Tiene Plaza Sésamo show de otro mundo
Pudo haber sido un día soleado como cualquier otro en Plaza Sésamo pero, como diría el compositor Rosendo Ruiz Quevedo en 1955, los marcianos llegaron ya, y aunque no bailaron rica-chá como fielmente decía en la canción, sí aprendieron pasos de baile al ritmo de Elmo, El monstruo comegalletas, Beto, Enrique y el gruñón de Óscar. Así se vio el espectáculo Fuera de este mundo , que recordaba aquellos capítulos del tradicional programa con todos los integrantes de esta plaza; sin embargo, tal vez por el sonido o por la impresión del evento, los pequeños asistentes tardaron en animarse y seguir las instrucciones de aquel peludo personaje rojo. Niños de todas las edades se quedaron boquiabiertos al ver cómo sus títeres favoritos entonaban canciones que les enseñaban el número 2 y el uso de la letra "Y". El Metropólitan, lugar en el que se llevó a cabo este espectáculo, no se llenó en su totalidad, logrando reunir a mil 500 personas de las más de 3 mil butacas que componen aquel recinto, según información de los propios organizadores. Los extraterrestres fueron una analogía de la convivencia con gente extranjera y la tolerancia que se necesita en varias partes del país, en las que se vive esta situación. El mensaje fue más claro al final del evento, cuando los marcianos terminaron diciendo: "Terrícolas quererse mucho entre ustedes". En el segundo acto los pequeños por fin se animaron y bailaron en el acto "El Mundo de Elmo". Un niño sentado en primera fila brincaba sobre su madre para poder alcanzar a los personajes. Ballet, tango, pop e incluso country fueron los ritmos que aderezaron los casi 99 minutos del show , presentado entre una serie de luces que adornaban el escenario y unas cortinas que cambiaban de color al escucharse las canciones. Para sorpresa del auditorio los marcianos intentaban conocer a todos los integrantes de la familia Sésamo, por ello, se proyectaron imágenes de las series transmitidas en Sudáfrica, Rusia y nuestro país. Como una clase de preescolar el alfabeto y algunas formas geométricas fueron otras de las enseñanzas de este grupo de amigos peludos. El amarillo Big Bird salió a la pista con la misión de buscar a Enrique, uno de los momentos que más animó a los infantes. Todos le gritaban "por ahí, por acá, detrás del pato grande". Acto siguiente todos despidieron a los marcianos con un fuerte estornudo que ayudó al despegue de la nave tripulada por los extraños amigos.





