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Visitaba a mujer en casa de huéspedes

Alberto Castillo Torres| El Universal
Domingo 15 de abril de 2007
Pedro Infante causaba revuelo en la residencia de la colonia Tabacalera donde dejó una carta como recuerdo

Una señorita "muy guapa y extranjera" era el imán que atraía a Pedro Infante a una casa de huéspedes capitalina, en la que causaba furor entre el personal y los residentes cada vez que se decidía a visitar a aquella dama.

Alrededor de 1948 y 1949, la época en la que puso en cartelera películas como Nosotros los pobres, Ustedes los ricos y Dicen que soy mujeriego, el actor se dejaba ver en una residencia ubicada en la calle Ramón Alcázar de la colonia Tabacalera.

"A Pedro se le facilitaba ir a la casa porque en la esquina de esta calle su representante tenía una oficina y muchas veces fue a visitar a esta muchacha que, por sus rasgos, era evidente que era extranjera.

"No tenemos información exacta de quién era esa persona, sobre todo porque en ese tiempo la casa la manejaba mi madre y ella ya falleció, pero ella me contaba que cuando Pedro llegaba, las recamareras y todos los trabajadores y huéspedes se emocionaban mucho cuando lo veían entrar. En ese tiempo, en la casa se daba servicio adicional de comedor y lavandería y había mucho movimiento", detalló Fernando Oberlin, dueño actual del lugar.

La dama se hospedaba en la habitación 304, en el segundo piso de la casa, e Infante pernoctó alguna vez ahí.

"En ese entonces, la puerta de la casa era muy chica y era fácil que la gente lo reconociera cuando llegaba porque siempre vestía con sombrero y no se lo quitaba ni para pasar por la puerta."

Una carta, un testimonio

Como testimonio del paso de Pedro por esa casa de huéspedes, donde también vivieron temporalmente el primer actor Ignacio López Tarso y la poetisa Guadalupe Pita Amor, en una de las paredes de la habitación con el número 304 se colocó la copia fotostática de una supuesta carta escrita a mano por el ídolo y que se quedó en ese sitio.

Esa misiva, sin fecha alguna, está dirigida presumiblemente a su madre, pues inicia con palabras sumamente cariñosas: "Querida viejita: en estos momentos estoy muy contento porque hablé contigo, lo cual para mí es algo, como que me falta fuerza para luchar cuando no sé nada de ti, tú sabes que el cariño que te tengo no se puede igualar a nada".

Luego, el ídolo de Guamúchil prosigue en el mismo tono cariñoso relatando en la carta: "Viejita linda, el lunes con el favor de Dios te voy a mandar unos centavitos, no dejes de rezar por mí, aunque yo soy un sinvergüenza no creas que te he dejado de querer nunca (...)".

Sin mayores detalles que indiquen cuándo la escribió, el documento sólo es una muestra del paso fugaz de Pedro por aquella casa.



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