólo los visitaron una vez, en octubre, para levantar un censo y no han regresado.
Hace dos semanas estuvo aquí Luciano Moreno López, alcalde de Cochoapa El Grande, al que pertenece San Miguel Amoltepec Viejo, pero dicen que no les ha hecho caso para reubicarlos.
Los días 13, 14, 15 y 16 de septiembre de 2013 en Guerrero y otros estados del país fueron azotadas, primero, por la tormenta tropical Manuel, y después por Ingrid, causando, de acuerdo con las autoridades, uno de los más grandes desastres en la entidad, como se observa en la región de La Montaña, donde además existen condiciones estructurales de marginación.
“Las tormentas no sólo causaron daños que requieren atención urgente, sino también han puesto a la región al borde de una crisis alimentaria. La pérdida de la cosecha del maíz de autoconsumo que se recogería en este ciclo agrícola y que es la base de la alimentación en La Montaña, arroja a la incertidumbre a miles de familias indígenas de los pueblos Me’phaa, Na Savi y Naua, los cuales durante el próximo año no tendrán qué comer”, señala el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.
La Montaña es una región formada por 19 municipios incluyendo a los más pobres de México, con más de mil comunidades en donde se concentra 85% de la población indígena del estado, según el Censo de 2010 del INEGI.
Son cientos de personas en esta región que a causa de las lluvias de septiembre se quedaron sin hogar, sin patrimonio ni empleo para poder llevar comida a sus familias, lo que deriva en una alta desnutrición, paralelo a las enfermedades y crecimiento de la miseria por las condiciones en las que viven en campamentos hechos con láminas y lonas, sin que tengan los servicios básicos fundamentales en lo que hoy son sus viviendas.
El martes pasado damnificados de esta zona guerrerense realizaron una movilización en el municipio de Tlapa de Comonfort en la que participaron más de dos mil personas, quienes bloquearon los accesos carreteros para exigir una mesa de trabajo con el gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, y la titular de la Sedesol, Rosario Robles.
Del primero obtuvieron la propuesta de reunirse mañana, pero hasta ayer, no tenían una respuesta precisa de la Secretaría de Desarrollo Social, por lo que volvieron a bloquear las vías terrestres hacia Chilpancingo y Puebla, al tiempo que advirtieron que no regresarían a sus campamentos.
Les cierran todas las puertas
Angélica Ortega Ángel, quien vive en uno de los campamentos a la orilla de su pueblo San Miguel Amoltepec Viejo, expresa su desesperación y malestar, pues dice que han llegado varias personas a verlas y a tomarles fotos, pero para ella eso es una burla, porque cree que lucran con su tragedia y la ayuda a ellos no les llega.
Afirma: “Lo que quiero es que nos apoye el gobierno de (Enrique) Peña Nieto y del edil del municipio de Cochoapa (Luciano Moreno), porque desde que llegaron a gobernar, no nos han ayudado”.
“Están trabajando para ellos solos y en la ciudad apoyan a los ricos, menos aquí. No nos quieren apoyar, cuando quieren voto vienen hasta acá, sea de día o de noche, y nos les preocupa si llueve porque quieren ganar, quieren su votación, pero ahora ya no nos quieren apoyar”.
Lo mismo dice Antonio Santiago Díaz, el principal del pueblo, el líder de esta comunidad donde se habla en mixteco, y subraya que el alcalde Luciano Moreno, no cumple lo que les dice y “nos ha traído a la vuelta y vuelta, que en cinco días, que en 10, que en 15 y así nos la hemos pasado casi cinco meses”.
“Por eso estamos entre los ‘principales’ hablando que nos tenemos que poner de acuerdo entre todos para ver si decidimos nosotros mismos buscar un lugar para reubicarnos, pero lo queremos hacer bien, o que cada quien busque su pedazo de tierra”, señaló.
El domingo pasado, un grupo de personas de esta comunidad encabezados por Antonio Santiago Díaz fueron a buscar al alcalde, pero éste no estaba y fueron recibidos por Celerino Tiburcio, quien es comisario de bienes comunales y aseguraron ese día estaba en estado de ebriedad.
“El comisario nos dijo: ya busqué a donde los van a reubicar en San Miguel Viejo. Pero se estaba levantando la botella, estaba chupado y no nos dio respuesta favorable”.
Racionan alimentos
Ante la falta de ayuda, las madres racionan los alimentos para que les alcance y algunas cuidan entre gallinas y pollos a sus hijos. Otras hacen sombreros. Son seis o siete los que terminan a la semana para irlos a vender, con el fin de tener un poco de dinero y comprar algún medicamento y alimentos, como fruta, la cual, a quienes bien les va, la comen una vez a la semana en espera de que su vida mejore luego de que su hogar y patrimonio quedaron debajo de toneladas de tierra y piedras. Aún así, tienen la esperanza de que alguien los escuche y les haga real el apoyo prometido.
Los habitantes de La Montaña conformaron el Consejo de Comunidades Damnificadas, entre otras cosas, para tener acceso a una mayor y mejor alimentación.
El Consejo en coordinación con el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC) elaboraron una “propuesta integral para el abastecimiento emergente de maíz, frijol y arroz para las familias indígenas damnificadas”.
Plantean implementar acciones para prevenir una crisis alimentaria, que permita mitigar que aumenten los índices de pobreza extrema y los flujos migratorios.
Además, que las comunidades damnificadas dejen de invertir su tiempo en recorrer grandes distancias para gestionar la entrega de víveres, para que puedan concentrase en la reconstrucción de sus viviendas, pueblos, caminos, siembras y tejido social, los cuales se encuentran indelebles y frágiles tras el paso de las tormentas.
“Para lograr ese propósito se requiere con urgencia un cambio en la estrategia de atención a la emergencia por parte de las instancias de gobierno, por una política pública de atención integral que incluya el reabastecimiento gratuito de granos básicos, garantizando la inclusión y la participación de mujeres y hombres de los pueblos y sus autoridades tradicionales. Sólo sin hambre las personas y comunidades de La Montaña podrán enfrentar los enormes desafíos que representa la reconstrucción”.
Los representantes de las comunidades integrantes del Consejo han expresado que lo central es garantizar el suministro suficiente y de calidad de alimentos como maíz, frijol y arroz, dado que éstos representan el centro de la dieta de las comunidades indígenas, lo que además incluye y trasciende desde el derecho a la aceptabilidad cultural, elemento que quedaría plenamente garantizado.
La propuesta implica que el gobierno federal realice una compra extraordinaria de maíz, frijol y arroz que los ayude a sobrevivir mientras son reubicados y se reconstruye el poblado, en coordinación y consulta con las autoridades tradicionales de las comunidades más afectados.
Con ello, que se diseñe una estrategia de distribución gratuita, mediante la red de Diconsa u otras opciones, sujeta al escrutinio del Consejo. “Así se garantizaría la alimentación de las familias de la montaña un año, y se adecuarían las condiciones para iniciar la reconstrucción, que incluye la rehabilitación de la siembra en el ciclo de lluvias, cuya planeación debe iniciar la recuperación de la producción agrícola de autosubsistencia”.





