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Día de las Madres. "Mamá Rosy", una mujer con más de 100 hijos

Vania Pigeonutt / Corresponsal| El Universal
Sábado 10 de mayo de 2014
<b>Da de las Madres.</b>

CUIDADO. "Mamá Rosy" se ha preocupado por más de 40 años porque sus "hijos" tengan mejores condiciones de vida en refugios de Acapulco. (Foto: VANIA PIGEONUTT / EL UNIVERSAL )


ACAPULCO

'Mamá Rosy' tiene más de 100 hijos y 30 nietos. Sus ojos verdes han registrado incontables imágenes de dolor, pero también de mucha alegría. Ha lidiado con la muerte de algunos y con los vicios que a otros los han llevado a la demencia, a la cárcel y también a la tumba, pero hoy, cuando la abracen para festejarla, dice, recordará una vez más que todo lo que ha hecho por más de 40 años ha valido la pena.

La mujer ha rescatado de las drogas, de algún proxeneta o pederasta a más de 100 niños de la calle; además, se encarga de los albergues del DIF-Acapulco. Su vida no ha sido sencilla, admite.

Desde adolescente, cuando su abuelo —que era alemán— tenía una gasolinera que aún está sobre el malecón, comenzó su labor altruista. Eso fue hace 41 años, cuando tenía apenas 15.

Hoy, sus tres hijos biológicos la apoyan, porque valoran que además de ser mamá ha sabido ser papá de ellos y de muchos niños más. Su altruismo no lo ha materializado en crear una organización no gubernamental, porque no cree en ellas; sin embargo, aceptó coordinar los cuatro albergues para menores en esa situación del DIF en Acapulco, pues recibe un salario por ayudarlos.

Los contrastes del puerto

'Mamá Rosy' ve al puerto como el más hermoso del mundo, aunque sabe que en el entorno de violencia que vive el estado, sus hijos —muchos de ellos ya son padres— no pueden vivir en las calles. Los malos, lamenta, se han apoderado de los rincones donde antes se guarecían y han buscado opciones.

La música suena aunque haya silencio: es el trinar de los pájaros o los gritos incesantes de algún prestador de servicios que se gana la vida tostándose bajo el sol. 'Mamá Rosy' voltea a verlos sobre la costera y camina despacio, porque tiene la esperanza de encontrar a un hijo.

Cuenta que antes era más sencillo pisar por algún rincón de Acapulco, pues los niños de la calle no sólo trabajaban en avenidas y playas: allí vivían. Hoy ya no pueden; los que quedan, rentan cuartos de vecindades y huyen de la muerte, pues desde hace unos cuatro años mataron a varios. “Mataron a muchos hace dos años, pero de esto (el recrudecimiento de la violencia) ya tiene unos cuatro”.

Las historias que atesora no son fáciles. Guarda recuerdos que una madre debe tolerar de sus hijos, pero multiplicada por cien.

Así ha vivido y seguirá, pues su destino es ese, defiende, lo sabe porque se siente la mujer más feliz del mundo ayudando a sus niños. Asegura que con su apoyo, los niños de la calle han conocido lo que es una familia.

Los que se fueron

'El Pantera', 'Yahaira' y 'El Conejo' son de los hijos que más le duelen; los dos primeros ya están muertos, el último vive deambulando en las calles, en busca de drogas.

Su casa, ubicada en pleno zócalo, ha servido de vivienda para sus hijos, para la mayoría.

Ella y uno de sus hijo biológico, 'El Pacho', que asiste a la preparatoria y desde niño acostumbra a donar desde zapatos hasta su único suéter, dejan pasar a sus hermanos de sangre y adoptivos, respectivamente, y se enteran de todo lo que les sucede, sin embargo nunca se sorprendieron tanto como con 'Yahaira' y 'El Pantera'.

'Yahaira': 'Mamá Rosy' no recuerda el nombre real, pero sí que fue una sus niñas y de las que más le han dolido. Le contagiaron el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH-SIDA).

“A la niña la agarraban para prostituirla, había un proxeneta que la rentaba con hombres. A ella se le hacía un trabajo fácil, que adquiría dinero y era sin tanto trabajo”. En la casa se dieron cuenta de la situación, relata, hasta que un día tuvo un accidente en la moto. Estuvo un mes en el hospital general y al realizarle exámenes preoperatorios, salió seropositiva. Le lloraron mucho, pero ella no se enteró de su mal.

Se lastimó una pierna en el accidente y después se la amputaron. Un día le dijo: “mamita, ya no puedo más”. La señora, de cuerpo robusto, con pelo chino y de mirada dulce, la tomó de la mano y le preguntó su última voluntad, Yahaira le dijo que quería ver a su familia y por primera vez, porque ningún niño de la calle lo dice a la primera por desconfianza, le confesó su verdadero nombre.

Su abuela trabajaba en saneamiento básico, un área de la Secretaría de Salud de Pachuca, no sabía que la niña estaba en fase terminal. Su madre la llevó a Acapulco donde uno de sus padrastros comenzó a prostituirla.

'El Pantera': su hijo menor, lo llamaba, porque lo conoció cuando tenía seis años. “Era un niño muy feliz, señala, de ojos verdes en forma de almendra. Pasó por todo: vendió galletas, fue peletero, palabrero, de esos que se echan el discurso de ‘soy un niño de la calle, por favor dame una monedita’, hasta que enfermó de leucemia.

Del 'Conejo' le duele platicar, porque nunca lo pudo sacar de las drogas, todavía deambula por las calles y se queja con ella de que su mejor amigo, otro hijo de 'Mamá Rosy', 'El Chiquilín', le macheteó la mano izquierda y le tuvieron que hacer una cirugía, lo que nunca va a perdonar.

Tal vez no se va a reponer nunca, lamenta, y aunque ella hace lo posible por pagarle algún tratamiento para desintoxicarlo, siempre deserta.

Afirma que nunca se arrepentirá de rescatar niños y siente que su pago en el DIF, es un premio, porque ella hace lo que le gusta: ayudar.

Defiende a sus niños que viven en una de las zonas del país con los más altos índices de prostitución infantil, comenta, y junto con organizaciones civiles pugnó por encarcelar a 17 pederastas que les regalaban por juegos de video y dulces y se los llevaban.

A todos los trata igual, afirma, y sólo se puede quejar de que se robaban algunas cosas, como desodorantes y otros artículos, para regalarle el 10 de mayo.



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