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Su vida por un musical

Julio Alejandro Quijano| El Universal
Sábado 05 de agosto de 2006
Son muchos los actores y productores que por amor al teatro han perdido tiempo y dinero, pero no cejan en su esfuerzo por mantenerlo vivo

A principios de los 80, Julissa levantó los Televiteatros en avenida Chapultepec, pero el terremoto de 1985 que sacudió a la ciudad de México los derrumbó. Apenas tres lustros después, ya estaba en pie de nuevo: el musical se había caído y levantado con un tesón que puede ser una metáfora de actores, productores y directores que han dedicado su vida a este género.

Por ejemplo, el productor Gerardo Quiroz asegura que tres veces ha perdido hasta el último centavo. Y actualmente está por estrenar Vaselina, obra que protagonizan Sherlyn y Aarón Díaz, quienes en su debut en Monterrey y Guadalajara tuvieron una muy grata experiencia. Para revivir esta obra, Quiroz hizo equipo con Julissa y Alejandro Ibarra.

La actriz Lolita Cortés cuenta una historia que se relaciona aún más con aquellos Televiteatros de Julissa: ?A los 14 años yo actuaba como La narradora en José El Soñador. Entonces vino el terremoto, pero 20 años después pude volver al mismo lugar para interpretar el mismo papel. Sólo había cambiado la fecha y el nombre del teatro?. Falso. También había cambiado ella: ?Desde aquella primera vez hasta hoy, puedo decir que he aprendido lo que debe y lo que no debe hacer una actriz en el escenario?.

El dinero o el talento

La productora y directora Ana María Collado tiene muy claro el panorama de la comedia musical en México: ?No hace falta talento, sino dinero para producir obras. Llevo más de 10 años impulsando el teatro con grupos universitarios, pero a veces las cuentas no salen?.

Sin embargo, James Kelly tiene otra opinión. Él es coreógrafo a cargo de las producciones de OCESA, empresa cuya llegada resolvió el problema de dinero: sus producciones están en un rango similar al de las que se producen en Broadway.

Kelly llegó a México hace un lustro para montar Chicago. Le tocó el descubrimiento de Bianca Marroquín (actriz que hoy triunfa en Broadway), de Alan Estrada, de Mauricio Salas, de Natalia Sosa.

Desde su punto de vista, el dinero no resuelve el problema de la calidad: ?En México hay mucho talento, pero hacen falta escuelas. Siempre he dicho que los bailarines también tienen que ser buenos cantantes y viceversa. Hoy comenzamos a ver algunos frutos de este esfuerzo, pero aún falta que los actores entiendan que la versatilidad es básica para el musical.?

Así, 20 años después de aquel terromoto que derrumbó los Televiteatros, el musical mexicano empieza su renovación. Alan Estrada es la figura sobre la que se apuesta con fe, pues actúa, canta y baila.

Estrada dice: ?Me siento afortunado de tener estas aptitudes, pero soy una persona con metas muy claras; me dedico a esto para ser feliz. No tengo el sueño de Broadway ni Hollywood; además, sé que estoy labrando mi camino?.

No es casualidad que admire a Lolita Cortés: ?He trabajado dos veces con ella, y creo que es el ejemplo típico de una actriz de musical?.

Pero para encontrar la punta de esta madeja de nuevos actores musicales, es necesario recordar el año 2000. Una regia llegó a la ciudad de México para hacer la audición del papel de Roxy en el montaje de Chicago.

James Kelly la vio. Es decir, se percató de su talento: ?Es un garbanzo de a libra; además tenía esa condición curiosa de que hablaba inglés y español, así que fue fácil para ella dar el brinco hacia Estados Unidos. Hoy nos mantenemos en contacto, hablamos a cada rato y me da gusto que esté defendiéndose con su talento?.

El futuro

Un día, Manuel Landeta abandonó la comedia musical. Quería dedicarse a cantante solista: grabó su disco, lo promocionó, dio conciertos. Al final se dio cuenta de que había cometido un error, porque su verdadera vocación era el musical. Después de cuatro años, regresó con Mi bella dama.

Desde su punto de vista, eso demuestra que es un género inevitable.

Lolita Cortés vivió algo similar. Y Rubén Cerda acumula 20 obras musicales en su currículum.

A pesar de terremotos, falta de escuelas y dinero, es un género que sobrevive.

Hacia el futuro, James Kelly tiene una opinión decidida sobre lo que falta: ?Que México haga sus propios musicales y que no se dedique solamente a montar los éxitos de otros países?.



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