En la plenitud de su vida
FRENTE A NOSOTROS, una gran mujer, Angélica Espinosa Stransky, poseedora de un gran talento histriónico, de peculiar forma de ser y ver las cosas, de belleza física incuestionable, de personalidad y elegancia innatas. Claro, hablamos de Angélica Aragón, su nombre artístico, quien a sus 55 años de edad, es decir, en la plenitud física, intelectual y espiritual, sólo afronta un temor: la ancianidad.
“Cierto”, confirma nuestro planteamiento, aunque está consciente que sigue siendo una mujer llena de vitalidad y que tiene aún, como actriz y ser humano, una gran responsabilidad, “me resisto a sentir lo que muchas personas piensan al llegar a los 50 años de edad, es decir, creerse viejos y acabados; pensar que se está casi a las puertas de la muerte”.
"Pero sí —insiste—, le temo a la invalidez, la depresión y la dependencia”, por lo mismo considera que la mejor forma de seguir viendo positivamente hacia el futuro, ”es con buena salud, disciplina en todo lo que hagamos y estando bien con uno mismo”.
La ganadora de tres premios Ariel por Novia que te vea, por Mejor Coactuación (1994); Cilantro y perejil, por Mejor Actuación (1997) y El crimen del padre Amaro, por Mejor Coactuación (2003), nació en la ciudad de México el 11 de julio de 1953. Sus primeros estudios los tuvo en el Colegio Franco Mexicano, más tarde se recibió como licenciada en Filosofía, en la Escuela de Estudios Orientales y se fue a Londres donde estuvo estudiando durante 7 años. Lo hizo primero en la Academia de Música y Arte Dramático. De la misma forma se capacitó en actuación, pantomima, canto y danza, en Inglaterra y en la India.
COMO GENTE CIVILIZADA
Los padres de la protagonista de la exitosa telenovela Mirada de mujer, son el actor y compositor José Ángel Espinosa Aragón, conocido artísticamente como Ferrusquilla y Sonya Stransky, quienes desde que Angélica contaba con 3 años de edad, optaron por disolver su matrimonio, “sí, soy hija de padres divorciados y les he vivido agradecida por no haber presenciado jamás un pleito entre ellos. Tampoco ha habido en sus vidas momentos de violencia. Se separaron como la gente civilizada”.
De su vida en la capital londinense, obtuvo una extraordinaria experiencia, “no sólo por los estudios realizados, sino porque pude trabajar como acomodadora en algunos teatros principales, eso me permitió observar y asimilar el desempeño de grandes actores ingleses”.
Durante su estadía en Europa se reencontró con un amigo hindú, se hicieron novios y decidieron casarse. Aquella unión conyugal fue efímera, sólo duró tres años. Regresó a México en 1980, iniciando aquí su labor histriónica, primero en teatro y tv, posteriormente en cine, siendo su debut fílmico en La furia de un dios (1987), desde entonces se ha mantenido en labor prolífica, creativa y constante.
Al prepararse a dar los primeros pasos interpretativos profesionales, decidió llamarse artísticamente Angélica Aragón, “después de considerar más de 100 nombres”. Aragón es el segundo apellido de su padre.





