"No hay políticas públicas para paliar el fenómeno"

DIVERSIDAD. Adultos mayores abandonados, migrantes deportados, indigentes y adictos a las drogas convergen sin distinción. (Foto: LAURA SÁNCHEZ / EL UNIVERSAL )
En Tijuana, el problema de la indigencia posee características únicas. Su ubicación estratégica con respecto a las ciudades de San Diego y Los Ángeles convierte a esta urbe fronteriza en imán de miles de migrantes procedentes de numerosas naciones.
Muchos de éstos nunca logran cruzar la frontera o son deportados, y optan por hacer de Tijuana su hogar.
De acuerdo con el Colegio de la Frontera Norte (Colef), la mayoría de estos migrantes viven en condiciones desfavorables. “La falta de recursos y, en ocasiones, las adicciones, los llevan directo a la indigencia”.
La población en condición de calle se concentra en la zona centro, principalmente en El Bordo, a unos metros de la frontera.
Ahí, entre mil y mil 500 indigentes, según el Colef, subsisten en “viviendas” elaboradas con desechos de cartón, lámina y hasta tela, así como en hoyos, alcantarillas y puentes.
Pese al problema humanitario que representa la indigencia, las autoridades municipales no han elaborado un censo que dé cuenta detallada del fenómeno, tampoco existen políticas públicas que busquen paliar la situación.
Durante la pasada administración (que terminó en 2013) se realizaban redadas y se quemaban las improvisadas viviendas.
Hoy, no hay medidas represivas, pero tampoco existe un solo albergue gubernamental, y los tres que hay en el centro obedecen a esfuerzos de ONG e iglesias, pero están enfocados a la atención de los deportados, no de indigentes.





