Me ocurrió lo que más temía: Martha Roth
De entrada, Martha Roth nos lo dijo: "Mi vida es totalmente abierta y clara", dejando entrever que en ella la mujer y la actriz no esconden nada. Son iguales. "Sí, entre la artista y el ser humano que soy, no hay diferencias. No adopto jamás poses. Ante la gente me comporto tal como soy. Me lo dicen los técnicos cinematográficos y las personas que trabajan conmigo", explica e insiste, "no me doy jamás aires de diva, me chocaría que lo dijeran porque no tengo esa forma de ver la vida". Charlamos con Martha en la estancia de su residencia del Pedregal de San Ángel. La tarde ha dado paso a la noche y la señora luce su elegancia y porte con la naturalidad de una gran dama. Sabe que muchas figuras artísticas ponen una barrera para que la gente las vean un poco más etéreas. "Creo que no lo hacen para ocultar su realidad, sino para forjarse un mito". Martha está consciente de que ella no vive "una especie de personaje en la vida cotidiana para dar una imagen distinta a como soy. Los roles que se me asignan los interpreto en la pantalla, pero en mi vida privada soy como me crearon y educaron mis padres". Roth vino de Italia con sus padres, siendo su progenitor prestigiado violonchelista húngaro "quien se enamoró de México y decidió quedarse". La actriz ha tenido grandes satisfacciones: "Me enorgullece haber cuajado una carrera artística destacada; tener un marido al que amo y admiro. Además, me siento realizada por haber procreado dos hijos que me dieron dos hermosos nietos". Doloroso y terrible Roth revela que hubo algo que siempre le atemorizó "y, desgraciadamente, lo que más temía: perder a mis hijos, me sucedió". Fue un golpe inmenso, doloroso y terrible del que, obviamente, jamás se repondrá, "y pensar que me criticaban por el cuidado excesivo que tenía con ellos. Ciertamente me había dedicado a verlos crecer, tanto que duré largo tiempo retirada de mi labor artística. Lo que más me preocupaba era que les pasara algo". Para su infortunio sus vástagos no le duraron demasiado tiempo, "sí, se desarrollaron y se hicieron hombres, pero más pronto de lo que pensé los perdí". La protagonista de Una familia de tantas, su película favorita de entre las más de 40 que ha hecho, se armó de valor y superó la tristeza: "¿Qué puede hacerse cuando las cosas no tienen remedio?". Lo hizo apoyada en el amor de su esposo, el productor Fernando Pérez Gavilán. México, la otra ciudad A tantos años de distancia de cuando debutó en el cine, con Una familia de tantas, bajo la dirección de Alejandro Galindo, Martha, nacida en 1931 en Italia, aún se sorprende de cómo esta cinta sigue siendo el filme con que más la identifica el público, "increíble, pero hasta los jóvenes conocen esa producción rodada en 1948. En un evento realizado en la UNAM, los estudiantes me llamaban con el nombre de Maru. Es decir, el de mi personaje". La ganadora del Ariel a Mejor Coactuación Femenina por Una familia de tantas, cuando sólo tenía 15 años de edad y ni siquiera sabía actuar, formó parte de una familia conservadora de los 40, "sí, una familia de tantas de aquella época, pero maravillosa". Sus padres fincaron en ella una manera correcta de comportarse, por eso cuando compara a las familias de hoy, reconoce que "cuando se llega a determinada edad, siempre se acepta que los tiempos de antes fueron mejores. Viví en una ciudad, la de México, donde podía ir a patinar a la calle sin peligro. Hoy en día, en cambio, no dejaría salir a mis nietos a que lo hicieran". Un divorcio, una experiencia La señora Roth, de Pérez Gavilán, quien estuvo casada previamente con el compositor Rubén Fuentes, considera que jamás ha tomado ninguna decisión que le haya pesado, "incluso mi separación nunca la he considerado un error, sino una experiencia. Simplemente la unión conyugal con Rubén no funcionó y punto. En ese sentido un divorcio no es un fracaso, aunque ciertamente en los 60 los divorcios no eran bien vistos, sobre todo en una familia como a la que pertenecía".





