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Historias. Se sienten a gusto con nombres "diferentes"

El Universal
11:00Lunes 17 de febrero de 2014
Rafaela Hitler Arenas Ruiz tiene 77 aos de edad

JUCHITECA. Rafaela Hitler Arenas Ruiz tiene 77 años de edad. (Foto: AGENCIA QUADRATÍN )

Tres personas registradas con denominaciones poco usuales aseguran que no han tenido problemas con ello

Su papá admiraba al 'Führer'

Agencia Quadratín

JUCHITÁN

Rafaela Hitler Arenas Ruiz es una indígena zapoteca de 77 años de edad que vive en la parte céntrica de Juchitán de Zaragoza, en el Istmo de Tehuantepec, al sur de Oaxaca.

Su padre, Salomón Arenas, era un devorador de libros de historia. Admiró tanto la vida del líder alemán Adolfo Hitler que nombró a su hija como el Führer, pero lo contrastó con el primer nombre que le adjuntó: Rafaela, la santa española .

Su madre, Rosalía Ruiz, no opuso resistencia a la determinación del padre, que fue "doctor por correspondencia y renovador de sombreros" a principios del siglo XX en el pueblo de Unión Hidalgo, población que su Salomón Arenas fundó.

El que se molestó por la decisión fue el cura que bautizó a Rafaela, que no lo veía adecuado, pero el padre mantuvo su posición y no cambió el nombre.

"Le pregunté un día a mi padre por qué me puso el nombre y él sólo me respondió que le gustó mucho. Luego me dijo si me molestaba y le dije que no. De verdad, nunca me molestó, ni me causó problema; la compañía que hace con el nombre de la santa le da fuerza ", comentó sonriente Rafaela Hitler.

Salomón Arenas tuvo tres hijos más: Miguel Didáctico, Sol Aurora y Mar Jurit, todos con un significado personal para el padre o relacionados con las lecturas.

"Hitler, porque le gustaba mucho; Sol Aurora, porque estaba un día muy triste y vio la aurora, y le encantó tanto que decidió que así se llamaría su hija; Mar Judit es por el amor al mar y porque mi abuelo y sus hermanos llegaron un día del mar", dice Rafaela Hitler, quien tuvo siete hijos: al primero le puso Nobel, en honor al sueco Alfred Nobel; al segundo, Severo.

Rafaela Hitler Arenas Ruiz se dedica a la elaboración de ropa de niños Dios, santos y vírgenes.

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Lo creían de origen indígena
David Fuentes Corresponsal
CIUDAD JUÁREZ

Tener un nombre inusual no ha impedido que Porrúa Domínguez Pérez, de 35 años de edad, salga adelante en esta frontera. Aunque él mismo asegura que no sabe ni lo que significa su nombre, agradece a sus padres llamarlo así, pues ahora, dice, "es diferente".

Porrúa, como muchos mexicanos, llegó a esta frontera a buscar una mejor vida, pues en su natal Comitán, Chiapas, las cosas eran muy complicadas. Ni uno de sus siete hermanos tenía un futuro definido, por lo que optó por viajar al punto más distante de su tierra.

Al llegar aquí, la primera complicación que tuvo fue la de conseguir trabajo. Afortunadamente para él, todos aquí pensaron que Porrúa era un nombre en algún dialecto del sur del país, por lo que nadie lo cuestionó (en realidad se trata de un apellido de origen asturiano).

"Fue algo bien chistoso, porque todos pensaban que yo hablaba algún dialecto o algo así y que mi nombre significaba algo en ese dialecto. Yo lo deje así cuando me di cuenta que iba ser difícil conseguir trabajo si empezaba a explicar por qué me llamo Porrúa, aunque ni yo sé lo que significa mi nombre.

"Sé que es extraño, pero no como otros que he escuchado por ahí. Así, bueno, digamos que no llama tanto la atención. Además, eso me ha hecho diferente y mis amigos lo aceptan sin problemas", expone el hombre.

Al ser una ciudad cosmopolita, donde convergen mexicanos de todos los estados, la frontera mantiene un estándar bajo de nombres extraños en comparación de otras latitudes, pues incluso en la colonia Tarahumara, donde viven únicamente los que pertenecen a esa etnia, 90% de los habitantes tienen nombres "normales".

Sólo los más ancianos aún mantienen nombres tradicionales, pero ya ni sus hijos ni sus nietos los repiten.

"Los padres que de repente tienen la fijación de llamarles de alguna manera, cuando llegan al Registro Civil se les explica por ejemplo que Yorch es George, en inglés. Estos nombres los traen porque en ocasiones conocen a estadounidenses que los ayudan, se hacen amigos y les quieren poner a sus hijos como ellos", expone Nubia Martínez, administradora del Registro Civil en la ciudad.

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Exige que le expliquen por qué lo prohíben
Marcelo Beyliss Corresponsal
HERMOSILLO

Sobeida Torres exige una explicación a los diputados y autoridades estatales: que le digan por qué prohibieron su nombre, del cual se siente orgullosa, además de que nunca le ha causado problemas.

Empleada en una dependencia de gobierno y habitante de esa capital, ella está indignada por la disposición que entró en vigor el pasado 10 de febrero y prohíbe a los padres o tutores inscribir a niños con nombres peyorativos o denigrantes en el Registro Civil de Sonora.

La lista de 61 nombres que integraron las autoridades sonorenses incluye nombres como Rambo, Cheyenne, Aguinaldo, Aceituno, Diódoro, Batman, Harry Potter, Patrocinio y Sobeida, entre otros.

"Sinceramente, pienso que el que se puso a hacer eso no tiene nada qué hacer y que prefieren prohibir esos nombres en lugar de educar al pueblo", sentenció la mujer.

Sobeida no reniega en ningún momento de su nombre, se siente orgullosa de él porque fue el que eligió su padre. "Mi papá una vez lo escuchó, le gustó y así me registraron. A mí no me desagrada mi nombre", dijo. Lo que a veces le molesta es que en ocasiones le preguntan dos veces cómo se llama.

Molesta, Sobeida Torres pide que expliquen públicamente el criterio que tomaron los funcionarios del Registro Civil del estado y los diputados para aprobar dicha disposición.

Asegura que ella nunca ha tenido problemas por llevar ese nombre, y mucho menos fue víctima de bullying por esa causa: en la escuela todo transcurrió normal, nunca hubo burlas por su nombre, y menos ahora que es una persona adulta.

 



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