aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Ninguna como ella bailó los tres minutos de “La muerte del cisne”

El Universal
Lunes 25 de enero de 2010

“La Muerte del cisne”, que tan sólo dura tres minutos, forma parte del cuento El Carnaval de los Animales, del compositor francés Camille Saint-Saens y tomada por Michael Fokine en 1905 para realizar una única coreografía, especialmente diseñada para la Prima Ballerina de origen ruso, Anna Pavlova, fallecida el 23 de enero de 1931.

De esta forma lo comentó el periódico El nuevo Herald en su página de Internet, recientemente, donde también afirma que nunca hubo una bailarina con las características de Pavlova para interpretar esa pieza, según críticos de diferentes épocas.

Pavlova, la más brillante Prima Ballerina Assoluta del ballet clásico, quien con su arte llenó infinidad de páginas enteras que hablan de su belleza, su destreza e inteligencia, murió a los 49 años de edad, cuando se encontraba en la cima de su carrera.

Había brillado sin cesar durante 32 años, desde el invierno de 1899, en que recibió su título de bailarina de la Academia Imperial de Ballet de San Petersburgo, en el Teatro Mijailovky.

Tuvo una calidad etérea y apariencia frágil, pero sana; piernas bien modeladas sin la excesiva musculatura que a algunas de ellas da el ejercicio de la danza; tobillos finos; brazos largos, perfectamente delineados, buscando siempre tocar con la punta de sus dedos la inmensidad del otro yo.

Pavlova nació prematura, diminuta y débil, el 12 de febrero de 1881 en San Petersburgo, Rusia.

Huérfana de padre, fue una pequeña mimada por su madre y aún, cuando de niña fue enfermiza, se convirtió en una excelsa bailarina que muy pronto cobraría fama en todo el mundo.

Su progenitora, que tenía sangre rusa y judía, estaba preocupada por la salud de su hija, y decidió enviarla con su abuela al campo, en Ligovo.

Allí, Pavlova se enamoró de la naturaleza, amor que influyó después en su interpretación de “La Libélula”, “La amapola de California”, “Hojas de otoño” y otros personajes.

Su vocación por la danza nació a partir del día en que su madre la llevó a ver el ballet “La Bella Durmiente”, cuando tenía ocho años, y desde entonces su anhelo fue ingresar a la escuela de danza.

Cuando presentó el examen de admisión contaba con apenas 10 años y su figura era muy delgada. Por espacio de siete años estuvo sometida a un régimen intenso en esa escuela.

Sus primeros maestros fueron Oblakov, Ekaterina Vazen, Pavel Guerdt, el sueco Christian Johansen y el francés Marius Petipá.

La carrera escénica de Pavlova comenzó en el Teatro Mariinsky (Opera Imperial) representando diversos papeles. En 1905 fue invitada a una gran función benéfica y pidió a su amigo Michael Fokin que le aconsejara una pieza para bailar.

Fokin le propuso “El cisne”, de Saint-Saens. En un momento compuso la danza y de inmediato empezaron a ensayar. Así nació el “solo” del ballet más famoso: “La muerte del cisne”.

Ante el éxito que obtuvo, las autoridades del Mariinsky no vacilaron en dar a Pavlova el papel principal dentro de aquella obra de El lago de los cisnes. Poco después se le nombró Prima Ballerina Assoluta (Primera Bailarina Absoluta) .

Fue también afortunada en el amor, ya que en ese mismo año casó con el barón Víctor Emilovith Dandre, quien en lo sucesivo organizó todas sus giras y, después de su muerte, escribió el libro que constituye la mejor biografía de Anna.

Inspirada por sus triunfos y por lo que había leído de otros sitios, Pavlova decidió viajar. Su primera gira fue a Riga, en 1907.

Después lo haría a Helsingfors, muy cerca de Estocolmo, Suecia, donde el rey Oscar le confirió la Orden Sueca del Mérito en Arte.

Luego se fue a Copenhague, Leipizig, Praga, Berlín y Viena. Años después sus viajes continuaron y llegó a conquistar el mundo entero.

Pavlova formó su propia compañía. El 28 de febrero de 1910 apareció por vez primera en el Metropolitan Opera House, de Nueva York, con el ballet “Coppelia”, llevando a Michael Mordkin como su pareja. Su triunfo fue avasallador.

Al estallar la Primera Guerra Mundial (1914-1918) estaba en Alemania y logró volver a Inglaterra para luego embarcarse a EU, donde tenía buenos amigos, entre ellos Mary Pickford, Douglas Fairbanks y Charlie Chaplin, quienes la persuadieron a filmar sus danzas.

En la película que se conserva, tomada en 1912, puede verse su gran estilo y personalidad.

También estuvo en México, Brasil y Argentina, entre otros países de América. La muerte cortó su carrera de artista el 23 de enero de 1931. El cisne moría para siempre. Otra bailarina ocuparía su lugar, pero nunca con la gracia o calidad de Anna.



Ver más @Univ_espect
comentarios
0