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Historia. Cristina, orgullosa de ser policía militar

Édgar Ávila / Corresponsal| El Universal
Viernes 07 de marzo de 2014
<b>Historia.</b> Cristina, orgullosa de ser polica militar

VALOR. Cristina Mateo Ulloa (primera de der. a izq.) está en una unidad de infantería de la 29 Zona Militar. (Foto: ÉDGAR ÁVILA / EL UNIVERSAL )

Pertenece a una unidad de infantería de la 29 Zona Militar, pero se encarga de aplicar el reglamento en instalaciones castrenses, y lo hace al lado de sus compañeros de armas

MINATITLÁN

Cristina porta en el hombro un fusil semiautomático de asalto G3, su traje verde oliva y, por si no fuera suficiente, la insignia de Policía Militar.

Pertenece a una unidad de infantería de la 29 Zona Militar, pero se encarga de aplicar el reglamento en instalaciones castrenses, y lo hace al lado de sus compañeros de armas.

Lleva dos años en el Ejército Mexicano y, con una hija de cuatro años de edad, tiene bien claros sus deberes militares y ciudadanos: defender la integridad, independencia y soberanía de la nación; garantizar la seguridad interior, auxiliar a la población civil en caso de necesidades públicas y realizar acciones cívicas y obras sociales, además de participar en el Plan DN-III de ayuda en caso de desastre.

Fue precisamente durante una desgracia cuando Cristina Mateo Ulloa supo hacia dónde se encaminaría su vida.

Cuando observó al personal del Ejército Mexicano auxiliando a las personas durante una de las tantas inundaciones que aquejan a Veracruz, sintió en el corazón su verdadera vocación.

“Despertó en mí el deseo de servir a mi país; sentí que mi verdadera vocación era pertenecer a las Fuerzas Armadas y ayudar, como ellos lo hacían”, recuerda, ahora enfundada en su traje militar.

En las instalaciones de la 29 Zona Militar, con sede en la ciudad de Minatitlán, al sur de Veracruz, confiesa que uno de sus mayores sacrificios de estar en el Ejército es la lejanía de los suyos, de sus seres queridos.

“Estar lejos de mi familia en ocasiones me hizo pensar en dejar la carrera militar; no es lo mismo verlos y hablar con ellos que hablarles por teléfono, pero la familia es el motor que impulsa al militar a desafiar los obstáculos y las grandes dificultades”, señala.

La adaptación de su vida civil a la militar fue muy complicada, sin embargo, este mujer de piel morena logró incorporarse plenamente a la vida militar y a convivir con reglamentos y leyes que norman la conducta castrense.

No es tarea sencilla. A primera hora del día se levanta, desayuna, se uniforma, pasa la lista de diana, honores a la bandera, instrucción de orden cerrado y marcha con arma al hombro. Y apenas son las ocho de la mañana.

“Todos los días, de lunes a viernes, recibo instrucción de cómo usar el bastón PR24 para conducirme en disturbios civiles principalmente; siempre tengo presente el uso racional de la fuerza y el respeto a los derechos humanos”, explica.

Todo al lado de su pelotón y todo bajo el lema del policía militar que pareciera que lo trae tatuado: “Precaución, desconfianza y reacción”.

Después vienen sus tareas de Policía Militar, que incluyen auxiliar en la vigilancia del cumplimiento de disposiciones relacionadas con la seguridad, la disciplina y el orden; observancia de las leyes en puestos militares e instalaciones y verificar circulación y control del tránsito.

“El Ejército me ha brindado una gran satisfacción. El portar el uniforme militar no es cualquier cosa, implica sentir una pertenencia y saber que representamos a la mujer, formando parte del recurso humano para cumplir las misiones que tenemos encomendadas”, expone.

Atrás quedaron los “problemas” por la incursión de mujeres en las instituciones militares del país y hoy conviven con toda naturalidad.

“Es una convivencia de compañerismo, se puede decir que los hombres en el Ejército hace tiempo cambiaron su perspectiva de que la mujer sólo servía para estar en casa. Hoy estamos y obtenemos de recompensa la satisfacción del deber cumplido”, afirma.



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