Cubren su rostro y edad
SAN QUINTÍN A las tres de la tarde el sol pega bravo, pues el termómetro alcanza los 40 grados.
A lo lejos se logra divisar a dos cuerpos menudos que visten de negro; vienen con el rostro cubierto, y apenas dejan al descubierto sus pequeños ojos rasgados y parte de su piel cobriza. Una de ellas, Graciela, tiene 14 años y es su primer año en el campo.
"Estoy usando el nombre de mi tía, un día presenté sus papeles. Como mi mamá es madre soltera le estoy ayudando con mis hermanitos. Estudiaba pero ya no."
Graciela solo terminó la primaria, y se dedicaba a cuidar a sus siete hermanos para que su madre pudiera salir a trabajar al campo, pero ahora también debe trabajar.
“Me pongó mi paño y me visto así, para que cuando vengan los que revisan no se den cuenta que soy menor de edad. Hay muchos menores trabajando conmigo, unos 30. Y todos se tapan la cara”, admite.
Patricia Sierra, activista de la Casa de la Mujer Indígena, dice que el peligro para estas jornaleras jovencitas incluye el acoso sexual y en ocasiones la violación.





