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Historias. Lo difícil de un nombre raro

Javier Cabrera, Fredy Martín Pérez, Dinorath Mota López Corresponsales| El Universal
Martes 18 de febrero de 2014
<b> Historias. </b> Lo difcil de un nombre raro

SANTO. En Comitán, Chiapas, se venera la figura de San Caralampio, a la derecha sobre la mesa en la imagen. (Foto: FREDY MARTÍN EL UNIVERSAL )

Algunas personas han sufrido constantes burlas o se han sentido avergonzadas, pero finalmente lo han aceptado

A Rosaldo le apenaba; llegó a usar uno falso

CULIACÁN. Durante su adolescencia y juventud llamarse Rosaldo lo inhibía para presentarse ante las jovencitas por su nombre, por lo que adoptaba uno falso.

Han pasado varios años desde entonces. Rosaldo ahora es un profesionista, con un matrimonio estable y un hijo al que le puso Adriano.

Actualmente radica en el municipio de Mocorito, lugar donde es ampliamente conocido.
Miembro de una familia de ocho hermanos, cuyos orígenes provienen de Tamiapa, Badiraguato, es el único de los hijos varones que lleva algún nombre catalogado como "extraño".

Uno de sus hermanos menores, Rogelio, recordó que desde la secundaria hasta la universidad lo llamaban "Chaldo", denominación que lo volvió inconfundible, ya que no han encontrado en el Registro Civil alguien con un homónimo.

En 2011, el Registro Civil del puerto de Mazatlán reveló que se puso de moda poner los nombres de Sinaloa y Cintia, pero al revés, por lo que aparecen como Aloanis y Aitnic.

También, como moda, se registraron los nombres de Fara, Iker, Keyri, Alalí, Liah, Lidemico y Allisson, entre otros, cuyos significados son desconocidos por los padres de los niños.

En el Registro Civil del estado, nombres como Atila aparecen en los últimos 12 años: hay 170 personas llamadas así.

A sus 38 años, a Rosaldo ya no le avergüenza su nombre; por el contrario, asegura que es por éste que se volvió popular y fácil de identificar por la gente.

No se ha registrado a ningún Caralampio en muchos años

COMITÁN. El 6 de octubre de 1996, desde Madison, Wisconsin, Rosario Castellanos le escribe a Raúl Ortiz y Ortiz, su amigo, para contarle: "Caralampio me habla por teléfono dos veces a la semana, gracias a lo cual no me he muerto de la tristeza de estar lejos de él". Hoy este nombre, popular en Comitán, donde se venera al santo, ha sido prohibido en Sonora.

Hasta el siglo pasado, el nombre de Caralampio era común entre los mestizos de Comitán y tojolabales de Las Cañadas y la Selva, donde en los ejidos y ranchos se venera la imagen del santo en capillas e iglesias, pero de unos 20 años para acá su uso ha disminuido como consecuencia de la emigración a Estados Unidos.

En este contexto, con el tiempo Caralampio ha pasado a ser un nombre objeto de burlas o ha dejado de gustar a los comitecos.

Un caso es el de Caralampia "N", de 45 años de edad, quien dice que desde que era niña detestó el nombre que le pusieron sus padres. Hoy prefiere que le digan simplemente "Cari", aunque en todos sus documentos de estudios y de identidad aparece como Caralampia.

Como ejemplo del extendido uso de este nombre en Comitán basta señalar que a 200 metros a la redonda de donde hoy vive "Cari" en otros tiempos habitaron Caralampio Gómez, el tablajero; Caralampio Argüello, el carpintero; doña Caralampia, la tendera; Humberto Caralampio, el taxista; Augusto Caralampio, el mecánico; Caralampio, el fotógrafo, y Faustino Caralampio, el ingeniero.

Crece el culto, el nombre cede

Actualmente, el culto a San Caralampio se ha extendido hacia el Distrito Federal, Monterrey y otras ciudades del país.

Sin embargo, el nombre va en retroceso. En la oficialía 03 de Las Margaritas, ubicada en la Primera Sur Oriente, los funcionarios informan que algunos padres llegan a la oficina a inscribir a sus hijos con nombres "muy raros que oyen en la televisión", pero la gran mayoría les pone nombres de origen anglosajón, pues muchos de ellos han ido a trabajar a Estados Unidos.

"La instrucción que tenemos nosotros es que cuando lleguen los padres y quieran ponerle un nombre raro a su hijo nosotros les tenemos que decir que ese nombre no es correcto; en algunos casos aceptan la sugerencia, pero otros hasta se enojan", dice la oficial, que pide omitir su nombre.

En los últimos tres años, ninguna familia ha escogido el nombre de Caralampio para alguno de los niños que se han inscrito en la oficialía 03, mientras en la oficialía 01 los funcionarios dicen que en la base de datos que va de 1970 a la fecha "hay muchas personas con el nombre de Caralampio, pero desde hace dos años no hemos inscrito a ningún niño".

Herculano: "tuve que partirles la cara"

PACHUCA. Un nombre no hace al hombre. Eso es lo que ahora piensa Herculano, quien durante años sufrió burlas que lo llevaron incluso a volverse violento con sus compañeros.

Herculano Hernández, ahora tiene 55 años de edad, pero recuerda que desde pequeño, sus primos y amigos se reían de él. En la primaria, fue hasta tercero que supo de la parte del cuerpo con la que termina su nombre. "Me decían mis amigos que terminaba con ano, y en ese momento comencé a avergonzarme y sentirme incómodo".

Al pasar a bachillerato cuenta que la historia se repitió; incluso sus amigos en voz baja y a escondidas se burlaban de él. "La verdad, me volví violento, en varias ocasiones tuve que partirles la cara", admite.

Otro aspecto en contra fue ser buen estudiante. "Sacaba buenas notas y eso les molestaba, y ahí empezaban otra vez las burlas", recuerda.

Al pasar a la escuela normal para ser profesor uno de sus maestros le sugirió que cambiara su nombre, pero él no tenía los recursos para el juicio de identidad que eso implicaba.

Herculano terminó la escuela normal y con ello sin saberlo estaba a punto de cambiar su vida.

"Un día tuve que hacer un currículum para pedir empleo y ahí me pedían que anexara todos los diplomas y reconocimientos, y no es por presunción pero entonces tenía 65 diplomas donde había participado y todos los papeles tenían un denominador en común: mi nombre, Herculano, es ahí que se me quitó la vergüenza y comencé a sentirme orgulloso", afirma.



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