Música por Internet, mal negocio para artistas y casas disqueras

. (Foto: ARCHIVO/El Universal )
Conozca a la Generación Napster. Rachel, de 14 años, estudia la secundaria y le encantan el basquetbol y la guitarra. Escucha a N Sync. Como millones iguales a ella, que poseen una computadora y cierta idea, ha estado usando un programa llamado Napster para bajar música gratis de Internet, ?porque los adolescentes no tienen mucho dinero?, señala. No piensa que sea incorrecto utilizar el Napster. Smitha, estudiante de preparatoria, asegura que el Napster, le brinda opciones musicales casi ilimitadas con el toque de un ?ratón?, le ha permitido expandir sus horizontes musicales y ha cambiado ?definitivamente? sus hábitos de compras. ?No he comprado un disco compacto en bastante tiempo?. Tampoco Alejandro, preparatoriano de Nueva York que baja música mientras duerme. ?Napster es la mejor cosa jamás creada; no tengo que gastar dinero?. Daniel, estudiante de ciencias de la computación en Stanford, está de acuerdo: ?Creo que casi todos los universitarios lo usan actualmente?. Las cuestiones éticas no lo atormentan. ?Lo más importante es la conveniencia?. Steve Bass sí se siente un poco culpable por usar el software. Pero tiene 50 años, o sea que rebasa ya por mucho la tercera edad dentro de la generación Napster. Escritor y músico de California, obtiene canciones de jazz con el Napster. ?Desde el punto de vista moral, tendría que detenerme?, señala. ?Estoy en un verdadero conflicto?. Es precisamente conflicto lo que ha desatado el Napster, un programa de computadora engañosamente sencillo que ha puesto de cabeza Internet. Y ciertamente, la popularidad del Napster --el programa de más rápido crecimiento en la de por sí altamente acelerada historia de la red-- está relacionada con el hecho de poder obtener algo a cambio de nada. Así es, para utilizar Napster basta con bajar el programa a su computadora, inventar un nombre raro para usted mismo y buscar la canción que desee; oscuras melodías de Bob Dylan, ?Estas botas son para caminar? o ?American Pie?, ya sea la de don McLean o la de Madonna. En cuestión de segundos probablemente tendrá una lista de varios usuarios que tienen la canción en el formato digital MP3. Apriete el ratón y su máquina se conecta con la elegida para chupar los ?bits? que le permitirán tocar la melodía en su computadora, en un reproductor de MP3 o hasta en un CD que usted mismo quiera ?quemar? (grabar). ¿Regalías para el artista, la disquera, el autor? Nada. Culpabilidad: opcional. Eso importa poco. La batalla en torno al Napster ha cobrado una mayor dimensión que involucra el futuro de la producción musical, las leyes de derecho de autor, la moral del siglo 21 y la relación entre los artistas y su público. Pamela Samuelson, codirectora del Centro de Leyes y Tecnología de la Universidad de Berkeley, teme que estalle una ?guerra civil? entre artistas, empresas de tecnología y desesperados ?propietarios de derechos de autor que quieren controlar todo?. Hace apenas un año, Fanning era un oscuro estudiante de primer año en la Northeastern University de Boston. Su tío, John Fanning, que sabía de las dificultades económicas de la familia, tomó interés en el muchacho, a quien dio trabajo en su compañía de juegos de computadora y le regaló una PC. Antes de terminar su primer año, Shawn se aburrió y dejó la escuela. Pasaba la mayor parte de su tiempo en un sitio de charlas de la red, donde conoció a Sean Parker, de 20 años, y Jordan Ritter, de 23. Fanning sugirió crear una forma de que la gente buscara archivos musicales y conversara ?para construir comunidades alrededor de diferentes tipos de música?. Compartir los archivos fue una consecuencia casi inevitable. Al principio pensó en el programa, cuyo nombre se inspiró en un apodo de su juventud, sólo como un ?proyecto buena onda?, pero Parker y su tío lo convencieron de hacerlo un negocio. El programa se lanzó en septiembre de 1999 y rápidamente fue aceptado, lo que permitió generar una masa crítica de canciones. Al crecer el público, que se duplicaba cada cinco o seis semanas, la compañía encontró un ?ángel? inversionista, un ejecutivo en jefe y una nueva casa en el Valle del Silicio. El programa de Fanning surgió en un momento crucial. Desde la salida de la videocasetera, el avance de la tecnología ha generado controversias sobre la forma en que la gente hace copias de trabajos artísticos. La cinta de audio fue vista también con temor. Pero la piratería en esos medios estaba limitada por la dificultad de elaborar múltiples copias. Internet cambió eso al permitir la distribución rápida e ilimitada de archivos. De todos modos, cualquiera que intentara usar la red para vender copias digitales ilegales de canciones o películas claramente estaba rompiendo la ley. Pero en virtud de que el Napster simplemente permitía a los usuarios compartir entre ellos sus archivos personales, Fanning y la nueva empresa alegaron que ello estaba autorizado. Pero el pretexto no llegó muy lejos, en especial cuando las disqueras se dieron cuenta de que la generación Napster intercambiaba archivos a un nivel masivo. De hecho, la forma en que el Napster evolucione es la gran interrogante para Fanning y sus socios. Por eso fue tan importante la reciente inversión de 15 millones de dólares por parte de la reconocida firma de capital de riesgo del Valle del Silicio, Hummer Winblad. Otras empresas, nerviosas por las demandas, se habían abstenido, un hecho inusitado en una atmósfera donde pueden obtenerse varios millones de dólares en capital de riesgo con el estornudo vigoroso de unos cuantos ?cerebritos? de la computación. Hummer Winblad instaló a uno de los suyos, Hank Barry --un antiguo abogado especialista en derecho de autor-- como ejecutivo en jefe. ?Tratamos de construir puentes para todos los involucrados en el Napster?, señala, ?de consumidores de música a compañías disqueras?. En especial estas últimas. Barry ha intentado ya activamente llegar a una tregua con la asociación de disqueras, llamando a su presidente, Hilary Rosen, y hasta con Metallica. Muchos observadores consideran que la reputación de ilegal del Napster ha manchado permanentemente a la compañía. Algunas de las decisiones legales preliminares han sido en su contra y más de 120 universidades han prohibido el uso del programa. Y aunque la compañía señala que éste podría incluso promover la venta de CDs, un estudio revela que las ventas de discos han mantenido su fortaleza, excepto en las áreas cercanas a las universidades, precisamente el ?territorio Napster?. Pero aún si tiene éxito y el Napster desaparece, la industria musical se enfrenta a una serie de imitaciones, algunas de las cuales son más atemorizantes desde el punto de vista de la industria. Sorprendentemente, el programa fue escrito por Justin Frankel, un programador bien conocido de Nullsoft, compañía que es propiedad de America Online, la cual está en proceso de comprar Time Warner, a su vez la colección más grande del mundo de sellos de música. A unas horas de que el Gnutella fue colocado en el sitio de Nullsoft, ejecutivos de AOL ordenaron retirarlo. Pero el código circuló por la red y ahora cientos de programadores apoyan una activa comunidad Gnutella. Hay otro programa incluso más radical, Freenet, que haría las transferencias prácticamente imposibles de rastrear. La mayoría de los observadores, sin embargo, se muestran más optimistas sobre el eventual resultado de las Guerras Napster. Hasta los detractores más virulentos del software reconocen la popularidad de la creación de Fanning. ?Pese a sus atemorizantes características, la gente adora esta cosa?, indica Samuelson. Y casi todos están de acuerdo en que las disqueras deben contener a sus abogados y ver los experimentos de la red como socios potenciales. De hecho, algunas personas salidas del proyecto del Napster tienen la intención de trabajar dentro del sistema, obteniendo acuerdos de licencia con las disqueras. Rob Glaser, ejecutivo en jefe de uno de los líderes del audio en Internet, Real.com, piensa que cuando las disqueras razonen y encuentren formas de trabajar en la red (pueden esperarse algunos pasos hacia finales del año), los peores problemas desaparecerán. ?Toda la actividad ilegal se detiene cuando termina la prohibición. Cuando exista una forma legal para que las personas obtengan lo que quieren, cederá el contrabando masivo?. La expectativa es que habrá más música, se hará más barata y será más fácil de encontrar. Pero antes de que eso suceda, las guerras tendrán que hacerse menos ruidosas, las demandas retiradas y los ?compartidores de archivos? tendrán que reconocer el hecho de que lo gratuito no dura para siempre. En un arranque final, subastó el único CD legítimo que tenía de Metallica en eBay. ?Creo que obtuve un par de dólares por él?, indica. Al menos alguien paga por la música en esta Era del Napster. Con Brad Stone en el Valle del Silicio; N Gai Croal, Jennifer Tanaka y Arian Campo-Flores en Nueva York; Jamie Reno en San Diego, Andrew Murr en Los Ángeles y Pat Wingert en Washington, DC.
Genera disputas entre público, artistas y disqueras
Conflictos entre los escuchas y los sellos disqueros, entre los sellos y las firmas puntocom, e incluso entre los artistas y su público. Según el punto de vista cada uno, Napster es desde un método formidable de adquirir archivos digitales con canciones, hasta una rockola satánica que permite la piratería a una escala pocas veces vista.
Cómo funciona el Napster
El Napster permite buscar prácticamente cualquier canción en que se pueda pensar, encontrarla en el disco duro de otro entusiasta de la música, y luego apoderarse de ella en ese mismo instante. Esto por un precio con el que no se puede competir: nada, cero, gratis.
Los expertos opinan
Las disqueras están al borde de la apoplejía. ?La gente del consejo de directores y del nivel más alto de la administración de Napster deberían estar en la cárcel?, indica Howie Klein, presidente de Discos Reprise. La gente de Napster, sin embargo, no está en prisión: son héroes del Valle del Silicio que han obtenido 15 millones de dólares en capital. Lo malo es que carecen de un modelo de negocios y son blanco de varias demandas legales por violación de derechos de autor y estafa, entre ellas una de los rockeros de Metallica.
El futuro de la música
Desde hace ya algunos años, el surgimiento de vías para obtener música por Internet ha despertado una ola de preguntas respecto del futuro de los medios y la industria del entretenimiento. No pocos ciberfanáticos han vaticinado un apocalipsis para la propiedad intelectual en la música y en todas partes. Y aunque existen esperanzas de que a final de cuentas las cosas funcionen, por el momento nadie está seguro de cómo abordar las cosas.
Un joven de 19 años, el responsable
En medio de esta controversia está el creador del Napster: un desgarbado joven de 19 años que abandonó la universidad para volverse de repente la estrella de moda de la industria más de moda en el mundo. La semana pasada, este joven, Shawn Fanning, fue entrevistado por ?Newsweek?, fotografiado por ?Rolling Stone? y motivo de un programa especial de MTV que decidió no mirar. ?La atención de los medios no parece ser algo real?, señala.
Las demandas
Surgieron entonces las demandas por violación de derechos de autor, primero de la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos, y más tarde del grupo de rock Metallica, que demandó a las universidades cuyos estudiantes utilizaban el Napster y hasta a unos 300 mil individuos que bajaron copias de sus canciones de la red. Otra demanda fue interpuesta por el rapero Dr. Dre.
Crece el programa entre los universitarios
Entretanto, la popularidad del programa ha seguido creciendo. En un momento llegó a extenderse tanto que algunas universidades lo prohibieron, pues sus usuarios ocupaban el 50 por ciento de todos los recursos de computación de las escuelas, simplemente intercambiando canciones mediante el Napster. Si ingresaba al programa, podía encontrar alrededor de un millón de canciones disponibles para bajar de manera instantánea a su sistema.
En contra de los fanáticos
La ?guerra civil? a la que se refería Samuelson quizá ha iniciado ya, y no sólo los hombres de negocios están tomando partido, sino también los artistas mismos. Si bien hasta el momento sólo Metallica y Dr. Dre han tomado medidas en contra de los fanáticos, su abogado Howard King sostiene que al menos otros cinco artistas han establecido contacto con él. Asimismo, Ron Stone, manejador de artistas como Tracy Chapman y Bonnie Raitt insiste en que el movimiento Napster es poco menos que un robo. ?Básicamente están diciendo que nuestro arte no tiene valor, que se puede tomar gratuitamente?, señala. ?La música solía ser un bien coleccionable, ahora es algo desechable?.
Otros sistemas
De alguna forma, el Napster es un blanco amplio para sus detractores: utiliza una base de datos central, que permite a la compañía tener cierto control sobre sus usuarios. Pero con otros sistemas nuevos, la búsqueda se hace de una forma distribuida que no puede ser apagada ni modulada. Uno de estos sistemas es el Gnutella. A diferencia del Napster, Gnutella puede ser utilizado para intercambiar no sólo archivos de música, sino todo tipo de archivos, entre ellos películas, texto y fotografías. Una pesadilla para los propietarios de derechos de autor.
Busca Napster más víctimas
Mientras tanto, la Generación Napster sigue buscando canciones y bajándolas a sus sistemas, sin molestarse con conceptos como la propiedad intelectual. ?Simpatizo (con los grupos, disqueras y productores) en un sentido capitalista, pero no se puede detener a la tecnología?, señala Rizwan Kassim, estudiante de 19 años de la Universidad de California en Los Ángeles. Como uno de los presuntos violadores identificados por Metallica, su cuenta fue cancelada por Napster. Pero Kassim simplemente inició otra bajo un nombre distinto y siguió bajando archivos. También dejó de escuchar a la banda, en cualquier formato, borrando incluso los temas que ?quemó? en CD utilizando el Napster.





