Mario Almada: desea trabajar hasta el final
EL rostro más enérgico y expresivo del cine mexicano ha sido sin duda el de Mario Almada Otero. Quien se convirtiera en los 70 en el actor más taquillero de nuestro cine se forjó en la parte del país ubicada en el corazón de la región maya, a orillas del río que lleva el mismo nombre, Maya, zona seca y recia donde nunca se da algo a cambio de nada. Mario fue el segundo hijo del matrimonio de los Almada Otero. “El primero fue Ricardo, luego vinieron Horacio, Lily, ya fallecida, Georgina y Fernando”, quien lo introdujo años después al medio cinematográfico. Los datos biográficos del actor sitúan su nacimiento en Huatabampo, pero él revela que no fue así. “Nací en el DF, pero me registraron en aquella población sonorense a donde me llevaron desde muy pequeño”. Desde hace 52 años contrajo matrimonio con Consuelo Ruiz; procrearon cuatro hijos, dos varones y dos mujeres. “Soy abuelo de 12 nietos y cuatro bisnietos, de todos ellos el único que ha seguido mis pasos ha sido mi hijo Marcos, quien es escritor y productor fílmico, ha tenido la oportunidad de probar suerte como actor en cinco o seis ocasiones, dos de ellas en plan estelar”, con su vástago prepara desde hace un tiempo la realización de la cinta Odisea de los yaquis. En 1935, una probadita Almada cursó su primara y secundaria en la ciudad de México. “Suspendí los estudios porque preferí regresar a mi tierra y convertirme en agricultor”. Curiosamente, durante su estancia en el DF, en plena etapa escolar, Mario y su hermano Fernando tuvieron su primera experiencia cinematográfica. “Fue en 1935, estábamos en la escuela Benito Juárez, donde el productor y director Juan Orol fue en busca de unos niños para su cinta Madre querida, casualmente nosotros estuvimos entre los elegidos. Como un hombre maduro, Mario Almada pisó nuevamente los sets cinematográficos. “Llegué de Sonora en 1960, no venía pensando en el cine, fui llamado por mi padre para hacerme cargo del Señorial, centro nocturno que tenía en la Zona Rosa. “Ahí se presentaban grandes figuras nacionales y extranjeras, pero un día tuvimos que cerrar.” Cuando Mario preparaba en 1965 sus maletas para volver a Huatabampo, su hermano Fernando le propuso entrarle al cine. “Acepté y poco a poco me fui involucrando en el medio, mi primera experiencia fue como productor fílmico en Nido de águilas, por cierto que al mismo tiempo se dio mi debut como actor. Tuve que sustituir a Bruno Rey, quien a causa de un accidente, salió del elenco”. La vida de Almada dio un giro completo, se le multiplicaron las ofertas fílmicas e inclusive, junto con Fernando se convirtió en exitoso productor de películas, como Todo por nada. Varias de sus actuaciones en la pantalla grande le valieron nominaciones y premios cinematográficos como La Diosa de Plata y el Ariel. “Sí, obtuve ocho diosas y fui nominado al Ariel en dos ocasiones, por La viuda negra y Tacos de oro”. Mario se convirtió pronto en el actor más taquillero del cine mexicano. A pesar de haberse colocado sorpresivamente en los cuernos de la luna, el actor sonorense cree que siempre ha sido el mismo. “No he cambiado en lo absoluto. Vengo de una familia muy decente pero sencilla que me dio las bases para enfrentarme igual a los reveses de la fortuna, que al triunfo”. Hasta la fecha mucha gente se pregunta, ¿cómo un hombre maduro, sin ser galán, joven y apuesto, sin estudios de arte dramático, ha alcanzado tanto éxito? “Yo tampoco lo sé, llegué al cine con muchas arrugas en la cara y nunca he usado maquillaje. Mis arrugas, mi color, mi cara me dan un carácter, no las cambio por nada. Si me maquillan me planchan. Las arrugas me las gané en Sonora como agricultor, forjando con ello este tipo de rostros que, dicen, resultan cinematográficos”. Hasta que me muera Nunca ha querido aparecer joven y menos viejo. “Jamás, hay muchos compañeros actores que se pintan las cejas, el cabello, las pestañas, para verse jovencitos. “No hay necesidad. Siempre me ha gustado verme en la edad que estoy y representarlo en la pantalla.” A pesar de que el ritmo laboral de Mario Almada declinó desde los 90, sigue activo y su prestigio histriónico permanece estable, se debe a sus cualidades como persona más que nada, igualmente a su profesionalismo. “Creo que sí, todo ello tuvo que entrar en juego para llegar hasta donde estoy, pero sobre todo agradezco a Dios, que a mis 87 años de vida, sigo vigente. Ahora mismo estoy por filmar Mar muerto y espero seguir trabajando hasta que me muera.”





